jueves, 12 de diciembre de 2013

Dimas Rodríguez no es olvidado

Hoy recordamos a Nicolás Hernán Solórzano Sánchez,  el Comandante Dimas Rodríguez, en el cementerio de los ilustres.
El comandante Dimas siempre mantuvo acercamiento con los compañeros y compañeras y se ganó el respeto, la admiración y el cariño de todos. Aprendía los nombres de cada uno, además de su historia.
Para Douglas Linares su muerte lo marcó. El recibió el mensaje por radio durante la Ofensiva final Hasta el tope de 1989, las palabras eran breves pero con una enorme noticia: “Dimas cayó”.
En la actividad se encontraron familiares y compañeros del comandante Dimas.
Hombres y mujeres como Dimas Rodríguez deben mantenerse en nuestras memorias para seguir su ejemplo de solidaridad y compañerismo.
 Los compañeros no sólo recordaron la mística de Dimas Rodríguez, sino que también la cercanía con todo el grupo, así como algunas anécdotas, como la que vivieron en una casa de seguridad en Costa Rica, cuando al llegar encontraron todo hecho un desastre que daba la apariencia de que llegó el enemigo a registrarlos, pero en realidad había sido el hijo de la dueña que tenía problemas mentales.

 Cedamer acompañó la actividad. Se cantó el himno del FMLN y la Milonga del fusilado como un recuerdo a Dimas Rodríguez.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Literatura y compromiso

Por Mauricio Vallejo Márquez

La literatura debería estar desligada de la política, afirman algunos. Claro, es fácil decir que la literatura está distante de la verdad y la realidad por estar en la ficción o sólo por utilizar la realidad como materia prima. Sin embargo, eso no es posible.
La literatura está comprometida con la verdad, con la justicia y con todo lo que está relacionada la humanidad. Un poeta no puede estar lejano de lo que sucede, de su tiempo y de las necesidades y sucesos de su entorno.
Desde la antigüedad nos hemos percatado de ello, el mismo caso de la Ilíada de Homero u otros referentes como Los Miserables de Víctor Hugo nos lo demuestran. El tiempo en que nos toca vivir se ve plasmado en los escritos.
En El Salvador no es la excepción y muchos escritores y escritoras dieron su vida porque se atrevieron no sólo a mostrar la realidad, sino que también denunciaron los atropellos de regímenes militares y opresores.
Y desde 1944 pudimos ver la fuerza y la valentía de literatos: Oswaldo Escobar Velado, Pedro Geofroy Rivas y Matilde Elena López quienes se pronunciaron y abrieron la brecha para que las siguientes generaciones lo hicieran porque era la realidad y no podían estar ausentes de esta.
Luego la Generación comprometida donde las plumas no se callaron y siguieron esta lucha con autores como Roque Dalton, Manlio Argueta, Tirso Canales y José Roberto Cea.
Entre 1960 y 1970 los poetas de Piedra y Siglo también hicieron lo suyo y los nombres de Julio Iraheta Santos, Ricardo Castrorrivas, Ovidio Villafuerte, Rafael Mendoza, Jorge Campos, Uriel Valencia y Luis Melgar Brizuela no negaron la realidad y se dedicaron a mostrarla. Ya no se diga Jose María Cuéllar quien es uno de los primeros escritores que perdieron la vida en esos convulsos años.
Luego el compromiso no sólo fue la palabra, sino también la acción. Hombres y mujeres que no sólo denunciaron, sino que se sumaron a las luchas en sus diferentes trincheras: Lil Milagro Ramírez, Rigoberto Góngora, Mauricio Vallejo Marroquín, Jaime Suárez Quemaìn, Alfonso Hernández y Delfy Góchez. Claro, la lista es mucho mas extensa y necesaria de estudiar y conocer. Poetas y literatos que mostraron su tiempo, sus vidas y son un testimonio de que nuestra historia sigue viva porque sus plumas no dejaron de mostrarla. Así como muchos más que aún viven y continuan en esa lucha a la espera de ser conocidos y leídos.

