lunes, 26 de julio de 2010

La risa, Otto y Neto

por Mauricio Vallejo Márquez
La risa es necesaria. Son numerosas las voces que recomiendan a la gente reir de vez en cuando. En el Suplemento Tres Mil de Diario Co Latino no hemos olvidado esa importancia y por ello tenemos dos caricaturistas que sábado a sábado nos deleitan con sus ocurrencias: Otto y Neto. Cada uno a su estilo.
Otto tiene varios años de haberse sumergido en el mundo de las publicaciones. Fue mi maestro de formación cristiana en el Cristóbal. Recuerdo que llegó a trabajar a El Diario de Hoy cuando yo laboraba en la sección de Deportes y luego se fue a la Prensa Gráfica donde despuntó. Ahora sabemos que ilustra libros escolares y colabora con El Faro y con el Tres Mil, siempre con caricatura editorial. Algo muy interesante.

En cuanto a Neto lo vi en los pasillos de la Tecnológica. Y allí estaba ese personaje que se va haciendo cada vez más famoso: Juan Baina. Ahora lo podemos apreciar en una tira cómica de la página dos del Suplemento Tres Mil.

Sin duda es un excelente medio para disfrutar un momento.

martes, 20 de julio de 2010

Ser niños

Por Mauricio Vallejo Márquez
Tener el mundo en la mano no es tan difícil, sobre todo si somos niños. Un par de rayas en una hoja de papel pueden transformarse en una maravillosa historia o en dos. Cuando era niño podía pasar, la tarde o el fin de semana completo, jugando y no había cansancio; podía idear historias en una libreta de dibujo; me refugiaba en mis cuadernos para escribir. Es posible que hubiera llegado a mi edad haciéndolo si la sociedad y la vida no me hubieran encaminado a la maduración.
A veces me siento junto a mi hijo y entonces esos años regresan, con la diferencia de que mis manos son más grandes y me maravillo más observándolo a él. Es su turno, ahora es él quien arma los mundos, el que hace y deshace para luego salir a la puerta del jardín cuando escucha una sirena o cuando juega que en una misión debe cerrar la puerta.
Ser niño es maravilloso, siempre se le mira lo bueno a todo y se perdona con facilidad. Sin embargo siempre hay casos lamentables en los que observamos pequeños maltratados, con carencias. Lo bueno es que un día todo eso terminara, mientras nosotros debemos hacerle menos difícil la vida a los infantes, sino el futuro que nos depara no será muy bueno.

sábado, 17 de julio de 2010

Tranquilidad

por Mauricio Vallejo Márquez
La tranquilidad es mejor que el dinero o que cualquier otra cosa. Es lamentable que la mayoría no pueden tenerla, a veces porque ellos mismos no lo quieren, otras porque existe alguien que se la quita. Aunque la violencia crezca a nuestro alrededor debemos de procurar que nosotros no entremos en esa sintonía.
Desde hace algunas semanas las calles de San Salvador son más tranquilas, quizá por la permanencia de policías en las calles, y es más fácil para los usuarios de autobuses. Los rostros son menos pesados, aunque de vez en cuando desconfían de algún otro pasajero.
Sin embargo, la tranquilidad que puedan tener dentro cada uno de nosotros es suficiente, lo otro no puede tocarnos, aunque lo quiera.

viernes, 16 de julio de 2010

Los pájaros y la tarde

por Mauricio Vallejo Márquez
Me gusta escuchar a los pájaros. Cuando el sol comienza a ocultarse el sonido es más sostenido y a veces me da la impresión de que habitamos en un mundo diferente al que debimos de habitar. Los pájaros no llegan a callarse por completo, continúan y así oigo a todos los tipos que están cerca: zanates, pericos y de seguro algún otro que no alcanzo a distinguir, aunque principalmente son pericos, como los que escuchaba cuando niño y que por algún tiempo dejé de escuchar. Es curioso, pero no importa que la ciudad avance, aún hay pájaros para escuchar y eso en verdad es tan hermoso como ver el ocaso. Después llega el silencio y el turno de los grillos que hacen la noche más reposada.
Cerca de mi casa un señor le arroja, todas las mañanas, comida a las palomas y estás como una ola se alzan cada vez que pasa un carro o que alguien se acerca mucho a ellas. Luego las puede ver sostenidas en el tendido eléctrico y aguardando, sí, aguardando a que ese señor vuelva y arroje migas de pan, maicillo, quizá arroz. En la tarde repite la faena. Luego vuelven al cielo y se van, pero vuelve y se van.
La calle nunca deja de contenerlas, mientras nuestro espíritu apenas vate las alas sin poder volar.

jueves, 15 de julio de 2010

El viento y la vida

Mauricio Vallejo Márquez
Jet Ly se encuentra plantando arroz en la película El Desafío, de pronto los demás trabajadores que están junto a él hacen una pausa, se quedan estáticos y con los ojos cerrados. Jet Ly ni siquiera pregunta, ni nada, continúa con su faena (la cual realiza mal, por cierto). El resto aguardan a que el viento termine de pasar. El viento acaba de acariciar los arrozales, el agua y a ellos, mientras el afanoso apenas se dio por aludido. Así somos nosotros. A veces no somos capaces de observar, de darnos cuenta de lo hermoso que existe a nuestro al rededor.
Ayer, en una de mis típicas caminatas, observé Istmania. La naturaleza rodeada de una maya ciclón, mientras a su alrededor la Escalón ha dejado poco espacio a la naturaleza. Dentro aún queda la herrumbre y algunas ruinas de lo que antes fue una hermosa casa, pero que ha dejado lugar a la esencia de la tierra, es como si los árboles se tomaron un espacio de la ciudad sin aviso y sin guerra, mientras que el resto de la capital devora con voracidad la poca vegetación que queda. Dentro el viento apenas arrulla las hojas de los árboles y su olor llega hasta mí y recuerdo esos viajes a los bosques que he tenido y me doy cuenta de lo hermoso que es el viento, que ha pesar de que hemos dejado esos espacios maravillosos llega hasta nosotros, donde quiera que estemos, al igual que Dios. En Génesis dice que el Señor sopló su espíritu en nosotros para darnos vida, así el viento nos recuerda como Dios aún nos sigue dando vida. Ahora, también yo hago una pausa para sentir como el viento acaricia mi rostro e infla mi camisa cuando pasa frente a mí.

martes, 13 de julio de 2010

Taller de literatura


Comenzamos mañana miércoles. Los esperamos.
De nuevo vamos a la Evangélica a enseñar y a aprender. Este es el tercer año que imparto el taller y a pesar de ello cada nuevo ciclo es diferente, como si fuera nuevo. He tenido la bendición de observar la evolución de muchos participantes, que han evolucionado mucho en su trabajo y continúan mejorando cada vez más. El taller es un buen lugar para compartir, para aprender y para hacer amigos. Los esperamos para que juntos podamos evolucionar en nuestra labor literaria.