miércoles, 20 de febrero de 2008

Fidel no ha muerto


Por Mauricio Vallejo Márquez

Fidel Castro Ruz renunció al poder de Cuba. Su renuncia era algo esperado debido a su frágil estado de salud y a su edad, aunque muchos simpatizantes albergaban la esperanza de que este abogado que terminó siendo el comandante en jefe del pueblo cubano superara su enfermedad y volviera a ostentar el poder, pero la realidad ha sido otra.
Durante más de 47 años fue el encargado de las más importantes decisiones en Cuba y uno de los estadistas admirados por tres generaciones de revolucionarios. Un hombre que a pesar de los diques que le impuso la vida ante su ideal, como en aquel juicio del Moncada el 16 de octubre de 1953 en su país donde pronunció las inmortales palabras “Condenadme, no importa, la historia me absolverá”. Expulsado de su patria, desde México reunió a un grupo de cubanos y a Ernesto Ché Guevara, símbolo revolucionario, para quitar del poder a Fulgencio Batista e iniciar la Revolución Cubana que continúa aunque Fidel haya renunciado.
Una parte del mundo puede decir que está satisfecha ante tal noticia, sin embargo esa satisfacción no es plena, pues por muchos años desearon su muerte (no la natural, sino una provocada), mas Fidel no les dio el gusto a pesar de sus años y de su enfermedad, se mantuvo firme hasta donde sus fuerzas físicas pudieron llevarlo.
Muchos creen que al estar Castro fuera del poder, la revolución cubana ha terminado o es el principio de un cambio rumbo al capitalismo en la isla. Eso aún está por verse, pues el posible sustituto es Raúl Castro Ruz, hermano de Fidel, al que unos consideran con un pensamiento más firme y continuo que el comandante, aunque no igual de carismático y admirado.
A pesar de que los años pasan, gobiernos y sistemas, Fidel se mantuvo dirigiendo Cuba, con la decisión de lograr una transformación que mejorara la vida, la salud y la educación de los cubanos. En ese largo caminar hubo una serie de obstáculos impuestos por la economía internacional que lejos de hacerlo desistir lo motivaron a no dejarse vencer y ahora no vemos el ocaso de un régimen como algunos afirman, sino el merecido descanso de un hombre como pocos, de una fuerza inspiradora, de una lealtad a su pensamiento, de una inteligencia envidiable. Un hombre que se mantuvo inmarcesible ante la tormenta que azotó su vida. Renunció Fidel, sí, pero aún no ha muerto, así como no morirá su pensamiento y sus hechos. Cuba tendrá un nuevo gobernante, su nombre ya está en la historia sumado al de José Martí. Fidel tendrá unas merecidas vacaciones.

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