viernes, 19 de agosto de 2016

Entrega de la mención de honor del primer Premio hispanoamericano de poesía de San Salvador

Por Mauricio Vallejo Márquez

Ayer estaba feliz por la mención de honor que iba a recibir, pero rebosaba de dicha al ver el cariño y amistad de muchos de mis amigos y amigas que nos acompañaron a la premiación. Sabiendo como es de complicado el tráfico en San Salvador, sobre todo cuando nos movemos en buses. Fue hermoso encontrarme personas que me saludaron con mucha alegría y poder ver rostros que tenía días de no ver.
Me alegra saber que el primer lugar fue por mayoría y que había una buena visión por mi trabajo. El poemario Nueve_soy es una descripción desde mi sobre mí y el mundo utilizando el nueve como sustento de todo, claro, según la kabalah yo soy un nueve. Siempre debo agradecer al poeta Manuel Iris y a la periodista Jasmine Campos porque fueron los principales animadores para que me embarcara en esta aventura literaria en la que quedamos entre los cuatro finalistas de 141 poetas.
Me alegra ver la transparencia y probidad que hubo en el concurso, al saber que Wilfredo Marmol Amaya era quien lo coordinaba, no me queda lugar a dudas de que hubo honestidad. Siempre he desconfiado de los premios literarios, siempre he creído que están amañados. Pero en este doy fe de que he percibido transparencia y eso es un premio para los organizadores. Me hubiera encantado tener el primer lugar, pero el juicio de los jurados tuvieron a bien darme una mención de honor.
Llegamos temprano a la cita junto a Karen Lara y Wilfredo Arriola, mis infaltables compañeros. Pronto se sumó Alicia Herrera Rebollo, Patty Ana Silva , y dejando un espacio en su apretada agenda nos acompañó Rob Escobar, mi hermano, como representante de Tonaca.
Antes de pasar llegó don Javier Arana, a mostrarnos su afecto y compañerismo.
Justo a la entrada del salón me encontré a Sandra Monterrosa, amiga entrañable de mi mamá, quien nos acompañó durante el evento con la alegría y emotividad que la caracteriza.
La sala se fue llenando de poetas y amigos que nos acompañaron:  Mario Alberto PleitezJorge Canales, Amapola Josefina SibrianAndres Norman CastroLuis Antonio Chávez, Waldemar Wally RomeroFrancisca AlfaroKaty Alvarez , Any Abrego,  Vicky Caceres, don Israelito Fuentes y su pequeña Abigail, mi mentor y amigo Cesar Ramírez Caralvá. Creo que no hay mayor bien para un ser humano que la amistad, yo me siento millonario en ello. y sin faltar el maravilloso acompañamiento de mis camaradas de sangre: Josefina Pineda MárquezPatricia Márquez Motto y GlorixLu Menéndezz.
Hubieron palabras que me llenaron mucho, como las que me dio Jorge Canales al terminar, diciéndome que uno debe alegrarse cuando un compatriota obtiene un premio, porque es el triunfo de todos y que en ese momento quien gana es el que alza la bandera. En verdad es muy sabio lo que dice y es algo que he ido aprendiendo en el camino.
Me llenó la felicitación del embajador de Argentina y las palabras que dio Fernando Fajardo, creo que fue un enorme ánimo el que me dio, además de las buenas noticias. Su frase: " Con esta publicación Mauricio Vallejo Márquez estará entre los grandes poetas de habla castellana" es como llevar una medalla en el pecho.
Seguiremos adelante, procurando siempre tener el ojo dispuesto a la luz y no a la oscuridad. Gracias por acompañarme.




miércoles, 6 de julio de 2016

Salazar Retana

Por Mauricio Vallejo Márquez

La primera vez que lo vi fue para una entrevista en Debate cultural de canal 10. Creo que le tuvo paciencia a mi terrible impostura juvenil. Iba de traje negro, todo elegante, pero con zapatos cafés y calcetas blancas todas flojas porque el elastico había cedido. El arquitecto Salazar Retana era paciente y apacible. Tanto que al final nadie podía enojarse mucho con él.
En lugar de estar feliz por la entrevista estaba molesto porque solo a mí me preguntaba. Tonteras de muchacho de diecinueve años. Tengo bien presente cuando me preguntó que era poesía para mí, y como yo le dije que “la poesía es un barco que navega en el cielo”. Luego el silencio de unos breves segundos. Ese mismo día conocí a Álvaro Darío Lara.
Después lo vi en su programa un par de años hasta que lo asumió Álvaro. Y así poco a poco la TV dejó de encenderse en mi vida.