sábado, 19 de octubre de 2013

Esas maravillosas diferencias

por Mauricio Vallejo Márquez

El mundo es uno. En toda su anchura y dimensiones conforma un inmenso conjunto de unidad en el que existe diversidad de colores, formas y tamaños. En el que no podemos negar que existen diferencias, las que vuelven único el conjunto, a pesar de toda la variedad. Y eso es difícil de aceptar para algunos, quienes preferirían la monotonía de las sociedades porque les resulta impensable que existan diferencias, y padecen de racismo y xenofobia. Así como sucede con algunas sociedades al norte de nuestro país que aún ven con desprecio a latinos y afrodescendientes. El mundo no es una industria en la que se producen humanos como modelos en serie. Cada individuo es diferente, así como lo demuestran sus orejas y sus huellas digitales.
Sin embargo, el señalar las diferencias como algo no bueno resulta usual, pretendiendo mostrar los defectos de cada raza o nación, o infundirla aunque no exista. Crearla como lo hicieron los nazis y se ve en la teoría de la aguja hipodermica, y cuyas ideas aún persisten incluso en nuestro país. Nadie está exento, sobre todo por la influencia que los medios de comunicación tienen acerca del tema. En donde vemos sin ninguna regulación los vicios y defectos de la humanidad. Y cada año resultan menores los filtros, ya todos tienen acceso a programas sin regulación en el cable. Basta quedarse un par de horas despierto para que menores de edad puedan ver estos escenarios de odio.
Y mientras tanto esas hermosas diferencias son negadas e invisibilizadas, diferencias que son como las del cuerpo humano, el cual posee distintos miembros y órganos que resultan necesarias para su funcionamiento.
Así es el mundo también. Lleno de diferencias necesarias no sólo para visualizar las distintas culturas y costumbres, porque son fundamentales para el enriquecimiento de la sabiduría, la economía, el arte, el deporte y la política. Cada uno de estos pueblos aporta a la humanidad.
No podemos negar que estas diferencias, habitando en simbiosis, nos enriquecen; nos hacen mejores. Y que al contrario rechazándolas con ese gesto terrible nos llevan al retroceso, a la derrota y al reproche como lo demostró la Alemania de Adolf Hitler, cuando en su ciego odio por lo diferente pretendió destruir a los judíos y exterminó a más de seis millones en los campos de concentración. Claro y eso lo hemos vivido acá cuando en 1932 el general Maximiliano Hernández Martínez hizo lo mismo con buena parte de los indígenas de Izalco. Penosa sombra de nuestra historia que no debemos olvidar y que se debe aprender de ella para no repetirla, en lugar de celebrarla como hacen algunos.
Porqué no podemos aprender de esos maravillosos años en España cuando musulmanes, judíos y cristianos vivieron en armonía y paz. ¿Es acaso tan dificil?

