viernes, 28 de diciembre de 2012

Celebrando el cumpleaños de papá

por Mauricio Vallejo Márquez
Existen para mí dos días cada año en que la felicidad y la tristeza se combinan. El cuatro de julio porque fue el día que desaparecieron a mi papá (Edgar Mauricio Vallejo Marroquín) y curiosamente también es la fecha en que los Estados Unidos celebra su independencia, es un día que parece negro, pero también con esperanza porque me recuerda su lucha y sus valores infranqueables que debo imitar; y el 28 de diciembre, día de los santos inocentes, cuando mi papá nació. Precisamente hoy es ese último y es difícil librarme de todo lo que implica.
Nunca he visitado una tumba para mi padre, no sé que es llevarle flores o decir ahí estará, mi padre es para mi un hombre que vive eternamente en sus 23 años y lo que pueda representar una tumba. Así que eso que puede representar una tumba es en realidad sólo una recuerdo de que vivió, pero mi padre no vivió, él vive a pesar de que lo hayan arrastrado a la muerte.
Cuando hicieron el muro del parque Cuscatlán pensé tener ese sentimiento de llegar y resignarme a que estaba muerto y en ese lugar podía llegar a recordarlo, pero tardé años en visitar el lugar, en tocar esas letras que evocaban su nombre. He visitado el Muro un par de ocasiones y todavía no llena. Mi padre no está muerto.
Desde pequeño lo busqué, aunque era un tema poco hablado en mi familia. Me embarque a lo largo de sus muchas aficiones: la guitarra, la literatura, la filosofía, la política, el ajedrez. En algunas logramos hacer camino, en otras no. La guitarra nunca la toqué como él pero gracias a que García y otras personas lo grabaron como sus compañeros del GPP puedo escucharlo.
Con el primer amigo con el que hablábamos mucho acerca del tema era con Rafael Mendoza López y recuerdo que me dedicó un poema llamado mi tata y tu tata, que aún guardo entre mis archivos. Y el buen Rafael Monge quien fue un importante bastión para divulgar su obra.
En la federación de ajedrez conocí a otros dos de sus amigos: Roberto Camacho y Reynaldo Tablas (también de Tonaca), quienes aunque no me dieron grandes detalles de su vida siempre se expresaban con afecto de él. Y recuerdo bien una mañana de torneo cuando Salvador Infante se acercó a mí, había guardado una partida que sostuvo con mi papá. Fue un grato regalo cuando me la compartió, un gran detalle.
Sabía de mi padre, así como algunos detalles de su vida y su desaparición, pero con el tiempo la historia fue tomando forma. Recuerdo cuando conocí a Augusto Crespín en la presentación del Suplemento Cultural Búho, no dejaba de verme y eso me inquietó. Luego se acercó a mi y me dijo “debes de preguntarte porqué te veo tanto... es que sabes te pareces tanto a tu padre”. Crepín también fue amigo de mi papá y desde entonces también somos amigos y ha ilustrado los interiores de las dos antologías de su obra que pronto saldrán al mercado.
Luego se fueron sumando muchos amigos de él que me contaron anécdotas, breves instantes en los que se conocieron, en los que compartieron palabras, sueños, de todo. El maravilloso Tolo de Tonaca, don Luis Silva, Edgardo Quijano, Geovani y Marvin Galeas, Roberto Quezada, Godofredo Carranza, Dimas Castellón, Donald Paz y por supuesto Roberto Palencia que nunca ha podido estar lejos, recuerdo con cuanto afecto me saludo la primera vez que nos vimos, después de tantos años de esperar ese encuentro. Él ha colaborado inmensamente en el rescate de su obra, me llevo un día La Pájara Pinta en la que aparece el cuento La Palazón.
Recuerdo a Jorge “El Chojo” García que me mostró muchas facetas de mi papá e incluso me animo a embarcarme en el primer proyecto editorial, la Huella, haciendo lo mismo que antes hizo con mi papá en La Pancarta. Curiosamente mi papá y yo realizamos 10 números, él en La Pancarta y yo con la Huella. Si algo agradezco de mi padre es que supo escoger amigos, grandes amigos, y eso es algo valioso.
Y qué decir de José Roberto Cea, quien cada vez que me cuenta algo de él es como si procurará hacerle una fisura al tiempo y traerlo a cuenta, a él no sólo le agradezco su amistad sino el regalo de La Pancarta y tantas cosas más.
Pero lo que no sale de mi corazón es aquella llamada de Canadá, Alfonso Velis Tobar, quien no sólo continuó siendo su amigo a pesar de la muerte, sino que también ha escrito sobre su obra.
Se han realizado tres homanajes para él, el primero en La Rayuela, que fue una actividad muy hermosa que organizó René Chacón, recuerdo que no lograbamos caminar adentro, no cabía un alma. Luego en los Tacos de Paco por Alberto Serrano, que Rafael Monge se tomó el trabajo de grabar en la web y en Tonacatepeque, su pueblo, organizada por la Casa de la Cultura y la Alcaldía.
Este año, Renacho Melgar hizo un mural de él sobre la Primera Calle en el centro de San Salvador, justo frente a su estudio bautizándolo como el Santo de los poetas. Me sorprendió la idea y más aún verlo ahí sentado cerca de la gente, próximo a los que venden verduras para ganarse el pan,
Elvis Aviv Guzmán también realizó un trabajo muy bello de mi papá, una ilustración y video que lo muestra como un pescador de versos. Y en las pláticas que hemos sostenido me cuenta de que trabajar en este proyecto fue toda una experiencia.
De igual forma David Duke realizó un cuadro de él y un mural en Guatemala en conjunto con otros poetas mártires.
Duke también hizo un blog con su obra y ver que el trabajo de mi papá es aceptada y gustada es algo que me alegra, sinceramente. Y agradezco el gesto de estos grandes artistas y amigos.
También mi papá fue incluido en una antología de Visor que compiló Fernando Valverde que se expresó muy bien de su trabajo, algo que siempre le agradeceré a Fernando.
De la gente de Tonaca que nunca lo olvidan, que puedo decir, como sucede hoy en el Mesón, donde realizarán un altar en su honor. Siempre que recorro Tonaca siento que voy junto a él, tal y como lo hacia cuando iba en la ruta 22, sobre todo en el paso a Candelaria.
Hoy 28 de diciembre celebro otro natalicio junto a mi madre, uno que me recuerda que aún tengo una deuda pendiente, una deuda que debo saldar pronto: publicar sus libros.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Sin plan se planea perder

