sábado, 30 de abril de 2011

Roto

por Mauricio Vallejo Márquez

Hace poco encontré un soldado de plástico en el jardín. Estaba semienterrado. Con mi pie friccioné la tierra para sacarlo y desafortunadamente rompí su base. Sólo por esa curiosidad extraña pretendí unirlo de nuevo. Inútil, sólo el pegamento nos haría el favor. Si tan sólo pudiera unirse lo rotos, si tan sólo dejaran de existir los errores. Pero la vida no fuera vida sin los errores, sin ese levantar y caer y volver a levantar. Es necesario que se rompan las cosas y que se unan con pegamento, para recordar que estuvieron rotas.

viernes, 29 de abril de 2011

la renta

por Mauricio Vallejo Márquez

La renta, ese descuentito de cada pago que nos dan, puede regresar a nuestros bolsillos. Qué importante aporte, para algunos puede salvarle el mes, la semana o el día. En las distintas oficinas escuchó a la gente preguntar "¿Ya te devolvieron la renta?"
El 30 es el último día para presentarla. Empieza la gente a correr.

jueves, 28 de abril de 2011

El bostezo de Darío

por Mauricio Vallejo Márquez

El cine Darío abrió su boca, ancha para describirse por dentro con dolor. La puerta muestra sus paredes lóbregas que aún guardan a la distancia el recuerdo de esos días cuando sus salas exhibían películas de mediana calidad, antes que las tres equis fueran su sostén. Es la única puerta, todo lo demás está sellado, guardando historias que no vi o que no me llevaron a ver, porque este cine era un misterio para mi.
Ubicado en la calle Rubén Darío, en el centro de San Salvador, pudo ser algún escenario perfecto para actividades culturales y en cambio está vacío de ello y alberga cajas y polvo como la gran mayoría de los que habitamos en nuestro país, cruzando las calles sin saber quienes la surcaron antes y porqué y cuándo o quién fue el primero. Mientras el cine Darío yace a la espera de "...te voy a contar un cuento".

miércoles, 27 de abril de 2011

Muere Rafael Menjívar Ochoa

por Mauricio Vallejo Márquez

La muerte es inoportuna, a veces llega sin que la presintamos llegar, otras es esperada. Rafael Menjívar Ochoa ha muerto. Es una lamentable noticia que alguien con su talento y con media vida por delante tenga que partir. Comparto el dolor de Krisma y su pequeña, así como de los otros hijos y familiares del escritor. Que el Señor fortalezca sus espíritus en esta dura prueba.

martes, 26 de abril de 2011

Cemento

por Mauricio Vallejo Márquez

Poco a poco el cemento va cubriendo todo. Muchas casas dejaron de lucir sus jardines y muestran sendos muros, que ocultan nuestras costumbres. Las calles se volvieron lugares de tránsito y las viejas colonias donde se compartía la vida van quedando desiertas.
Compartí mi infancia con dos colonias: La Santa Clara y la San Luis. La primera aún luce parecida, las mismas esquinas, los mismos colores, pero sin la gente que veía pasar al mediodía. Mientras la san Luis ha cambiado totalmente, ya no hay jardines o al menos quedan pocos que no son cubiertos por muros y portones.
Antes era raro ver grafitis o manchas en las paredes sin sentido, ahora los jóvenes se expresan en los muros con poner sus nombres deformados, procurando evocar sus almas y sus días. Pronto estas paredes dejarán de ser como ahora son y entonces quizá ya no haya jardines, ni portones o quién sabe.

lunes, 25 de abril de 2011

Descubrimiento

por Mauricio Vallejo Márquez

Las calles se han abierto. La Calle Arce ha dejado ver sus entrañas, al menos su aceras nos muestran su pasado y su presente. Lejos queda en el recuerdo el recuento de comerciantes que acamparon en ellas y nos cedieron desde un disco pirata hasta el Nuevo Código de procedimientos mercantiles. Sin embargo la calle no deja su naturaleza y los vendedores siguen en ella, sólo que móviles o silentes, más sobrios en sus puestos: una manta, una franela y la mercancía. Pero el rumor, aquel que no dejaba escuchar el canto de los pájaros o el viento en las copas de los árboles se fue. Y conforme avanzo en esas aceras y me acerco a Maternidad veo como la vegetación ha regresado a estas banquetas que tenían años de no tener en ellas ramas y hojas. Quizá junto a la lluvia vuelvan también las aves que migraron y después las ardillas y así al fin podamos cohabitar el mundo y nosotros, la naturaleza y la sociedad y lograr la maravillosa simbiosis que nos dio Dios.