martes, 11 de julio de 2017

Haciendo realidad un sueño



Mauricio Vallejo Márquez,

Escritor salvadoreño e hijo de Mauricio Vallejo

Uno de los sueños que más tiempo me ha tomado hacer realidad, y más me ha costado, es publicar la obra de mi padre. He tenido que esperar 37 años de mi vida para poder tener listo el material, además de reunir el capital que es necesario para el proceso editorial.
Durante buena parte de mi vida toque puertas, me enfrenté a humillaciones de parte de algunos miembros de su generación, tuve que afrontar el muro de muchos que me decían que no debía de continuar y que lo dejara en el olvido. Sin embargo, hay algo en mis genes que me hace testarudo. Confieso que en algún momento desistí del esfuerzo. Bregar contra la corriente no es fácil, sobre todo cuando no se tienen los recursos. De por sí aventurarme en el mundo editorial era un reto quijotesco, ya no se diga publicar a alguien que a otros les interesa no mostrar por absurdas rivalidades. Bueno, la parte que me competía a mí la hice y continuaré haciendo hasta publicar hasta la última página escrita por mi papá.
Debo decir que este esfuerzo no ha sido solo mío. Creo que publicar la obra de mi papá es un trabajo colectivo, y sin el apoyo de muchos fuera imposible darnos el tiempo de leer el libro que sostiene en sus manos. La primera persona a la que se debe agradecer es a mi abuela, Josefina Pineda de Márquez. Si ella no hubiera tenido el valor de guardar los escritos del joven Vallejo y enterrarlos con las garantías para que no se deterioraran. En aquel entierro participaron mi abuelo Mauro Márquez y mi tío Luis Manuel Márquez. Se oye fácil en estos tiempos de paz, pero en esos años era suficiente motivo para amanecer torturado y muerto. Esa muestra de valor hizo que la historia siguiera viva, y en 1998 tuvimos la hidalguía de desenterrarlos junto a Godofredo Carranza, Atxil Josa y Tony Alexander Guardado.
Junto a mi abuela pasamos horas clasificando los papeles por género y tema. Luego salí del país y se extraviaron en la mudanza. Afortunadamente la mamá de mi hijo, Lya Ayala, dio con ellos y me los entregó.
En toda la investigación para tener más material nos metimos a buscar sus cuentos en los periódicos salvadoreños de 1976 a 1981 junto a Roberto Escobar y Wilfredo Arriola, tarea que aún continuamos. En la contamos con el apoyo moral de mi tío Yomar Vallejo y con quien tenemos varios planes y su comprensión.
Cuando ordenamos los libros entró en acción conmigo, Karen Lara, mi otra mitad. Quien no solo se encargó de animarme en el esfuerzo, sino que se convirtió en la ilustradora de esta publicación como el diseño de contratapa. Hasta la fecha, nadie ha hecho más diseños y trabajos acerca de mi papá que ella, y  quien le estoy sumamente agradecido por compartir conmigo este trabajo y el resto del camino.
Y ahora, mi tía Marlya Vallejo vuelve a apoyarnos en la gestión editorial para que sea realidad la obra de su hermano, siempre llegando en el momento justo.
Es gracias a todas estas personas, y las que aportaron económicamente y se encuentran nombrados en las páginas de agradecimiento que ahora tiene entre sus manos el primer libro de muchos más que mi padre, Edgar Mauricio Vallejo Marroquín, escribió.
No puedo hablar mucho de él, presentar a ese individuo que me procreo junto a mi madre, con ese maravilloso amor de juventud y esperanza. Sencillamente porque no lo conocí. Si compartimos espacio en este mundo no soy capaz de recordarlo, apenas tenía un año y medio cuando lo desaparecieron aquel sábado 4 de julio de 1981 a las 11:45 de la tarde en Antiguo Cuscatlán.
Así que les presento la historia de cómo este libro, que fue un sueño que parecía imposible durante mi niñez, ahora es una realidad.
¿Por qué publicamos primero Cosita Linda que sos y no otra de sus obras más esperadas? Sencillamente porque consideramos que mi papá no habría querido que fuera otro de sus libros, más que el dedicado a su esposa, a quien dejó viuda junto a un hijo para terminar de enfrentar la guerra y la vida. Sobre todo, porque es el primero de todos los que seguirán