por Mauricio Vallejo Márquez
Me encanta el ajedrez.  Me divierto moviendo esas piezas en los tableros de 64 escaques, olvidándome de que el mundo existe a mi alrededor. Estoy bajo el encanto de ese combate de mentes que se libra con esas 32 piezas, siempre.  Y no rechazo una buena partida.
Me agrada el ajedrez desde pequeño, y sólo mientras tenía 17 jugué en torneos de la federación salvadoreña y en los Juegos estudiantiles de 1997, de los que guardo un  recuerdo de plata. Desde ese año me quedé con el ajedrez fraternal y ocasional, aunque no renuncio a la posibilidad de volver a los torneos o de llevar a mi hijo.
Ese año fue interesante compartiendo horas con Carlos Alvarez, Carlos Ríos y Ricardo Ríos en los pasillos y el Colegio Cristóbal Colón y luego las tardes llenas de Combinaciones y sacrificios junto a Rafael Monge, David Blanco, Rafael Mendoza y Carlos Burgos, entre otros que no sólo mediamos fuerzas sino que también me enseñaban mucho. Desde diciembre de ese año dejé de jugar en esas mesas, aunque seguí mi juego en internet y bebiendo de los libros de mi papá, que ahora me sirven para enseñarle a mi hijo (que ya me gana).
Siempre me agradó el sueño de que el ajedrez se convirtiera en un deporte más popular, aunque sí lo era, porque veía la gente de mi colonia agotar las horas entre fútbol y ajedrez, pero con el tiempo he visto disminuir la pasión por los reyes y caballos a unos pocos, mientras otros sienten la afición, pero las ocupaciones diarias los atrapan en otras actividades.
Cuando reparo en esas horas moviendo piezas y elaborando estrategias, me doy cuenta que en verdad la vida es como un juego de ajedrez donde el que no tiene un plan planea perder. Sabias palabras que se repetían hasta la saciedad en la Federación. Por años creía que sólo eran dignas del juego, pero con el tiempo se vuelven indispensables en la vida.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Ofensiva y cambios

Por Mauricio Vallejo Márquez
La guerra creció con nosotros. Era algo imprescindible, no porque fuera necesario sino porque era una realidad que sin importar a dónde fuéramos siempre estaría con nosotros y siempre nos perseguiría, ya fuera como espectadores, víctimas o exiliados. Sin duda la guerra era tan parte de nosotros como nuestra propia nación.
De niño viví los toques de queda, los cateos, la mirada inquisidora de los soldados, la persecución. Observé desde mi casa las trágicas imágenes que se vivían en mi país y en sus centros de acción. A veces si algún adulto estaba conmigo apagaba el televisor o me mandaba a otra parte para evitar que viera escenas que en la calle eran normales. Vivimos viendo muertos, cadáveres por todas partes, sangre y el siempre reconocido sonido de las balas que sin importar la fecha era infaltable sobre todo por las noches, así como las bombas como respuesta a alguna escaramuza.
Tras la desaparición de mi papá (Mauricio Vallejo) el 4 de julio de 1981 tuve una vida de silencio y movimientos. Vivía de casa en casa hasta los Acuerdos de Paz en 1992, aunque después me quedó la costumbre de no permanecer mucho tiempo en un lugar. Una vez en esos movimientos iba en un camión para Tonacatepeque y un poco después de donde ahora es el Distrito Italia las balas comenzaron a aparecer de cualquier parte. Yo era pequeño, tenía unos 2 ó 3 años, apenas podía comprender lo que pasaba, sólo recuerdo que mi abuela me puso en un rincón de la cabina y luego ella se colocó sobre mí, y sobre ella se dispuso mi abuelo, para evitar que alguna bala llegara a mí. Tras no sé cuánto tiempo los disparos cesaron y sin buscar más explicaciones mi abuelo decidió continuar el camino, pero los soldados nos detuvieron y catearon. Tras eso no recuerdo más que la llegada a Tonaca completos, porque mis abuelos paternos, con quienes compartí la aventura ya no están con nosotros.
Mientras crecía observé de cerca los movimientos en la Universidad de El Salvador, para mí eran normales. Veía a mi mamá trabajando activamente allí, y de vez en cuando algún refugiado en mi casa o en casa de familiares. Todos esos movimientos no me impresionaron tanto como la noche del 11 de noviembre de 1989 cuando me olvidaba de la guerra para vivir mi infancia. Ese día jugué como de costumbre y cuando llegó la noche mi mamá iba a salir. Un tío me llevó junto a Maritza a comer un sorbete y cuando íbamos en la Avenida Bernal, cerca de la Calle a San Antonio Abad suenan los disparos. Miles de líneas doradas cernían frente a nosotros, cruzaban la calle como ahora lo hacen los autos. Mi tío dio un giro de esos de película que sólo quedan dos llantas en el pavimento. Y sin medir palabras sólo nos gritaba: «al suelo».
Al llegar a la casa todo era oscuridad. Las luces se habían apagado para todos, pero en la cocina teníamos un radio de baterías que mi mamá se apresuró a poner. Sonaba la radio Farabundo o la Venceremos no lo recuerdo, incluso mi memoria y la de mi madre nos puede fallar y podría ser una de las nacionales. Hablaban de la ofensiva. Y yo, con todo el dolor del fallecimiento de mi papá me alegré, pensaba que llegaba el tiempo de la justicia.
Esos días volvieron a ser de mudanza. Nos fuimos a refugiar a la casa de mi abuela, donde los helicópteros no volaban tan bajo, pero si lo suficiente para hacernos tenso el momento. Esas noches las vivíamos alrededor de una vela. Muchas de esas noches me quedaba cerca de mi abuela Josefina cuestionándole el comportamiento de algunos dioses griegos y con la esperanza de que ella contara algo más, buscando otro tema que no fuera el holocausto que se vivía afuera. Salir a la calle era una proeza, muchas avenidas estaban doradas, recordaban el camino amarillo del Mago de Oz, pero no porque fueran de oro o estuvieran pintados de ese color, una estela de muerte estaba presente en los innumerables casquillos de fusiles, pistolas y otras armas. Como muchos niños inocentes coleccioné algunos casquillos, que a la larga me produjeron asco e indignación. Mi conciencia no me permitió guardarlos por mucho tiempo.
Poco tiempo después de estallar la Ofensiva otros primos llegaron a refugiarse con nosotros hasta el punto de que la casa se convirtió en una ciudad con incertidumbre. Todos se refugiaban alrededor de los pequeños radios de baterías, de onda corta. Tenían la esperanza de que todo acabara pronto, que saliéramos a la calles a celebrar un triunfo o el cese de todo la zozobra que vivíamos.
Al trascurrir ese año la Ofensiva Final Hasta El Tope resultó ser una medición de fuerza, que nos traía algo tan bueno como la justicia que tantos aún esperamos: la paz. Esa noche tuve tantos sueños, pensaba que las injusticias terminaban, que la gente no iba a desaparecer ni a morir por pensar diferente. En parte el sueño se realizó, aunque ahora la gente desaparece por el flagelo de la delincuencia, sufriendo las consecuencias de vivir en posguerra donde las heridas de guerra no se han curado ni tampoco los desequilibrios sociales, y el mundo sigue siendo un tornado que no sabemos si nos tocará vivir otra crisis. Pero no, por pensar diferente. Algo hemos avanzado y algo logró esa fecha que jamás se borrará de mi mente, porque me demostró que los cambios se forjan al arriesgarlo todo.

