En El Salvador se vivió una guerra desde 1980 a 1992. Aunque desde 1974 se sufrían la represión y se dieron los primeros enfrentamientos. Los niños que vivimos esos años, sabedores de la obligación de compartir las horas ante la luz de una vela y con la firme prohibición de salir a la calle porque había toque , fuimos creciendo mientras el conflicto aumentaba y llegaba a su fin tras la ofensiva final Hasta el tope del 11 de noviembre de 1989. El Gobierno de Alfredo Cristiani y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) comenzaban al fin a tener negociaciones de paz, aún más prometedoras que las que ya había iniciado infructuosamente el Ing. Napoleón Duarte, primer presiente civil tras años de gobiernos militares.
Las calles de nuestras colonias no eran negras, sino doradas por la gran cantidad de casquillos de balas, los muros de muchas casas tuvieron alojadas más de una bala y los muertos observaban caminar a los vivos con esa mirada que parecería jamás tener fin. Así crecimos, con estampas de la guerra haciendo mella en nuestro espíritu, sabedores que nuestros padres, hermanos y amigos dejaron su vida por la causa o por la represión. Y así vimo a muchos partir hacia Australia, Suiza, Estados Unidos, Canadá y la lista sigue y sigue. La diáspora, el exilio.
Nosotros en cambio tuvimos que enfrentar la guerra y la postguerra sujetos a la decisión de nuestros padres, expectantes.
Esa guerra dejó su herencia en los niños que la vivimos y ahora surge tras veinte años de haberse firmado los acuerdos de paz.

Elmer Menjívar, Alfonso Fajardo, carlos Clará, Osvaldo Hernández y Lya Ayala en la presentación de la antología Lunáticos, poetas noventeros de la Postguerra en La Luna.
Carlos Clará, Noé Lima, Osvaldo Hernández y Erick Chávez.
Alex Canizalez, Danilo Villalta y Mayté Gómez.
Comentarios
Saludos y seguimos pendiente de esta gran generación.
Wilfredo Arriola