Al enterarme de que había fallecido me dio una profunda tristeza, siempre me dije que debía reunirme de nuevo con él, conversar como la gente. Todas esas cosas que uno siempre se propone, más cuando madura. Pero el tiempo se tragó la oportunidad.
Creo que ahora leeré con mayor atención sus cuentos. Salud, don Salazar Retana. Ahora ya es parte de la gran constelación de escritores que habita el ancho universo sin brújula.



miércoles, 8 de junio de 2016

Embriagado de cielo en la cuesta




por Mauricio Vallejo Márquez

Subo la cuesta. Antes esta calle era más empinada y polvosa, se desprendían piedras y trozos de ladrillo. Hoy está asfaltada y hasta acera tiene. Justo en la esquina se erguía una cantina, tenía todo un séquito de alcohólicos que coqueteaban con la fantasía como si seducieran a una hermosa coqueta que se le escapa cada vez que tiene sobriedad.
Tantas veces que subí esta cuesta, por la madrugada, a medianoche, por las tardes. La conozco bien, tanto que incluso podría subirla con los ojos cerrados o como a veces hago: limpiando mis lentes. 
La pared de ladrillos de barro me hace recordar esa ladrillera que estaba a la entrada de Tonaca, que ya no queda más que en el recuerdo.

Y subo, termino volando. Sueño cada vez que tomo la cuesta, tal y como lo hacían aquellos ebrios de realidad que dibujaban la fantasía al rededor del alcohol. Yo en cambio, me embriago de cielo.

viernes, 22 de abril de 2016

Mención de honor en I Premio Hispanoamericano de poesía de San Salvador

Por Mauricio Vallejo Márquez

A veces uno no llega a dimensionar el poder de la palabra, sino hasta que el tiempo pasa y vemos la huella que quedó o las “cáscaras” como diría Salarrué. Cuando comenzaba a escribir escuché a Carlos Santos decir, que no era bueno participar en concursos porque todos estaban arreglados y que además no eran importantes para darle renombre a un poeta, y en parte creo que tiene razón. Aunque estaba la contraparte en Geovani Galeas que insistía que era muy fácil ganar esos premios. No sé porqué, pero me pesaron más las palabras del poeta que escribió "La casa en marcha".
Con los años me animaron a participar, entre los que me instaban a hacerlo estaban Roberto Palencia y mi tío Yomar Vallejo. El primero, un gran amigo de mi papá, incluso fue el que me aconsejo a que publicara mis primeros libros. El segundo me decía que George (Jorge Galán) participaba bastante, que porque no hacía lo mismo. Y con un poco de renuencia lo hice en los Juegos Florales de Santa Ana en 2001 cuando obtuve una mención de honor con el poemario "El último salmo". Después varios años de silencio hasta que envié Bitácora a un certamen en el que no gané y decidí ya no participar más. Pesaba mucho lo que decía Santos y era renuente de seguir enviando trabajos, claro que tampoco envié demasiados, quizá unas cinco veces. 
Es más, en el Primer premio hispanoamericano de San Salvador no iba a participar, aunque veía cada mañana el afiche de invitación en la entrada de mi trabajo. Sin embargo, mi amigo poeta Manuel Iris me motivó a hacerlo, y luego mi amiga editora Jasmine Campos también me animó. Bueno, así que casi al filo de la convocatoria envié el trabajo.
Sinceramente no pensaba enviarlo a ningún concurso y mucho menos pensé en ganar uno,  no porque dudara de mi calidad, sino que por esas desconfianzas que uno hace crecer a veces sin motivo.
Cuando llegó el 15 de abril, el día señalado para la deliberación, pensé que no iba a pasar nada, como otros certámenes, e  igual yo seguiría mi plan de vida: un paso más en el camino. Pero en la noche tuve la sorpresa de que mi amigo poeta Wilfredo Arriola me había etiquetado en Facebook con una felicitación, de inmediato surgió la llamada de mi hermano y camarada Rob Escobar felicitándome. Había ganado una mención de honor, y según me contó mi amiga Alicia Herrera Rebollo los jueces se expresaron muy bien de mi trabajo, según escuchó decir a Wilfredo Mármol de la Editorial Municipal de San Salvador en un programa de radio.  La nominación y los gratos comentarios de los jueces me estimulan a seguir dando pasos, con mayor firmeza.
Felicito a la ganadora del certamen, Luciana Jazmín Coronado, y a los dos poetas que junto a mi han recibido una mención de honor: Aarón Rueda Toruco y Javier Alvarado. Y por supuesto felicito al comité organizador por este transparente y digno proceso.


Fotografía: Guillermo Martínez.