 Publicado en Suplemento Cultural 3000 el sábado 17 de noviembre

domingo, 4 de noviembre de 2012

Papeles y ayeres


por Mauricio Vallejo Márquez
Revisando entre mis papeles encontré un pequeño trozo de papel en el que había escrito don Santos y una tarjeta de Reyes Gilberto Arévalo, del mismo día en que me envío su libro. Los dos personajes ya no viven. Se fueron este año, al igual que muchas cosas más. Los papeles en verdad ayudan a recordar cosas, a mantener vivas esas escenas y esas voces que podría disiparse mientras el mundo y su audiovisual recurso televisivo o internet lo imperan.
Don Santos era un tipo tan pacífico, tan tranquilo. Siempre estaba sonriente, aun cuando cargaba un gran huacal de masa para pupusas. Era un tipo simpático, siempre conversaba y aconsejaba a su modo. Vendía su casa y alguien lo visitó por la noche, ese alguien lo asesinó. A él y a su familia. Así que dejamos de saber de don Santos y su buena onda.
Don Reyes era un tipo diez. Cuando mi hijo se enfermó de gravedad, él nos echó la mano y así como a nosotros a muchos más. Pocas veces escuché su voz, pero leí muchos de sus escritos y aún guardo entre mis estantes su último libro. Don Reyes también nos dejó, pero por una enfermedad que lo impuso.
Así como ellos volvieron a mi mente, muchos más comenzaron a cruzarse, a despertar imágenes que había perdido de aquellos años que viajaba mucho al oriente, de esa amistad con Carlos “El Famoso” Hernández y tantas cosas más como el esfuerzo titánico que hizo en su entonces Bernardino Albiñana con la venta del loroco. Del amigo Rubén Morán que rompió el record de eventos municipales en Oriente. Y de repente surge la tarjeta de la Hostería de Xicohtencatl y esos días de ajedrez y caminatas.Tlaxcala nunca pasa de largo a pesar de que los años lo procuran.
Las tarjetas de presentación que cuentan el currículo de los amigos, de esos puestos importantes o de esos pequeños empleos que ahora parecen mentira viendo como pasan algunos, siguen siendo mejor que llevar al día una bitácora.
Pasa el tiempo sin duda, pasa sin quererlo. Y nosotros apenas vamos guardando esos recuerdos. Con los años parece que lo olvidáramos todo, pero siempre existe un papel que nos recuerda alguna escena de este gran teatro que vivimos.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Cumpliendo años junto a las brujas

por Mauricio Vallejo Márquez

Hoy cumple años mi abuelo. No es brujo, aunque sentía inclinación por los símbolos y tenía mirada de inquisición (a veces). Dudo que tuviera inclinación por las ciencias ocultas, pero nació el mero 31 de octubre y de seguro a horas oscuras.
Nunca decía cuando cumplía años, era casi un secreto de estado. La tarde y noche de cada 31 de octubre en la Santa Clara no se mencionaba el tema, al menos mientras era un niño y me preocupaba de obtener dulces o de disfrazarme. Yo tenía una máscara de Freddy Krueger, quien me castigaba todo el año, y como castigo lo mantenía conferido a una bolsa plástica negra bajo los tesoros de Ursula, hasta que desapareció. Sin embargo, el día de Brujas salía con ese traje, e incluso concursé una vez en una hamburguesería, pero me fuí antes de recibir el premio. Mientras el abuelo guardaba silencio.
Un día, a pocas semanas de finalizar octubre, escuché: "ya va a ser la fiesta de don Tony". Me pareció curiosó y una oreja se me puso atenta. Mi abuela se me quedó viendo y entre risas me dijo: "Es que tu abuelo nació el 31 de octubre, no es que lo estemos molestando poque parezca brujo".
Desde entonces ya no hay día de las brujas para mí, sólo el recuerdo de ese abuelo al que molestaban por haber nacido un día cualquiera en que a alguien se le ocurrió celebrar el día de las brujas.
Aunque él guardaba silencio, estoy seguro de que disfrutaba esa casualidad.

