viernes, 24 de octubre de 2008

Sonríe Dios

Por Mauricio Vallejo Márquez

La luna ha salido en el día,

tiñe al cielo de sangre azul.

Para ojearla la tomo entre mis dedos

resbalándose con su piel de salamandra cenicienta,

la luz parece ser un ojo de Dios,
el otro
la luna.

Hoy Dios ha sonreído con ambos ojos
diciendo:
ya será, ya será…


sábado, 11 de octubre de 2008

Una gran lección del golf


Por Mauricio Vallejo Márquez

Pocos juegos de golf han probocado tantas publicaciones y una película como el juego del US Open de 1913, cuando un joven de 20 años y de condición humilde llamado Francis Ouímet se enfrentó a dos titanes y los venció.

En el torneo esos dos titanes eran Harry Vardon y Ted Ray, dos excelentes jugadores británicos.Claro que habían más, pero estos eran lo suficientemente peligrosos como para quitarle el sueño a cualquiera y volverle el día pesadilla. Con ellos disputó un juego de desempate de 18 años en el cual Ouímet ganó.
El Juego que hizo historia titula Disney la película acerca de esta historia. Un excelente rodaje, que según se asegura está muy apegado a la realidad, salvo el detalle de Ray, que no era tan gordo ni andaba tanto en cantinas, pero bueno, qué podemos esperar de los gringos, si no espectáculo. La película a mí me gusta mucho y es una de las que más miro.

El personaje de Ouímet llena de esperanza y ánimo para luchar. El tipo no dejó que nada lo venciera hasta que logró su sueño y wow qué manera de hacerlo, a lo grande.

Un pequeño niño de 10 años seguía a Ouímet, era su caddy, que años después se convirtió en un multi millonario, además de haber jugado también como amateur algún tiempo. Él también es importante en la historia y sin duda una demostración de nobleza y humildad de parte de Ouímet, algo que nos falta a muchos.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Resucitó



Por Mauricio Vallejo Márquez

¿Puede un hombre volver de la muerte? ¿Es acaso posible esto? En pleno siglo XXI la gente afirma tajantemente que no y lo demuestra con sus acts.Incluso son muertos en vida, como si estuvierann inhertes hacen lo mismo día tras día sin descanso hasta que llega su muerte definitiva.

En las sagradas Escrituras se mencionan siete resurrecciones. Las más numerosas y maravillosas las hizo Jesús (Yaushua) el Hijo de Dios, nuestro Mesías.

La muerte de Lazaro lo conmovió tanto que lloró, pero Él estaba preparado para ello, lo sabía desde siempre, incluso se dio el lujo de no asistir mientras estaba enfermo Lazaro, sino hasta que estuvo muerto y ya habían pasado dos días de su entierro. Camino a su tumba dijo: "Yo Soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

"Y Todo aquel que vive y cree en mí no morirá eternamente. ¿Crees esto?".

Más de alguno diría que no o diría que sí, pero en su corazón que no. Lazaro sin embargo había creído en Jesús.

Y frente a la multitud de judíos, ante la incredulidad de todos los presentes, incluso se toma el momento para amonestar a Marta (Hermana de Lazaro) y le dice: "¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?".

Alza sus ojos a las alturas y en esa misma posición en voz perfectamente audible para todos le da gracias a Dios por escucharlo como testimonio para los presentes y con toda la autoridad de Dios pronuncia: "!Lazaro, ven fuera!". Y aquel muerto sale de su tumba.

Así como Lazaro somos los que creemos en el Hijo de Dios. Estuvimos muertos, pero ahora vivimos. ¿Quién más podría ser ese Hijo del Hombre que levanta de los muertos a muchos? Incluso se levantó a Sí mismo y habita en los cielos como lo afirmó en su momento y nadie de los Sacerdotes (Cohen) prncipales de aquellos días creyó. Pero en las Escrituras hay suficiente prueba, así que id y esculcadlas, pues allí está la verdad

la clave está en Rebeca


Por Mauricio Vallejo Márquez

Un espía Alemán entró en Egipto y cruzó el desierto, parecería improbable o una muestra de la rudeza nazi, pero se trata de un descendiente de alemanes criado como un beduino en su infancia en Asyur. Después de varios encuentros con militares y la suerte de no caer en sus manos el espía se llamado Wolff se dirigió al Cairo y logró enviar tanta información como pudo a los Alemanes, quienes no desaprovecharon nada y lo intentaron todo.

Si no hubiese existido en esas tierras el comandante inglés de apellido Vandam es seguro que en estos momentos el reducto de Hitler por medio de Rommel sería el Cairo. Pero en la historia que narra Ken Follet no es así, el espía fue atrapado a costa de varios incidentes y sacrificios.

Lo interesante, además de la trama, es el triunfo del bien sobre el mal, que para algunos es trillado. Las buenas costumbres sin imponen un tanto más. Los villanos resultan ser tipos depravados tanto moral como mentalmente.

