lunes, 2 de marzo de 2009

Los presidentes y sus requisitos


Por Mauricio Vallejo Márquez
Escritor salvadoreño


En tiempos de elecciones surgen comentarios de todo tipo dirigidos a quienes son candidatos para ocupar la silla presidencial. Es normal observar al partido “x” teniendo diferencias con el partido “y”, a veces con enfrentamientos verbales muy subidos de tono ó incluso recurriendo a las calumnias, algo que es lamentable sobre todo en un país llamado democrático. En ocasiones las diferencias llegan hasta los golpes entre los correligionarios que se encargan de la pinta y pega, y en muchos casos los insultos están a la orden del día sólo por no compartir simpatía por un partido político entre los ciudadanos que no tienen participación partidaria. Es usual escuchar a un automovilista pitarle tres veces a otro por portar una banderita en una de las ventanas de su vehículo.
Muchos olvidan que además de votar por un instituto político se vota por un candidato a presidente que no siempre comparte todas las ideas del partido que lo respalda, aunque le da su entera confianza porque de otra manera no lo hubieran propuesto. Es el candidato quien, de ganar, estará autorizado para dirigir el Poder Ejecutivo, administrar el Estado, será Comandante General de la Fuerza Armada, podrá vetar leyes, emitir decretos presidenciales, tendrá incidencia en todas las carteras de Estado y apenas tendrá el freno de la Asamblea Legislativa cuando tenga que salir del país, como se puede apreciar en los artículos 150 al 162 de la Constitución de la República, documento que es el fundamento legal o la ley primaria de nuestro país, la cual el presidente con mayor razón debe de respetar y acatar en todo momento.
En nuestro país para ser presidente se debe cumplir con algunos requisitos que se plasman en el artículo 151 de la Constitución de la República, que afirma: “Para ser elegido Presidente de la República se requiere: ser salvadoreño por nacimiento, hijo de padre o madre salvadoreño; del estado seglar, mayor de treinta años de edad, de moralidad e instrucción notorias; estar en el ejercicio de los derechos de ciudadano, haberlo estado en los seis años anteriores a la elección y estar afiliado a uno de los partidos políticos reconocidos legalmente”.
El dato de la nacionalidad es completo, aunque recordemos que incluso si se ha nacido fuera de El Salvador, mientras se es hijo de salvadoreños, se tiene derecho a la nacionalidad por nacimiento, así como también los centroamericanos que tienen su residan en El Salvador y deseen nacionalizarse, según está escrito en el artículo 90 de la Constitución de La República.
La edad es otro de los requisitos, porque la madurez se va alcanzando con el tiempo y culturalmente los 30 años son suficientes para considerar a alguien maduro, aunque no siempre eso sea así. Existen personas que envejecen, pero no maduran. Es poco frecuente ver a alguien de esa edad participar en la contienda electoral. En el caso de los dos candidatos que se presentarán el 15 de marzo ambos han cumplido más de 40.
Pero el punto indispensable del asunto es la moralidad y la instrucción que tenga quién aspire a ser presidente. El futuro Comandante General de las Fuerzas armadas va a dirigir y administrar todo un país, no sólo a los que simpatizan con su partido político, como algunos creen por lo que debe tener una moralidad coherente con las buenas costumbres. Pero esta moralidad a la que se refiere también debe de observarse en el momento de ganar o de perder las elecciones. Al ganar porque se debe ser íntegro y cumplir todas las promesas que se han hecho, para evitar no sólo el castigo de los que emiten el sufragio, sino también ser llamados mentirosos y ser conocidos así de generación en generación aunque no se publique en los medios de comunicación. Al perder para tener la decencia de aceptar la derrota y procurar mantener sus ideas de ayudar a la gente sin importar el campo donde los ciudadanos inscritos en el padrón electora decidieron en que se debe laborar, pues los partidos que no ganan elecciones deben seguir trabajando por la gente si ese es su verdadero propósito y es en los resultados de su trabajo el lugar donde se demuestra.
Las pequeñas muestras de los proyectos que se podrían implementar o las promesas no son suficientes para la gente, se requiere de un compromiso que obligue al que promete cumplir con plazos específicos. Las promesas se las lleva el viento, lo único que sobrevive es el resultado, sobre todo si es un bueno y es allí donde se examinará la instrucción de los candidatos, no al decir se es ingeniero, licenciado, bachiller, doctor. Nuestra Constitución no dice cual debe ser su profesión, pero sí que debe tener instrucción.
No es fácil ser candidato a presidente, mucho menos ser presidente porque la responsabilidad será grande, si en verdad se quiere ayudar a nuestro país que tiene tantos problemas como el desempleo, la delincuencia, la salud y la educación. Pero tan poco es fácil ser ciudadano en un país donde los problemas nos aquejan diariamente y pareciera que no existe esperanza. Decidir por el mejor candidato es una cuestión de análisis, de comparaciones, de no dejarse engañar. Y una de las formas de evaluar es conociendo lo que dice nuestra Constitución acerca de los candidatos a presidentes, luego se compara a los candidatos y el 15 de marzo emitir en las urnas nuestro voto al que mejor pasó la prueba.

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