jueves, 4 de octubre de 2012

Una luna eterna y sin medida

Por Mauricio Vallejo Márquez
La marea es regida por la luna. Desde que el mundo existe nuestro satélite resulta la brújula y la plomada de lo tiempos, rigiendo el estado de ánimo de los mares, el ciclo de los cultivos y los calendarios de judíos y musulmanes. La luna es un símbolo amado y lleno de respeto.
En San Salvador tenemos una luna que como el astro que se yergue en el cielo, se convirtió en el estandarte de múltiples disciplinas artísticas. En ella muchos neófitos aprendieron a profecionalizarse y a crecer, mientras que los mayores continuaban su camino. Otros, los amantes del arte, acuerparon ese tesoro que requiere siempre del colectivo para sobrevivir. Y la Luna se convirtió en Casa, en el hogar para que en sus mesas fueran surgiendo poemas, canciones, cuentos, teatro, danza, fotografía, pintura, cine. Se transformó en el génesis de las artes en El Salvador y en el lugar en el que se centró el movimiento cultural de 1992 a 2012.
No escribí mis primeras líneas en sus mesas, pero ahí surgieron muchos escritos e ideas que con el tiempo fueron tomando vida. Disfruté sin duda su entorno y su gente, sus habitantes asiduos que todos los días le daba ese condimento especial a un lugar.
Acostumbraba a llegar por las tardes junto a Rafael Mendoza López y allí encontrábamos a Pedro Portillo, que no sólo tocaba para la Pepa, también leía las manos y las cartas. En ese entorno rodeados de figuras, de lunas, de azul, blanco y negro dejamos que las tardes se convirtieran en noches y esas noches fueran como el establecimiento: lunas eternas.
Conocí mucho más de la historia de nuestro país e incluso acuerpe en su momento la iniciativa de La Luna del Centro, cuando el establecimiento de la Calle Berlín abrió su filial en pleno Centro de San Salvador.
Después mis visitas fueron mermando y llegaba más a los eventos de poesía, que en un principio eran coordinados por el Taller literario El Cuervo, donde convergieron tantos poetas que llenaría muchas hojas enumerándolos. Ahí fui creciendo, así como mis coetáneos, hasta que un día la Luna era un lugar de nombre, de referencia porque la distancia, las fronteras y las ocupaciones me fueron alejando.
Cuando la Luna, Casa y Arte cumplió 20 años, la visita del poeta hondureño Fabricio Estrada nos regresó a nuestra esencia, y en un recital en el que se reunió a la mayoría de poetas de la generación de posguerra volvimos a ser habitantes de la Luna, volvimos a alunizar y sentimos que el tiempo fue un sueño y que nuestra realidad estaba entre esas paredes, en esa música de fondo que rompe con todo lo que está afuera, esas formas que recuerdan al burlesque francés, el Dadá de Tristán Tzara, al surrealismo. Y sin importar las influencias es un entorno tan original que sólo Beatriz Alcaine puede brindar. Pasamos en ese momento a llamarnos Lunáticos porque habitamos ahí, porque nuestros versos surgieron en esas mesas y ese referente nos dio un lugar para sentirnos ciudadanos de ese mundo que algunos llaman locura y nosotros le decimos su nombre: arte.
Es posible que en septiembre de 2012 despedimos la Luna Casa y Arte, es posible que le digamos adiós a ese local mágico que relacionamos con la música, la literatura y el teatro. Sin embargo esas horas que llenamos sus sillas, que nuestros oídos guardaron sus sonidos. Y cada uno de nuestros sentidos se hicieron parte de ella. La Luna Casa y Arte habita en nosotros para siempre, llenando en nuestras mentes una luna eterna y sin medida que cuenta un poco de lo que somos, de lo que fuimos. La Luna es parte de nuestra historia, y la historia si se conoce nunca muere.

Extraído del Suplemento Cultural Tres Mil, sábado 29 de septiembre de 2012

martes, 2 de octubre de 2012

Seguir arando

por Mauricio Vallejo Márquez
La vida trascurre sin remedio. Nacemos y con el tiempo los años nos van devorando sin poder detenernos y recuperar esos momentos que se evaporan y se convierten en recuerdos. Un día observe tras mi espalda todo el tiempo perdido y sin embargo al ver de frente existe siempre la incertidumbre, porque no tenemos la seguridad de aprovechar lo que resta. Ese breve período que apenas es un nimeo conteo en los anales de la historia.
¿Cuánto de lo que hicimos quedará grabado para convertirse en un punto positivo o determinante de la humanidad? No lo sabemos, la mayoría sólo engrosaremos estadísticas, pero eso no es una excusa para dejar de probar, para seguir arando en el desierto, para seguir soñando con habitar la Luna o Marte, ya no se diga por lograr la novela, el cuento; incluso ese momento perfecto en el escenario. Nada debe impedir que los sueños se disipen con la vida. Debemos soñar y ejecutar esos sueños, después no importa que el tiempo nos devore, ya seremos parte de él.

lunes, 1 de octubre de 2012

Mickey mira tras las rejas

por Mauricio Vallejo Márquez

Aquellos tiempos en que la fauna habitaba el mundo a sus anchas, está pasando. Al menos son pocos los lugares donde esto se aprecia. En cambio, ahora los animales que habitan el globo deben adaptarse a la civilización humana, a sus calles y edificaciones, y olvidar el campo sin remedio (si es que lo conocieron). Mickey, este precioso chiguagua de la fotografía pasa la mayor parte de su vida en tres metros cuadrados y cuando sale de su casa, apenas se aleja unos metros. Cuando la puerta está abierta se queda por horas observando el universo entre las rejas. Mickey no quiere correr mundo, pero tiene un corazón más grande que su cuerpo. Siempre que me saluda está alegre y de vez en cuando es efusivo, aunque la mayor parte del tiempo es comedido. Aguarda a que yo lo acaricie, y mueve su cola con un ritmo de aprendiz de percusionista.
Siempre saluda, sin tanto relajo pero mostrando una triste felicidad. Y cuando se siente solo se queda como en la foto, apoyando su hocico entre las rejas, pero no intenta escapar. A veces llora, pero casi siempre soporta su soledad con estoicismo. Qué lecciones tan grandes para un perro tan pequeño.
Y así sigue su vida saliendo pocos metros, aguardando las horas tras las rejas.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Rolando y Manuel Elías


