miércoles, 31 de octubre de 2012

Cumpliendo años junto a las brujas

por Mauricio Vallejo Márquez

Hoy cumple años mi abuelo. No es brujo, aunque sentía inclinación por los símbolos y tenía mirada de inquisición (a veces). Dudo que tuviera inclinación por las ciencias ocultas, pero nació el mero 31 de octubre y de seguro a horas oscuras.
Nunca decía cuando cumplía años, era casi un secreto de estado. La tarde y noche de cada 31 de octubre en la Santa Clara no se mencionaba el tema, al menos mientras era un niño y me preocupaba de obtener dulces o de disfrazarme. Yo tenía una máscara de Freddy Krueger, quien me castigaba todo el año, y como castigo lo mantenía conferido a una bolsa plástica negra bajo los tesoros de Ursula, hasta que desapareció. Sin embargo, el día de Brujas salía con ese traje, e incluso concursé una vez en una hamburguesería, pero me fuí antes de recibir el premio. Mientras el abuelo guardaba silencio.
Un día, a pocas semanas de finalizar octubre, escuché: "ya va a ser la fiesta de don Tony". Me pareció curiosó y una oreja se me puso atenta. Mi abuela se me quedó viendo y entre risas me dijo: "Es que tu abuelo nació el 31 de octubre, no es que lo estemos molestando poque parezca brujo".
Desde entonces ya no hay día de las brujas para mí, sólo el recuerdo de ese abuelo al que molestaban por haber nacido un día cualquiera en que a alguien se le ocurrió celebrar el día de las brujas.
Aunque él guardaba silencio, estoy seguro de que disfrutaba esa casualidad.

jueves, 4 de octubre de 2012

Una luna eterna y sin medida

Por Mauricio Vallejo Márquez
La marea es regida por la luna. Desde que el mundo existe nuestro satélite resulta la brújula y la plomada de lo tiempos, rigiendo el estado de ánimo de los mares, el ciclo de los cultivos y los calendarios de judíos y musulmanes. La luna es un símbolo amado y lleno de respeto.
En San Salvador tenemos una luna que como el astro que se yergue en el cielo, se convirtió en el estandarte de múltiples disciplinas artísticas. En ella muchos neófitos aprendieron a profecionalizarse y a crecer, mientras que los mayores continuaban su camino. Otros, los amantes del arte, acuerparon ese tesoro que requiere siempre del colectivo para sobrevivir. Y la Luna se convirtió en Casa, en el hogar para que en sus mesas fueran surgiendo poemas, canciones, cuentos, teatro, danza, fotografía, pintura, cine. Se transformó en el génesis de las artes en El Salvador y en el lugar en el que se centró el movimiento cultural de 1992 a 2012.
No escribí mis primeras líneas en sus mesas, pero ahí surgieron muchos escritos e ideas que con el tiempo fueron tomando vida. Disfruté sin duda su entorno y su gente, sus habitantes asiduos que todos los días le daba ese condimento especial a un lugar.
Acostumbraba a llegar por las tardes junto a Rafael Mendoza López y allí encontrábamos a Pedro Portillo, que no sólo tocaba para la Pepa, también leía las manos y las cartas. En ese entorno rodeados de figuras, de lunas, de azul, blanco y negro dejamos que las tardes se convirtieran en noches y esas noches fueran como el establecimiento: lunas eternas.
Conocí mucho más de la historia de nuestro país e incluso acuerpe en su momento la iniciativa de La Luna del Centro, cuando el establecimiento de la Calle Berlín abrió su filial en pleno Centro de San Salvador.
Después mis visitas fueron mermando y llegaba más a los eventos de poesía, que en un principio eran coordinados por el Taller literario El Cuervo, donde convergieron tantos poetas que llenaría muchas hojas enumerándolos. Ahí fui creciendo, así como mis coetáneos, hasta que un día la Luna era un lugar de nombre, de referencia porque la distancia, las fronteras y las ocupaciones me fueron alejando.
Cuando la Luna, Casa y Arte cumplió 20 años, la visita del poeta hondureño Fabricio Estrada nos regresó a nuestra esencia, y en un recital en el que se reunió a la mayoría de poetas de la generación de posguerra volvimos a ser habitantes de la Luna, volvimos a alunizar y sentimos que el tiempo fue un sueño y que nuestra realidad estaba entre esas paredes, en esa música de fondo que rompe con todo lo que está afuera, esas formas que recuerdan al burlesque francés, el Dadá de Tristán Tzara, al surrealismo. Y sin importar las influencias es un entorno tan original que sólo Beatriz Alcaine puede brindar. Pasamos en ese momento a llamarnos Lunáticos porque habitamos ahí, porque nuestros versos surgieron en esas mesas y ese referente nos dio un lugar para sentirnos ciudadanos de ese mundo que algunos llaman locura y nosotros le decimos su nombre: arte.
Es posible que en septiembre de 2012 despedimos la Luna Casa y Arte, es posible que le digamos adiós a ese local mágico que relacionamos con la música, la literatura y el teatro. Sin embargo esas horas que llenamos sus sillas, que nuestros oídos guardaron sus sonidos. Y cada uno de nuestros sentidos se hicieron parte de ella. La Luna Casa y Arte habita en nosotros para siempre, llenando en nuestras mentes una luna eterna y sin medida que cuenta un poco de lo que somos, de lo que fuimos. La Luna es parte de nuestra historia, y la historia si se conoce nunca muere.