Una promesa cumplida

por Mauricio Vallejo Márquez

Todos los niños del aula hablaban de su papá. Uno era ingeniero, el otro ministro de no sé qué, el otro médico y así la lista iba mostrando una serie de profesiones. Yo esperaba en silencio, cuando llegó mi turno de hablar. Mi papá es escritor, dije. “Ohhhh”, exclamaron unos. Otros se miraron entre ellos para después escuchar a uno, que no recuerdo el nombre, hacer aquella terrible pregunta: “¿Cuáles libros tiene?” Me quedé mudo… Sabía que escribía, pero a mis seis años no comprendía la dimensión de hacerlo en revistas o periódicos o libros. No conocía el nombre de sus libros inéditos, solo estaba seguro que para mí tenía valor. Entonces me animé a decir: “Es escritor y desaparecido político, por eso no hay libros de él”. “Este bicho es pajero”, dijo uno. Y en un instante como si un pastor llevara el ganado lo secundaron y se rieron de mí. 
Aquella mañana decidí que yo publicaría el primer libro de mi papá. No sabía cómo, ni tenía idea de lo que conllevaba. No comprendía aún que el dinero era tan determinante como los cuellos blancos para avanzar. No sabía de las envidias y rivalidades entre escritores, pero las fui viviendo. Primero conociendo las de los escritores con respecto a mi papá y luego mi experiencia personal. El literato es un individuo que brega contra muchos mares, y contra sí mismo.
Empecé a tocar puertas. La editorial de la UES, escritores, la Dirección de Publicaciones e Impresos (DPI). Y siempre hubo negativas. Con otros autores no vi tanta traba. Revisando los periódicos entre 1976 y 1981 mi papá era de los que más publicaban y se reconocía su trabajo como destacable, incluso era citado como buen escritor en libros de Letras como los de José Roberto Cea, por otros escritores como Ovidio Villafuerte y Rafael Menjívar Ochoa, entre otros. ¿Por qué entonces el límite? Tengo algunas tesis e indicios.
Total el camino era cuesta arriba. En mi familia la cosa era parecida, no porque no se deseara publicar. Muchos no podían darse el lujo de pagar una edición, y los que podrían sencillamente no estuvieron nunca interesados. Así que siempre estaba ahorrando para hacer la primera impresión, y de igual forma siempre me quedaba sin el dinero porque surgían miles de eventualidades en las que al final yo debía de solventar.
Así fueron pasando los años buscando soluciones, queriendo hacerlo solo. Pero, mi papá me dio una lección enorme cuando editaba algo de su material político: la colectividad sincera. Así comenzamos una campaña entre amigos y familiares para publicarlo. Tuvimos contratiempos en presentar el material final, en los diseños, la entrega de la imprenta. Pero El libro estaba catalogado, tenía ISBN y ahora es toda una realidad.
Hoy solo falta divulgarlo, conocerlo, estudiarlo y llevarlo lo más lejos que se pueda. Sacarlo del silencio y de la oscuridad, como algunos pretendieron mantenerlo. No sé qué piensan sus captores al ver que lo seguimos poniendo en pie, tampoco imagino lo que pensaran sus torturadores y asesinos (si acaso viven, porque gente así nace muerta); pero no me importa, allá ellos. Yo sigo firme en esa promesa de niño, ahora sumando que publicaré el resto de su obra.Me siento feliz porque este cuatro de julio no tuve la culpabilidad ni el dolor de aún faltar a mi promesa. Una vez el poeta Carlos Santos me dijo: "Si yo muriera nada me haría más feliz que tener la seguridad de que mi hijo publicará mi obra, así como vos estás haciendo con tu papá".
A partir de julio haremos una serie de recitales y conversatorios para conocer a Edgar Mauricio Vallejo Marroquín. Espero que puedan acompañarnos, como muchos de sus amigos y camaradas lo acompañaron el 8 de julio en Tonaca. Gracias, por sumarse a este esfuerzo por rescatar una parte de la memoria histórica de El Salvador.