Por Mauricio Vallejo Márquez
Coordinador Suplemento 3000
Dos hermanos artistas. Uno era el poeta de la Rosa, Rolando Elías, un exquisito sonetista que cautivaba con sus versos. El otro era un pintor y promotor cultural, Manuel Elías, quien en sus lienzos evocaba mucha vitalidad y que además procuraba promover la cultura por medio de publicaciones y esfuerzos como galería, como una que montó en sus últimos años de vida sobre la Calle San Antonio Abad.
Dos hermanos que la muerte sorprendió, pero que siguen presentes en nuestro medio, sobre todo ahora con la exposición Hermanos en el arte. Ambos, el poeta y el pintor muestran esa hermosa simbiosis que los unió, así como el profundo amor que Manuel le promulgó a Rolando aún cuando los años pasaron, sin dejar que muriera su recuerdo.
Gracias a Manuel Bonilla conocí a Manuel Elías. Yo apenas tenía 19 años y observaba a ese hombre delgado, de bigote y de mirada penetrante que parecía a veces indiferente ante el mundo; pero no, siempre estaba presente esperando mostrar la realidad en sus obras. En esos años yo desconocía que era el hermano del poeta Rolando Elías, de quién ya había tenido noticias, lo conocí gracias a Crónica de Alemania, un libro en el que relata su viaje a esa nación europea. En un par de ocasiones pasé por Mejicanos donde se había erigido una pequeña plaza con su nombre, lo que me motivó aún más para leerlo, y tenía el referente de que era uno de los poetas más leídos de esos años.
En cambio a Manuel Elías lo fui conociendo a gotas, dándome cuenta de que era pintor y que tenía iniciativas para proyectar la cultura.  Publicó una revista cultural llamada La Hormiga, de la cual se editaron dos números, algo de valientes en un país donde las publicaciones literarias y culturales tienen poca vida.
Los dos Elías demostraron esa hermosa amistad que existe entre la literatura y la plástica, que aún cuando la muerte ha llegado, sigue presente como si la vida fuera eterna, como lo demuestra la exposición en la que se presentan 85 piezas de Manuel y varios poemas de Rolando en la Sala Nacional de Exposiciones.

martes, 18 de septiembre de 2012

Taller de literatura

por Mauricio Vallejo Márquez
El camino de un artista parece duro a la distancia. Se observan los retos que deben de superar y muchos se desaniman antes de comenzar, otros deciden enfrentar los retos y con el tiempo son recompenzados.
El arte en la mayoría de casos es incomprendido y es considerado innecesario, incluso ignorado por gobiernos e instituciones. La historia nos demuestra su importancia, el arte es esencial para la sociedad, es la base donde se apoya el desarrollo y la cultura de cada nación. Gracias a la pintura y la arquitectura se diseñan vehículos y edificaciones más funcionales y bellas. En cuanto a la literatura como podríamos negarle a Julio Verne haber inspirado a centenas de científicos para que elaboraran inventos y desarrollaran la tecnología actual. El arte es esencial para el ser humano.
Los artistas requieren de talento y trabajo para desarrollar sus piezas, deben de instruirse en sus áreas y tener libertad creativa. Un taller resulta un lugar importante para dicha formación porque en este trabajan y ejercitan para mejorar cada vez más sus obras.
La Asociación cultural islámica Shiíta de El Salvador es conciente de esa necesidad y desde el mes de septiembre abrió su puertas para albergar un taller de literatura que se desarrolla en dos secciones: la primera los martes y jueves de 2:30 a 4:30 pm, y la segunda los sábados de 2:00 a 5:00 pm.
En la asociación pueden también admirar una exposición de pintura persa y conocer un poco más de la cultura persa e islámica.
La Asociación Cultural Islámica Shiita de El Salvador se encuentra ubicada en Calle y Colonia Centroamérica N0. 122.  y pueden consultar acerca del taller al teléfono: 2102-9317.
Horarios:
Sección 01 Martes y jueves
Hora: 2:30 pm. a 4:20 pm
Sección 02 Sábados
Hora: 2:00 pm. a 5:00 pm
Inversión: $15 dólares mensuales.

sábado, 1 de septiembre de 2012

TALLER DE LITERATURA CON EL ESCRITOR MAURICIO VALLEJO MÁRQUEZ

TALLER DE LITERATURA
con el escritor Mauricio Vallejo Márquez

Temas a impartir: Preceptiva Literaria, Tropos y arte métrico.
En la Asociación Cultural Islámica Shiíta de El Salvador
Dirección: Calle y Colonia Centroamérica 122, San Salva
dor.
Tel 2102 9317
Días: Martes y jueves
Hora: 2:30 a 4:30 pm

Inversión: $15.00 dólares

Inicio del módulo: 11 de septiembre.



martes, 10 de julio de 2012

El lugar

por Mauricio Vallejo Márquez
El espacio que ocupamos, donde estamos, puede ser cualquier lugar. Ese sitio simple donde tenemos presencia y habitamos mientras existimos. Que es compartido a veces, pero siempre único como nosotros mismos.
Puede estar lleno de colores, o ser gris, o negro. Puede ser amplio o angosto. No importa su forma, porque en ese instante es propio, mientras lo ocupamos no importa lo que suceda es nuestro.
Puede ser siencioso o lleno de ruido y cansado o quién sabe. El lugar en el que estamos es único mientras habitamos el presente. Luego podemos ser eternos, como lo somos en el instante efímero en que vivimos.

sábado, 30 de junio de 2012

Nacer

 "Pero ¿quién puede todavía
señalar el lugar del nacimiento, quién
en la encrucijada de los aposentos, halla
la puerta por donde equivocó el camino?"
Jorge Enrique Adoum