martes, 15 de octubre de 2013

Los pasillos del ajedrez

por Mauricio Vallejo Márquez

Mis tardes estuvieron llenas de ajedrez. Desde que aprendía a jugarlo no había día en que no me encontrara en una batalla en esos 64 escaques. Llevaba siempre en mi mochila un tablero de ajedrez y en cada lugar donde se pudiera jugaba, me encantaba enfrentar a las personas que mejor jugaran. La mayoría de muchachos en la colonia nos reuníamos bajo un laurel de la India y entre cuatro tableros nos dedicábamos a mover alfiles y torres. Organizábamos maratónicos campeonatos en los que el premio era sencillamente jugar ajedrez.
Desde pequeño sentía atracción por el deporte-ciencia. Mi papá había jugado y eso era ya un incentivo, pero el que más me incentivo fue cuando formé parte de la selección del Cristóbal Colón en 1997. Justo en los pasillos de dicho colegio me encontré un mediodía con Carlos Ríos. Ya me habían dicho que él era bueno para jugar, y yo quería probarme. Lo invité, él se mostró poco interesado, pero accedió. Esos pasillos del Cristóbal fueron el sitio para comenzar buenas partidas.
-Una defensa irregular -dijo
-¿Perdón? -pregunté
En aquella época desconocía el término irregular o de indias. Así que me sentía confundido. Tras la partida se me revelaron muchas cosas.
Me di cuenta de que existía diferencia entre aperturas y defensas y que estas a su vez se dividían en abiertas, semiabiertas, semicerradas y cerradas. Y como sabía que mi papá tenía libros de ajedrez comencé a indagar hasta que tuve acceso a ellos. Ríos en ese tiempo me había obsequiado el Sentido común en el Ajedrez, algo que resultó verdaderamente instructivo. Sumando las tardes en la Federación de Ajedrez llegué a moverme con Caro Khan y el Gambito Escocés con tanto gusto.
Esos pasillos del Cristóbal guardan muchas historias, incluso los entrenamientos que nos daba Carlos Álvarez y en los que compartimos también con Ricardo Ríos.
De esas tardes aprendí que en verdad la vida es como el ajedrez, porque es fundamental saber tener un plan para ganar, que se debe estudiar para sobrevivir y que la perseverancia logra estupendos resultados aunque la derrota parezca inminente.

domingo, 13 de octubre de 2013

Escribir

por Mauricio Vallejo Márquez


Otra vez heme aquí, escribiendo y diciendo, hablando. Como si nunca lo hubiera dejado de hacer, como si nunca más lo hiciera. Siendo libre de vivir y de conformar nombres, obras y palabras. Sólo observando y plasmando con gerundios una realidad indeterminada como el vino que surge de esas cuatro letras latinas que pretenden contener el vino como si fuera posible; aunque en realidad sea inexistente porque toda palabra dicha en la cotidianidad no existe, porque la palabra es ideal, pero ausente; efímera duda, un aliento. Mientras lo material permanece y su propia permanencia puede ser falsa o inclusa inmortal, como lo demuestran los museos y las reliquias, pero aún están. Son testimonio de cosas que existieron, pero ya no existen y su pasado quedó en lo efímero e inexistente, aunque no sucede lo mismo con la palabra escrita que tiene mayor duración a pesar de que muchas veces no es pronunciada. Y entonces qué nos queda, sino escribir para que la palabra permanezca, aunque llegue la muerte o el fin.

martes, 8 de octubre de 2013

Entrañable Ché

por Mauricio Vallejo Márquez

Mi abuela me trajo de Cuba una camiseta. Pero no era una cualquiera, tenía la imagen del Ché Guevara. Era blanca, el dibujo de líneas negras y la palabra “Ché” en rojo. Era un sueño de camiseta, me encantaba usarla. Así que el uso terminó desgastando mi querida prenda, pero no mi admiración para el inmortal argentino.
Unos cinco años atrás mi tío Tony me había obsequiado una biografía del Ché escrita por Pierre Kalfon que me instruyó mucho, porque en mi niñez miraba al Ché como aquel paladín de la justicia, tan inclaudicable como El Quijote, tan valeroso como Sigfried y tan noble y orgulloso como Tlahuicole. Pero había algo más, Como suele sucedere en estos enormes hombres como Salvador Allende y Hugo Chávez.
El Ché, Ernesto Guevara de la Serna no fue un hombre común, sino jamás hubiera trascendido su imagen ni se hubiera convertido en un ícono de la revolución, de la rebeldía, de la lucha. El Ché no era un tipo cualquiera. Tenía personalidad y corazón. Y eso no engaña a la gente, al contrario la anima a seguir y a cambiar.
El Ché es un ejemplo, su vida lo es. Todo ser humano comete errores, pero siempre debemos observar lo positivio, lo que nos instruye y nos ayude a crecer. En él existen varias características, comentaré solo algunas:
Se concidera un ciudadano del mundo. Nace en Argentina, pero se siente profundamente identificado con las luchas de Latinoamérica y es por eso que se embarca junto a Fidel Castro en la Revolución Cubana. Llega como médico, pero termina convirtiéndose en comandante.
Era un hombre de una sola pieza. Creía en sus ideales y los defendía, consideraba que pelear por las causas justas no era un juego o un simple momento de negociación. Era una lucha fuera con quien fuera. Nunca hubo un momento de repliegue, ni aún con sus propios camaradas.
Su presencia mediática era fantástica, algo que solo se logra gracias a su seguridad y a su desenfado.
El Ché era asmático, pero eso no lo detuvo para recorrer en moto nuestra América, ni para querer apoyar a Jacobo Arbens en Guatemala y mucho menos para sumarse en la lucha cubana. Tampoco para animar el Estado Cubano. Y mucho menos para aventurarse en El Congo y luego en Bolivia. Para el Ché no había muro que lo detuviera salvo la traición.
La traición es dolorosa, porque nunca viene del enemigo. La gente que traiciona es de confianza, personas cercanas a las que se les acepta y se estima. Guevara fue traicionado. Esa era la única forma de derribar a un gigante. Sin embargo, los asesinos de gigantes se les olvida que cuando matan a alguien como El Ché lo vuelven inmortal, imparable. Y en esa inmortalidad es imposible matar.