miércoles, 1 de julio de 2015

Julio y Fabieli

por Mauricio Vallejo Márquez


Julio me recuerda muchos amigos, aventuras y sueños. Julio tiene ese rostro simpático que guiñe ojos y dice aquí estoy para que recuerdes y te de el mundo giros y aperturas. Así es como empiezo a labrar anécdotas que se van haciendo historia y llegan a armar otras historias.
En julio llegué a conocer a uno de los personajes más curiosos de mi vida, un tipo que sin quererlo se convirtió en un gran amigo. Era escultor y un verdadero soñador, era Antonio Fabieli.
A Fabieli le gustaba el café y la mariguana. Nada raro para un artista, pensaba. Claro, con la estigmatización que se tiene se piensa así. Pero Fabieli era uno de esos tipos que de por sí ya habitan otro mundo, a esos seres le llaman locos. ¿pero será que los locos en realidad somos los cuerdos?
Preparábamos café cubano, porque Fabieli era esa mezcla de nacionalidades Italiano-cubano-estadounidense que había vivido casi toda su vida como hippie, por eso estaba acá en El Salvador. Se había venido caminando desde el enorme país del Norte.
No podía moverse con facilidad en el país, le costaba entender nuestra cultura. Claro que pretendía hacerlo, en esos años gobernaba Armando Calderón Sol y al parecer le agradaba a Fabieli.
“Este tipo vale la pena, quiere la unión de Centroamérica”, me decía. Yo tenía mis dudas, Calderón Sol era un presidente de Arena y de por sí pertenecer a un partido político es tener una mirada parcial de la realidad, aunque también una verdad. Nunca logró convencerme, pero lo intentó.
Tenía sus gracias, Fabieli. Hablar con él era ver el mundo como un desentendido del sistema. No le importaba la marca de la ropa, ni si los zapatos eran los estéticos o de moda. Le importaba estar vestido y calzado aunque los zapatos le quedarán de canoa. Lo que no podía faltar en él era el cigarro y el café. ¿Y la mariguana? No era de fácil acceso para él. Así que no lo vi fumarla, aunque sí hablar maravillas de ese monte mágico que hace perder la realidad por otra realidad.
Una vez, un amigo le hizo trueque, le dio una bolsita de tabaco para pipa haciéndole creer que era mariguana. Fabieli iba emocionado cortando la última página de una Biblia para comenzar el ritual, pero la nube de tabaco era densa y dura. Gran decepción, estaba todo triste y molesto. ¡Ah, Fabieli!
En esos años no detectaba los locos y aún ahora me resultan tan simpáticos cuando vuelan. Claro que los violentos y mal intencionados no me parecen agradables. Fabieli se tomó su tiempo y decidió regresar a su patria. Se fue dejando un proyecto inconcluso, aquel famoso festival medieval. 
Fabieli me dejó varias enseñanzas, pero la principal: seguir mi camino.
Eso es lo hermoso de aprender a observar, cualquier persona nos enseña mucho.


lunes, 29 de junio de 2015

El ojo y su verdad


por Mauricio Vallejo Márquez

Es difícil observar con la mirada cerrada. No permitir que el ojo vea más allá del sentido llano de ver. Lograr poner atención en todo lo que existe, en cada uno de sus detalles y poder describir la vida en lo nimio de un instante.
A veces es simplemente eso, la imposibilidad de ver o de sentir. Limitados al simple hecho de no poder hacerlo porque estamos suprimiendo la acción. No lo sé, al razonarlo resulta la verdadera razón algo tan lejano y quizá imposible. Sin embargo, a pesar de todo lo que podría evitar que observara, observo.
Quedo absorto en el reflejo de ese líquido oscuro llamado café y lo fotografío. Procuro captar el instante del reflejo y su aliento incoloro que me dice café. Y al hacerlo el reflejo se pierde para tomar lugar la figura de mi celular y ese cuadro que muestra el ojo de la cámara. 
Y al quitar la cámara vuelve el reflejo único que nada más puede ver mi ojo, que sólo está preparado y autorizado mi ojo. Luego, se disipa todo y sólo queda el recuerdo, así como la fotografía de un pasado incierto que se vuelve real porque la cámara lo captó; sin detenernos a observar que la mayor verdad quedó en el ojo.

lunes, 22 de junio de 2015

Una celebración del día del maestro por cuatro generaciones

por Mauricio Vallejo Márquez


Provengo de una familia de maestros. Mi bisabuelo Manuel Pineda fue maestro, de aquellos que trabajaron en una jefatura magisterial en la época del general Martínez y del presidente que llamaban Mica Polveada. Fue a estudiar a Puerto Rico y siempre estuvo en su vocación, incluso cuando se jubiló. Papá Manuel, le llamaba. Era tan dulce que cuando yo quebré unos vidrios, él llegó con un rimero de 25 vidrios para cuando volviera a pasar.
Luego mi abuelita, Josefina Pineda de Márquez, quien ejerció la docencia por más de 65 años y es una de las fundadoras de ANDES, mi abuela también fue maestra de mi papá cuando cursaba el bachillerato en el Inframen, y sigue siendo mi maestra, además de continuar enseñando a través de su columna semanal Gotas de ortografía. Mi abuelo Mauro fue maestro de inglés, de matemática y Maestro en la Logia, el abuelo que se sentaba conmigo por las tardes a hacer tareas o a ilustrar los cuentecitos que yo elaboraba.
Mi mamá, Patricia Márquez, también maestra, siguiendo el ejemplo de su abuelo y su madre. Recuerdo cuando la acompañaba a la UES cuando daba clases. Siempre fue una maestra que la gente quería.
Mi abuela paterna, María Julia Marroquín de Vallejo, también fue maestra de matemática. Además de que elaboraba las famosas libretas de ciencias sociales, matemática y biología de Edisal.
¿Y yo? ¿Qué podía hacer? No sólo las letras están en mi sangre. Mi primer trabajo como profesor fue en el Instituto Nazareth, después dimos clases en la Universidad Evangélica y la UTEC. Y seguimos dando clases de literatura en la Asociación islámica Shiita. Así que celebro también al cuádruple este día del maestro. Gracias a mi bisabuelo, mis abuelos y mi madre.