 
 Por Mauricio Vallejo Márquez
La primera acción de la existencia del ser humano la documentan a partir del nacimiento y no con la concepción como lo afima nuestra Constitución y el resto de leyes del mundo. Desde ese momento se confirma la existencia de cada hombre o mujer.
Nadie pregunta por la fecha en que fue concebido, sino por la de nacimiento y a partir de esta se dice cuántos años tiene cada individuo. La sociedad no recuerda a los bebes individualmente, sino de forma colectiva cuando han muerto antes del parto o en el parto, así como olvidan a los niños por que no los considera seres desarrollados, aunque sean el futuro de nuestra sociedad.
Nacer es salir del vientre materno para los mamiferos. Los humanos nacemos por parto natural o por cesarea. Aunque la forma de gestación difiera. Los ovíparos salen de un huevo y los astros aparecen en el cosmo, las plantas emergen de semillas.
Ese nacimiento puede darse de muchas formas como la mayéutica de Socrates que es una palabra que significa hacer nacer a los bebes, pero en el significado que nos da el fiolosofo es hacer nacer ideas a través de preguntas para tener respuestas. Y ese es el nacimiento que tenemos como seres pensantes, como individuos que son conscientes de su existencia, de su entorno, de las razones de la vida, del conocimiento.
¿Nacemos, entonces? ¿Dejamos nuestro estado de encubación mental? ¿Nos hacemos preguntas para respondernos nuestra existencia?
Cuando Adoum pregunta quién puede señalar el lugar del nacimiento, ese punto de partida que confiere el avance o retroceso que podemos experimentar de la vida da la impresión que los seres humanos podemos no haber nacido, que jamás hemos experimentado en realidad ese nacimiento por diversas razones: culturales, históricas, impuestas o por costumbre.
La modernidad y la globalización permite tener datos, comodidades. Pero la sabiduría, el conocimiento, la ejecución del pensamiento sólo se logra a través del nacimiento. Nacer en nuestra realidad, y luego desarrollarnos. ¿Hemos nacido?

viernes, 29 de junio de 2012

Vida y forma

por Mauricio Vallejo Márquez
La tarde está llena de líneas, de círculos y de colores. Cada palmo, cada plano contiene formas, incluso el viento, la calle, el silencio. Las personas que llevan de encuentro las horas, los vehículos entrampados en cada cuadra, mientras ahorcan las avenidas y calles entre el verde, amarillo y rojo.
Los rostros de los automovilistas imitando líneas. llenando de historias sus ojos, su ausencia.
Cada vez me doy cuenta que ningún lugar está exento de vida y de forma, incluso cuando existe la muerte.

miércoles, 4 de abril de 2012

Entre Tonaca y Teca para Semana Santa

por Mauricio Vallejo Márquez
La Semana Santa me trae recuerdos de Tonacatepeque y de Tecapán. Cuando era pequeño alimentaba mis horas en la quinta de la familia hurgando en el terreno, viendo a la naturaleza en movimiento, mientras mis abuelos hablaban del pasado. Y tras escuchar me dedicaba a indagar en el pasado familiar entre las cajas y el inmenso escritorio de roble que guardaba tesoros: papeles, revistas, testimonios y pistas del pasado que me maravillaban en aquel enorme cuarto que es del tamaño del espacio donde hoy laboro. Pero la parte más interesante de aquella mágica habitación era el cofre de juguetes. En él estaba contenida la niñez de mi padre y sus hermanos, que al igual que los pasillos de ese lugar tenían el encanto de sus años y cada Semana Mayor los recorría sin imaginar que sin querer compartíamos la infancia en el mismo espacio.
Al llegar a la adolescencia cambié aquellas calles planas de Tonaca por las cuestas empedradas de Tecapán, donde los carros brincaban cada vez que llegábamos. Era hermoso el paisaje que observábamos por el camino, mirábamos como crecíamos en el recorrido desde la Punta de Diamante, y pasábamos por California y sus casas a la orilla de la calle rodeadas de árboles centenarios, y sin darnos cuenta llegábamos para inaugurar la noche. Allí recorrí sus calles en compañía de los fieles católicos, experimenté la devoción de los otros mientras marchaban en la procesión y al final del recorrido me quedaba afuera de la Iglesia, en sus gradas. Se escuchaba a alto volumen la música del Santo entierro, aquella melodía que aún hoy parecería sonar en mi mente. Esas calles las recorrí hasta la saciedad, me senté en los portales, conocí las entrañas de ese pueblo y lo volví parte de mí.
Mi niñez la viví en silencio y en familia, mi adolescencia entre la gente y el bullicio. La Semana Santa era tan diferente dependiendo del año y el lugar. Ambos pueblos siguen sus tradiciones y son indelebles en mí, aunque ninguno de ellos me ha tenido entre sus avenidas en varios años.

domingo, 25 de marzo de 2012

Poesía de hoy en El Salvador

Cuadernos Hispanoamericanos No. 739

Poesía de hoy en El Salvador

Selección de Benjamín Prado

René Rodas, Susana Reyes, Mauricio Vallejo Márquez, Katherine Rivera, William Alfaro, Teresa Andrade y Mario Zetino

Lectura de poesía con los poetas seleccionados

Día: jueves 29 de marzo 2012

Hora: 7:25 pm.

Lugar: Palacio Tecleño de la cultura y las artes

jueves, 22 de marzo de 2012

Un mundo sin ética

por Mauricio Vallejo Márquez

El mundo anda mal. Cada vez son más las personas que son capaces de todo para obtener sus metas. No les importa cortar cabezas, arruinar vidas, frenar avances, mentir, matar. Todo es válido para ellos.
Es posible que esta falta de ética tenga su semilla en el descuido de la familia, la ausencia de padre en algunos hogares, además de dejar como institutriz a la televisión donde hay lecciones que en una mente joven pueden calar hondo. En la TV se enseña a matar, a escaparse de la prisión, a ser chica o chico malo, a irrespetar al prójimo. Y la lista es larga.
Sin embargo la ética puede ser aprendida de nuestros padres, abuelos y maestros. Pero también es una decisión. Nosotros somos los que determinamos nuestra forma de vivir y de ver la vida. La decisión de hacer lo correcto para convivir con el resto del mundo de forma pacifica tiene que ver con el respeto y la solidaridad. Sabiendo que no podemos estar bien si el resto está mal. Vivimos en simbiosis, una en la que debemos procurar encasillar de forma coherente para que nuestra especie sobreviva.
Existen varias clasificaciones para determinar los valores, Max Scheler y Marín Ibañez tienen diversas posturas al respecto, entre los más aceptados tenemos: Honradez, honestidad, solidaridad, misericordia, humildad, generosidad, gallardía, nobleza, amistad, valentía, humanidad, integridad, entre muchos. Pero estos valores no llegan a desenvolverse si no existe una verdadera referencia de ética, de probidad, de moral.
"Según una corriente “clásica”, la ética tiene como objeto los actos que el ser humano realiza de modo consciente y libre (es decir, aquellos actos sobre los que ejerce de algún modo un control racional). No se limita sólo a ver cómo se realizan esos actos, sino que busca emitir un juicio sobre estos, que permite determinar si un acto ha sido éticamente bueno o éticamente malo. Ello implica establecer una distinción entre lo que sea bueno y lo que sea malo desde el punto de vista ético, y si el bien y el mal éticos coinciden o no con lo que serían el bien y el mal en sí", Wikipedia.
Al conocer qué es ética y comprenderla, será más fácil saber hasta donde llegan los límites de lo que se debe o no hacer.
El Derecho (las leyes) es uno de los límites, que de forma coercible nos obliga a comportarnos de determinada manera para evitar una sanción; Los mandamientos divinos que se encuentran en las Sagradas Escrituras; y por supuesto las buenas costumbres. Todos estos nos ayudan a cohabitar en la tierra, a mantener límites. Pero al irrespetarlos nos vemos sumidos en lo que estamos: guerra, delincuencia, violencia, corrupción.
Un mundo mejor es el resultado de una ética.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Poesía de hoy en El Salvador