jueves, 3 de octubre de 2013

SEMINARIO TALLER DE ESCRITURA CREATIVA

SEMINARIO TALLER DE ESCRITURA CREATIVA 

Impartido por el escritor Mauricio Vallejo Márquez 
Contenido del Taller:
 •IMAGEN Y METÁFORA
 •TROPOLOGÍA 
•ELEGANCIA DEL LENGUAJE 

Autores a analizar
 • César Vallejo
 • Luis de Góngora 
• Luis Cardoza y Aragón 

A impartirse los días sábados: 
 12 de octubre de 2013 y 26 de octubre de 2013 
02 de noviembre de 2013 y 09 de noviembre de 2013 

Horario: 2:30 p.m. a 4:30 p.m. 

Lugar:
Asociación Cultural Islámica Shiíta de El Salvador Calle y Colonia Centroamérica N•122 
(+503) 2102-9317

Inversión $15 CUPO LIMITADO Último día de inscripción: Viernes 11 de octubre

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Bitácora en el Palacio Tecleño

por Mauricio Vallejo Márquez

Trabajar un libro es como desarrollar una vida. Uno comienza dando unos cuantos pasos hasta que logramos tomar el camino. Pasamos de aprender a sentarnos a gatear y luego caminar hasta que corremos. Todo es un proceso.
“No hay dios ni hijo de Dios sin desarrollo”, afirmaba en sus versos César Vallejo. Y lo agradezco.
Bitácora es un libro que me llena. En él demuestro un poco lo que soy, lo que he vivido. La forma en que he visto la vida en cada uno de los naufragios que he sobrevivido y que aún continuo haciéndolo. La guerra, la posguerra están presentes en él, al igual que la fe. Sencillamente porque esos elementos son parte de mi y no pudo negarlos.
En esta exposición, recital y conversatorio cuento con el apoyo de los compañeros de La Fragua, de la Asociación Cultural Islámica Shiita de El Salvador y los compañeros del Gremio de Artistas de Tonacatepeque. Y eso es algo que me encanta, porque Bitácora no es mi libro, es el poemario de todos y que mejor forma de presentarlo que con postales y conceptos que han sido inspirados en esos versos que el buen Capitán va llenando en sus páginas como si fueran propias y de tantos.
Un gran abrazo compañeras y compañeros. Nos vemos en el Palacio Tecleño para habitar nuestra Bitácora.
El evento comenzará a las 6:30 en el Palacio Tecleño, que está ubicado junto a la Alcaldía Municipal de Santa Tecla en el Paseo El Carmen.
Están todas y todos invitados.

