viernes, 28 de diciembre de 2012

Celebrando el cumpleaños de papá

por Mauricio Vallejo Márquez
Existen para mí dos días cada año en que la felicidad y la tristeza se combinan. El cuatro de julio porque fue el día que desaparecieron a mi papá (Edgar Mauricio Vallejo Marroquín) y curiosamente también es la fecha en que los Estados Unidos celebra su independencia, es un día que parece negro, pero también con esperanza porque me recuerda su lucha y sus valores infranqueables que debo imitar; y el 28 de diciembre, día de los santos inocentes, cuando mi papá nació. Precisamente hoy es ese último y es difícil librarme de todo lo que implica.
Nunca he visitado una tumba para mi padre, no sé que es llevarle flores o decir ahí estará, mi padre es para mi un hombre que vive eternamente en sus 23 años y lo que pueda representar una tumba. Así que eso que puede representar una tumba es en realidad sólo una recuerdo de que vivió, pero mi padre no vivió, él vive a pesar de que lo hayan arrastrado a la muerte.
Cuando hicieron el muro del parque Cuscatlán pensé tener ese sentimiento de llegar y resignarme a que estaba muerto y en ese lugar podía llegar a recordarlo, pero tardé años en visitar el lugar, en tocar esas letras que evocaban su nombre. He visitado el Muro un par de ocasiones y todavía no llena. Mi padre no está muerto.
Desde pequeño lo busqué, aunque era un tema poco hablado en mi familia. Me embarque a lo largo de sus muchas aficiones: la guitarra, la literatura, la filosofía, la política, el ajedrez. En algunas logramos hacer camino, en otras no. La guitarra nunca la toqué como él pero gracias a que García y otras personas lo grabaron como sus compañeros del GPP puedo escucharlo.
Con el primer amigo con el que hablábamos mucho acerca del tema era con Rafael Mendoza López y recuerdo que me dedicó un poema llamado mi tata y tu tata, que aún guardo entre mis archivos. Y el buen Rafael Monge quien fue un importante bastión para divulgar su obra.
En la federación de ajedrez conocí a otros dos de sus amigos: Roberto Camacho y Reynaldo Tablas (también de Tonaca), quienes aunque no me dieron grandes detalles de su vida siempre se expresaban con afecto de él. Y recuerdo bien una mañana de torneo cuando Salvador Infante se acercó a mí, había guardado una partida que sostuvo con mi papá. Fue un grato regalo cuando me la compartió, un gran detalle.
Sabía de mi padre, así como algunos detalles de su vida y su desaparición, pero con el tiempo la historia fue tomando forma. Recuerdo cuando conocí a Augusto Crespín en la presentación del Suplemento Cultural Búho, no dejaba de verme y eso me inquietó. Luego se acercó a mi y me dijo “debes de preguntarte porqué te veo tanto... es que sabes te pareces tanto a tu padre”. Crepín también fue amigo de mi papá y desde entonces también somos amigos y ha ilustrado los interiores de las dos antologías de su obra que pronto saldrán al mercado.
Luego se fueron sumando muchos amigos de él que me contaron anécdotas, breves instantes en los que se conocieron, en los que compartieron palabras, sueños, de todo. El maravilloso Tolo de Tonaca, don Luis Silva, Edgardo Quijano, Geovani y Marvin Galeas, Roberto Quezada, Godofredo Carranza, Dimas Castellón, Donald Paz y por supuesto Roberto Palencia que nunca ha podido estar lejos, recuerdo con cuanto afecto me saludo la primera vez que nos vimos, después de tantos años de esperar ese encuentro. Él ha colaborado inmensamente en el rescate de su obra, me llevo un día La Pájara Pinta en la que aparece el cuento La Palazón.
Recuerdo a Jorge “El Chojo” García que me mostró muchas facetas de mi papá e incluso me animo a embarcarme en el primer proyecto editorial, la Huella, haciendo lo mismo que antes hizo con mi papá en La Pancarta. Curiosamente mi papá y yo realizamos 10 números, él en La Pancarta y yo con la Huella. Si algo agradezco de mi padre es que supo escoger amigos, grandes amigos, y eso es algo valioso.
Y qué decir de José Roberto Cea, quien cada vez que me cuenta algo de él es como si procurará hacerle una fisura al tiempo y traerlo a cuenta, a él no sólo le agradezco su amistad sino el regalo de La Pancarta y tantas cosas más.
Pero lo que no sale de mi corazón es aquella llamada de Canadá, Alfonso Velis Tobar, quien no sólo continuó siendo su amigo a pesar de la muerte, sino que también ha escrito sobre su obra.
Se han realizado tres homanajes para él, el primero en La Rayuela, que fue una actividad muy hermosa que organizó René Chacón, recuerdo que no lograbamos caminar adentro, no cabía un alma. Luego en los Tacos de Paco por Alberto Serrano, que Rafael Monge se tomó el trabajo de grabar en la web y en Tonacatepeque, su pueblo, organizada por la Casa de la Cultura y la Alcaldía.
Este año, Renacho Melgar hizo un mural de él sobre la Primera Calle en el centro de San Salvador, justo frente a su estudio bautizándolo como el Santo de los poetas. Me sorprendió la idea y más aún verlo ahí sentado cerca de la gente, próximo a los que venden verduras para ganarse el pan,
Elvis Aviv Guzmán también realizó un trabajo muy bello de mi papá, una ilustración y video que lo muestra como un pescador de versos. Y en las pláticas que hemos sostenido me cuenta de que trabajar en este proyecto fue toda una experiencia.
De igual forma David Duke realizó un cuadro de él y un mural en Guatemala en conjunto con otros poetas mártires.
Duke también hizo un blog con su obra y ver que el trabajo de mi papá es aceptada y gustada es algo que me alegra, sinceramente. Y agradezco el gesto de estos grandes artistas y amigos.
También mi papá fue incluido en una antología de Visor que compiló Fernando Valverde que se expresó muy bien de su trabajo, algo que siempre le agradeceré a Fernando.
De la gente de Tonaca que nunca lo olvidan, que puedo decir, como sucede hoy en el Mesón, donde realizarán un altar en su honor. Siempre que recorro Tonaca siento que voy junto a él, tal y como lo hacia cuando iba en la ruta 22, sobre todo en el paso a Candelaria.
Hoy 28 de diciembre celebro otro natalicio junto a mi madre, uno que me recuerda que aún tengo una deuda pendiente, una deuda que debo saldar pronto: publicar sus libros.