Presentación de Cuadernos Hispanoamericanos número 739
Especial Poesía de hoy en El Salvador
Selección de Benjamín Prado

René Rodas, Susana Reyes, Mauricio Vallejo Márquez, Katherinne Rivera, William Alfaro, Teresa Andrade y Mario Zetino.

Lugar: Palacio Tecleño de la Cultura y las artes
Hora: 7:25 pm.

martes, 20 de marzo de 2012

Ninguna razón es suficiente para matar

por Mauricio Vallejo Márquez
En nuestra época la gente se mata sin razón. El odio, la falta de moral, los "negocios", son tantas las razones, aún se mata por odio a una religión o a una raza, o por el deseo injustificado.
En Toulouse, Francia un sujeto asesinó a tres niños y a un rabino en el colegio Ozar Hatorah. En San Salvador muere alguien por no tener 0.25 centavos o por caminar por el lugar incorrecto. En la frontera de México mueren por querer cruzar la frontera rumbo a Estados Unidos.
Hay asesinatos en todas partes. Siempre porque se da la acción de matar, el deseo de causar la muerte, de borrar de la existencia a alguien.
El planeta aún no ha logrado superar esos vicios terribles del pasado y cada vez existen nuevas victimas del odio. Como si no fuera mejor abogar por la vida y cultivarla. La vida es un bien tan valioso, al que todos los seres humanos tenemos derecho.

jueves, 15 de marzo de 2012

La generación de poetas de postguerra (1990 -2000) o generación del gonce.

La generación de poetas de postguerra (1990 -2000) o generación del gonce.
En la Generación de poetas de postguerra (1990-2000), destacaron cuatro grupos literarios: TALEGA, Tecpán, El Cuervo y La Fragua.
En este recital podremos escuchar las propuestas de Osvaldo Hernández, Carlos Clará, Luis Angulo, William Alfaro, Eleazar Rivera y Mauricio Vallejo Márquez.
El moderardor será el poeta panameño Pablo Menacho.
Viernes 16 de marzo a las 6:30 pm.
En la Casa tomada, Centro Cultural de España en El Salvador.

lunes, 27 de febrero de 2012

Suplemento Tres mil, edición del sábado 25 de febrero de 2012


Bitácora Fromm y el amor Pág 2.
Identidad
El despeque literario del martinato Pág 3.
Rostros
Javier Alvarado Pág 4.
Artículo
Una Gala a la palabra Pág 5.
Cuento
Cayetana murió de frío Pág 6.
Prosalegre No dejaré que me lo quiten Pág 7.




---
En el despegue literario del martinato
Cuentos de barro sin censura (i/iii)

Rafael Lara-Martínez New Mexico Institute of Mining and Technology soter@nmt.edu Desde Comala siempre…

…[La historia] de un recordar sin recuerdos. Salarrué

…Con buen acierto y comprensión de patriota ha llenado Ud. las páginas de su obra… ensanchando de ese modo el horizonte moral de la Patria…
Maximiliano Hernández Martínez
Presidente Constitucional de la República

0. La doble tachadura
Una doble omisión define las ediciones actuales de Cuentos de barro de Salarrué (Editorial «La Montaña»/Tipografía Cisneros, diciembre de 1933). Ninguna publicación incluye las ilustraciones originales que acompañan cada relato ni rastrea su ejemplar príncipe. Por la primera falta se prohíbe toda reflexión que relacione la palabra a la imagen. Entre la literatura de Salarrué y las ilustraciones de José Mejía Vides en la edición príncipe, no habría vínculo alguno. Adrede se ignora si existen otros enlaces entre la narrativa salarueriana y sus colegas pintores.
La traducción de las metáforas verbales en arte plástico la censura una memoria ávida de olvido. Pero un proyecto de arte integral —literario y pictórico— define la intención original del autor. Todo «cuento de barro» sería una experiencia auditiva y visual a la vez. El sonido de una lectura a altavoz lo complementa la mirada. Al presente, las ediciones en prensa censuran el placer artístico de la vista.
---

El 1932 de Rafael Lara Martínez

Álvaro rivera larios Escritor
No se puede negar el impacto que tuvieron las medidas institucionales de Martínez para incentivar y difundir una «cultura» que, a la larga, contribuyó a forjar un sentido inédito de «nación» (había que soldar simbólicamente las heridas del país fracturado). Pero todas esas medidas, reveladoras de un compromiso con «cierta idea del pueblo», no fueron necesariamente democráticas o revolucionarias. También los nacionalismos conservadores invocan al «pueblo» y extraen símbolos identitarios de «las tradiciones populares». Habría que preguntarse por qué, de modo semejante al Gral. Martínez, un intelectual como el mexicano José Vasconcelos (gran promotor del muralismo en su país) fue también un simpatizante activo de Hitler.

martes, 21 de febrero de 2012

Suplemento Tresmil, edición de Sábado 18 de febrero

BITÁCORA Librerías y autores nacionales PÁG 2.
IDENTIDAD Entre la generación del gonce PÁG 3.
ENTREVISTA Geografía del orgasmo de Miguel Ángel Chinchilla PÁG 4.
ARTÍCULO El 1932 de Rafael Lara-Martínez, escrito por Álvaro Rivera Larios PÁG 5.
POESÍA José Roberto Cea PÁG 6.
NARRATIVA El Árbol del camino de Carolina Lucero PÁG 7.