martes, 20 de agosto de 2013

Bitácora, el canto del mar en la Alianza Francesa de El Salvador

Mauricio Vallejo Márquez brinda un recital-conversatorio de su poemario Bitácora, una lectura de poesía que combina música y postales de fragmentos de sus poemas. Bitácora es un canto del mar, el relato de la vida de marinos y sus familias que se embarcan en el peligroso y hermoso viaje de la vida, en el que existen naufragios y eternidad. La música estará a cargo del cantautor Carlos Rubio Calles. Las postales expuestas son un trabajo de Ediciones La Fragua Martes 10 de septiembre 7:30 pm Alianza Francesa de San Salvador
Colonia y Calle la Mascota #547
Pasaje #2, San Salvador.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Antes ver

por Mauricio Vallejo Márquez

Recuerdo mi primer par de anteojos. Tenía seis años. Desde hace más de 2 creía que el mundo era algo recubierto de neblina y el cielo era algo incomprensible entre celeste y azul, me decían que viera las estrellas y nada. Era extraño. Cuando cursaba preparatoria en el Externado de San José la Señorita Margarita le dijo a mi mamá que debía ver el oculista, así que fui. Cuando empecé a ver pasar los cristales frente a mí fue maravilloso, aquella densa neblina se volvía clara y podía ver. Recuerdo cuando salí junto a mi abuela y mi tío Luis Manuel de la óptica, estaba tan sorprendido, había redescubierto el mundo.
Esa felicidad se vio opacado al llegar al colegio la mañana siguiente, desde el portón comenzaron las burlas, niños maleducados que me llamaban cuatro ojos, choco, ciego y otros apelativos todavía más bajos. Mis compañeros también fueron así, pero que se puede esperar de niños que se divertían menospreciando a otros. Claro que no todos eran así. En fin al principio eso fue duro para mí, pasé de ser cotidiano a ser el blanco de apodos y burlas. Pero no estaba dispuesto a eso, así que no me dejé y comencé a imponerme a fuerza, lo que me valió castigos de parte de mis profesores, quienes no amonestaban a los niños molestones, sino al que se defendía (a mí). Esos años en el Externado así fueron. En esos tiempos éramos pocos niños los que usábamos anteojos.
Como todo niño, de vez en cuando quebraba mis anteojos. Eso era una tragedia, sobre todo porque sin ellos era técnicamente un ciego por mi alta graduación de miopía y astigmatismo. Y cada vez que recuperaba los lentes me sentía en la gloria, todo un victorioso espartano.
Tengo 33 años, y no puedo imaginarme mi vida sin anteojos. A veces me he sentido incomodo con ellos, pero en definitiva han sido fundamentales en mi vida. Al final de cuentas las burlas no valen  lo mismo que tener la oportunidad de ver con claridad, ¿Quién será más ciego? ¿El que ve con lentes o el que se burla de los que usan lentes?

martes, 13 de agosto de 2013

La carretera

Por Mauricio Vallejo Márquez

Tenía años de no sentir que navegaba por una carretera. Esa sensación de arrullo mientras el vehículo se desliza por el inmenso río de asfalto, a tal grado que poco a poco se tiene la sensación de que entremos a un sueño.
Cuando viajaba todos los viernes al oriente del país se volvió algo tan acostumbrado, que cuando estaba en San Salvador sólo quería permanecer en casa. Ahora, después de casi diez años de no salir tan seguido, viajo con tanta frecuencia y aún me queda la necesidad de continuar viajando.
Mientras miraba los almanaques viejos en la casa de mi familia paterna en Tonaca me decía: “quiero viajar”. Pero no sólo ese salir del país, sino conocer mi país, sus rincones, sus aristas, su gente, sus costumbres, sus alimentos. Con ese trabajo de viajar a Oriente comencé ese sueño y ahora, de nuevo tengo esa oportunidad y aún queda en mí la necesidad de seguir caminando entre nuestra gente, nuestros valles, nuestras playas. Aún hay mucho por seguir conociendo y todo gracias a que un vehículo navega por la carretera.