Extraído del Suplemento Cultural Tres Mil, sábado 29 de septiembre de 2012

martes, 2 de octubre de 2012

Seguir arando

por Mauricio Vallejo Márquez
La vida trascurre sin remedio. Nacemos y con el tiempo los años nos van devorando sin poder detenernos y recuperar esos momentos que se evaporan y se convierten en recuerdos. Un día observe tras mi espalda todo el tiempo perdido y sin embargo al ver de frente existe siempre la incertidumbre, porque no tenemos la seguridad de aprovechar lo que resta. Ese breve período que apenas es un nimeo conteo en los anales de la historia.
¿Cuánto de lo que hicimos quedará grabado para convertirse en un punto positivo o determinante de la humanidad? No lo sabemos, la mayoría sólo engrosaremos estadísticas, pero eso no es una excusa para dejar de probar, para seguir arando en el desierto, para seguir soñando con habitar la Luna o Marte, ya no se diga por lograr la novela, el cuento; incluso ese momento perfecto en el escenario. Nada debe impedir que los sueños se disipen con la vida. Debemos soñar y ejecutar esos sueños, después no importa que el tiempo nos devore, ya seremos parte de él.

lunes, 1 de octubre de 2012

Mickey mira tras las rejas

por Mauricio Vallejo Márquez

Aquellos tiempos en que la fauna habitaba el mundo a sus anchas, está pasando. Al menos son pocos los lugares donde esto se aprecia. En cambio, ahora los animales que habitan el globo deben adaptarse a la civilización humana, a sus calles y edificaciones, y olvidar el campo sin remedio (si es que lo conocieron). Mickey, este precioso chiguagua de la fotografía pasa la mayor parte de su vida en tres metros cuadrados y cuando sale de su casa, apenas se aleja unos metros. Cuando la puerta está abierta se queda por horas observando el universo entre las rejas. Mickey no quiere correr mundo, pero tiene un corazón más grande que su cuerpo. Siempre que me saluda está alegre y de vez en cuando es efusivo, aunque la mayor parte del tiempo es comedido. Aguarda a que yo lo acaricie, y mueve su cola con un ritmo de aprendiz de percusionista.
Siempre saluda, sin tanto relajo pero mostrando una triste felicidad. Y cuando se siente solo se queda como en la foto, apoyando su hocico entre las rejas, pero no intenta escapar. A veces llora, pero casi siempre soporta su soledad con estoicismo. Qué lecciones tan grandes para un perro tan pequeño.
Y así sigue su vida saliendo pocos metros, aguardando las horas tras las rejas.