Y lo grandes héroes son: una judía, un militar inglés y un niño de 12 años.

La judía no es ortodoxa, si no todo lo contrario una judía no practicante que incluso no ve con normalidad las brahas que su padre hace en la única ocasión en que se encuentra. La pobre Helene tiene tantos deseos de dejar el Cairo y partir a Jerusalén por lo que se pone a disposición de la inteligencia inglesa para servir como espía. Allí empieza su historia de amor con William Vandam.

Vandam es un inglés viudo, quien a pesar de lo duro de su empleo religiosamente le prepara y sirve el desayuno a su hijo Billy, quien es muy maduro a pesar de sus 12 años.

Estos tres personajes son víctimas de una u otra forma del terrible Wolff, quien termina preso.

La novela tiene un final fantástico, un tanto lejano de la realidad, pero muy simbólico: el desierto florece.

martes, 7 de octubre de 2008

El último Salmo traducido al Japonés

新たな詩
主よ、
世界中の野原の、
全ての海と川の鳥たちの囀りのように、
詩を私に与えてください。
主よ、
午後の繊細なそよ風のような、
晩夏の淡い太陽のような詩を私に与えてください。
主よ、
私の羽軸から湧き出すように、
全てのしまい込んだ昔のものが、
私の中から出てくるようにしてください。
主よ、詩を私に与えてください。
マウリシオ・バジェホ・マルケス

ARATA NA UTA

SYU YO,
SEKAIZYUU NO NOHARA NO,
SUBETE NO UMI TO KAWA NO TORITACHI NO SAEZURI NO YOUNI,
UTA O WATASHI NI ATAETE KUDASAI.

SYU YO,
GOGO NO SENSAI NA SOYOKAZE NO YOUNA,
BANKA NO AWAI TAIYOU NO YOUNA UTA O WATASHI NI ATAETE KUDASAI.

SYU YO,
WATASHI NO HANEZIKU KARA WAKIDASU YOUNI,
SUBETE NO SHIMAIKONDA MUKASHINO MONO GA,
WATASHI NO NAKAKARA DETEKURU YOUNI SHITEKUDASAI.

SYU YO, UTA O WATASHI NI ATAETE KUDASAI.

Traducido por Takahiro Kato

sábado, 4 de octubre de 2008

Todo es vanidad, todos somos vanidad


Por Mauricio Vallejo Márquez

Cuando los años avanzan es más fácil reflexionar y darse cuenta que lo que dijo Salomón es cierto, porque lo comprendemos cuando lo vemos con los ojos en verdad abiertos, cuando unas sencillas palabras dicen: "Todo es vanidad", resulta verdadero porque vernos en el espejo no sólo para peinarnos o compararnos con alguien o creer ser los mejores en algo confirman la frase del rey sabio.

Sin duda la mayoría de luchas que tenemos en nuestras vidas no se dan por querer mejorar el mundo, ni por traer la paz, ni por salvar a nadie. Todo es por vanidad, las guerras son producto del enriquecimiento de algunos, del orgullo de otros, de la ignorancia de demasiados. Hasta la fecha no existe un sólo gobierno a nivel mundial que sea justo. Ni siquiera en un porcentaje mayor del 60%, si no me creen revisen las sentencias de muerte en algunos países llamados civilizados, enumeren los abortos, la intolerancia religiosa, la persecución y la burla hacia algunas etnias y razas humanas.

Una guerra no es así de sencilla, también ve envuelta la vanidad, así como en las letras y lamentablemente en todo el arte. Los libros, las profesiones, las apariencias y un sin fin de conceptos y actividades. Todo es vanidad porque no tiene sentido trascendental más que el momentáneo. La vida de los hombres apenas dura unos años y el mundo algún día también llegará a su fin y qué importó laurearse o tener millones o haber sido guapa o guapo en la juventud. De nada, sólo para el recuerdo y luego para los archivos y luego para el olvido.

La lucha en la vida es vanidad y lo triste es que no nos damos cuenta porque la vanidad nos ha cegado y nos guía como bueyes al matadero. Triste.

Eso no quiere decir que la vida la vivamos con resignación de planta: sólo naciendo, creciendo, reproduciendonos y muriendo. Dios no quiere eso de los humanos, quiere algo más, algo que no implica vanidad pero si voluntad y deseo. Dios quiere que lo sigamos, que lo amemos y que lo obedezcamos. Obedecer a Dios no es vanidad si se hace con el corazón. Agradar a Dios siguiendo sus mandamientos es una muestra del amor que le tenemos, si es que se lo tenemos.

En nuestros tiempos la vanidad es tan terrible que incluso aceptar la existencia de Dios es un reto a nuestra vanidad. Miles de veces me han cuestionado por creer en el Altísimo y algunos hasta me han tachado de ignorante. Para el necio creer en Dios es una tontería, para el sabio conocerle es un deleite.

Dios está esperando por nosotros, no abrirle la puerta sería un error lamentable. Nuestras almas dependen de ello.