En este artículo, el doctor Rafael Lara-Martínez realiza un análisis del surgimiento de la generación de posguerra a la que él denomina la generación del Gonce:
"Antes que toda temática, la poesía que compila este volumen comparte dos rubros irreconocidos. Nadie predice la llegada de una nueva generación y, por ello, se ignora su presencia. Hacia los últimos años de la guerra, ninguna publicación vaticina su arribo", Rafael Lara-Martínez.

sábado, 11 de febrero de 2012

Tres mil 11 de febrero


Galería Culpables por complicidad Pág 2. Identidad Del mural «inmoral» Pág 3. Artículo Los mundos de Chiyo y Salarrué Pág 4. Rostros Mauricio Orellana Suárez Pág 4. Prosalegre El descuidado enamorado Pág 6. Poesía Alfonso Fajardo Pág 7. Artículo Amor, erotismo: literatura pág 8.


Culpables por complicidad
Lya Ayala
Subcoordinadora

Leí recientemente en un periódico español fragmentos del relato de una mujer que padeció violaciones a manos de un sacerdote que llegaba a visitarla al hospital cuando ella era pequeña. Aunque pasó el tiempo, nunca lo olvidó. (leer más en el Suplemento tres mil)
---
Del mural "inmoral"
Patrimonio cultural desde lo simbólico

Rafael Lara-Martínez
Tecnológico de Nuevo México
soter@nmt.edu
Desde Comala siempre…

Ante todo le agradezco a la señora Elena Salamanca invitarme, acordarse de mí, alma en pena, habitante de Comala. Reconozco que ella se acuerda de mí, que no estoy “medio muerto” como decía Roque Dalton, si no muerto y medio, muerto más allá “nel mezzo del cammin de nostra vita”. Muerto en vida, vago por el desierto “oscuro” de Aztlán, dice la ciencia médica. Así estoy yo a la merced milagrosa de la Cihuanaba y de los Tepehuas, quienes de canceroso me conceden la bondad temporal del “bien-te-veo”. Mientras divago sobre el tema del Patrimonio Nacional, mil gracias, doña Elena por invitarme… (leer más en el Suplemento tres mil)
---

Amor, erotismo: literatura
Jorge Castellón
Escritor
La vida es también vivencia del deseo erótico y el anhelo amoroso. Anegados por esa “llama doble” -como Octavio Paz ha titulado uno de sus ensayos fabulosos-, el amor y el erotismo nos construyen, hasta llegar a definirnos, tanto como lo hace nuestra voz, nuestro andar, nuestro carácter, y por qué no, nuestra particular idea sobre la esencia de la vida. (leer más en el Suplemento tres mil)

sábado, 4 de febrero de 2012

Poetas de postguerra de El Salvador


Por Mauricio Vallejo Márquez
En El Salvador se vivió una guerra desde 1980 a 1992. Aunque desde 1974 se sufrían la represión y se dieron los primeros enfrentamientos. Los niños que vivimos esos años, sabedores de la obligación de compartir las horas ante la luz de una vela y con la firme prohibición de salir a la calle porque había toque , fuimos creciendo mientras el conflicto aumentaba y llegaba a su fin tras la ofensiva final Hasta el tope del 11 de noviembre de 1989. El Gobierno de Alfredo Cristiani y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) comenzaban al fin a tener negociaciones de paz, aún más prometedoras que las que ya había iniciado infructuosamente el Ing. Napoleón Duarte, primer presiente civil tras años de gobiernos militares.
Las calles de nuestras colonias no eran negras, sino doradas por la gran cantidad de casquillos de balas, los muros de muchas casas tuvieron alojadas más de una bala y los muertos observaban caminar a los vivos con esa mirada que parecería jamás tener fin. Así crecimos, con estampas de la guerra haciendo mella en nuestro espíritu, sabedores que nuestros padres, hermanos y amigos dejaron su vida por la causa o por la represión. Y así vimo a muchos partir hacia Australia, Suiza, Estados Unidos, Canadá y la lista sigue y sigue. La diáspora, el exilio.
Nosotros en cambio tuvimos que enfrentar la guerra y la postguerra sujetos a la decisión de nuestros padres, expectantes.
Esa guerra dejó su herencia en los niños que la vivimos y ahora surge tras veinte años de haberse firmado los acuerdos de paz.

Elmer Menjívar, Alfonso Fajardo, carlos Clará, Osvaldo Hernández y Lya Ayala en la presentación de la antología Lunáticos, poetas noventeros de la Postguerra en La Luna.

Carlos Clará, Noé Lima, Osvaldo Hernández y Erick Chávez.

Alex Canizalez, Danilo Villalta y Mayté Gómez.

lunes, 23 de enero de 2012

Tecla poética


POESÍA EN SANTA TECLA

Viernes 27 de enero.

Presentación del libro del poeta hondureño Fabricio Estrada: Blancas piranhas (Pez Dulce, 2011). La presentación estará a cargo del poeta Alfonso Fajardo.

· Palacio Tecleño de la Cultura y las Artes (2 Av. Norte, y 1 calle Poniente 3-1, contiguo a la Alcaldía de Santa Tecla. Tel.: 25349628). 6:30 pm. Entrada gratuita.

Sábado 28 de enero.

TECLA POÉTICA. Lectura de poesía con Pablo Menacho (Panamá), Fabricio Estrada (Honduras), Mario Noel Rodríguez, Alfonso Fajardo, Luis Angulo Violantes. Mauricio Vallejo Márquez y Carlos Clará.

· Museo Municipal Tecleño, MUTE (7 Av. Sur 1-4, Santa Tecla, expenitenciaría. Tel.: 2500 1356, 2534 9633). 6:30 pm. Entrada gratuita.