jueves, 18 de julio de 2013

Soñando la realidad

Por Mauricio Vallejo Márquez

Una de las grandes curiosidades de la vida es que el futuro se labra  por distintas manos. Puede ser con el tesón inquebrantable de un Napoleón o un Gandhi, pero también por el entorno. Al final de cuentas siempre resulta el entorno la principal razón: los hechos históricos, la geografía, la economía.
Puede que los sucesos y las personas que se encuentran al rededor sean determinantes, sin embargo el fundamental reside en el individuo, el individuo como ente singular es el que decide si es parte de la cadena impuesta o  se atreve a cambiar, a romper estigmatizaciones, paradigmas, tradiciones.
Eso es lo que divide al mundo entre soñadores o idealistas y el resto de la humanidad.
Los idealistas luchan contra el entorno, el desánimo que pretenden realizar los que no creen que es posible crecer, cambiar, crear.
Para que algo sea real, es necesario soñarlo. Pero el sueño no debe quedar en eso, en sólo un recuerdo onírico. Debe de concretarse, y eso sólo se hace trabajando por hacerlo realidad.

lunes, 15 de julio de 2013

La aventura del orden

Por Mauricio Vallejo Márquez

Estamos en etapa de reingeniería, reconstrucción y depuración. Esas etapas maravillosas en las que decidimos cambiar lo malo por lo bueno, con la esperanza de que la decisión sea la correcta.
En toda esta aventura he navegado por libros, documentos, escritos y archivos varios. Entre tanto papel me he encontrado con elementos valiosos, recuerdos maravillosos y sobre todo con la satisfacción de ser capaz de ordenar mi mundo. Anoche reencontré un material fantástico acerca de Aristóteles y Platón que me trasladó a aquella clase de Filosofía impartida por Guillermo Padilla, un buen lector de Nietzsche con el que compartimos platiques a la salida de aquella Aula Magna. También me reencontré con escritos que había dado por perdidos y muchos apuntes que pretendemos ordenar.
También encontré material que debe ser mandado al retiro. En fin, poco a poco el ordenamiento de mis archivos va dándome luz de que vamos caminando.

miércoles, 10 de julio de 2013

La noche de Vallejo

por Mauricio Vallejo Márquez

Cada visita a Tonaca me resulta emotiva. Llego a sentir que voy a visitar a mi papá y claro con tantas muestras de afecto de sus coterráneos y amigos es evidente de que Mauricio Vallejo vive en Tonaca.
Cuando era pequeño esperaba que durante la noche llegaría e incluso lo imaginé en múltiples ocasiones de pie frente a mí, apoyado en el dintel de la puerta con una camisa roja. Esa fantasía infantil quizá ayudó a superar su ausencia, así como el conocer de él a través de sus amigos y de mi familia materna. Ya no se diga cuando tuve sus escritos en mis manos. Tenía 18 años cuando mi abuela Josefina consideró que era tiempo para sacar el tesoro que ella junto a mi abuelo Mauro enterraron en el jardín de la casa y donde luego construyeron una bodega. Junto a unos amigos rompimos el piso y comenzamos a cavar, pero el lugar exacto se había olvidado, pero mi tío Luis Manuel aún recordaba. Encontramos los escritos que estaban cubiertos por las raíces de un árbol de mango.
Es lamentable que seamos un país sin memoria, que olvida con facilidad o que sume en el silencio la historia. Mi papá al igual que sus coetáneos mártires sufrieron por años el silencio, pero todo tiene su tiempo y sus vidas y obra poco a poco comienza a ser conocida.
El sábado 6 de julio fue un momento para sentir la cercanía de mi padre gracias a los amigos del Gremio de Artistas de Tonacatepeque, La Sociedad La Noche de Vallejo y de todos sus amigos. Así como el apoyo de la Asociación Cultural Islámica Shiita de El Salvador, Ediciones la Fragua y Diario Co Latino.
Cuando llegamos a Tonaca vimos el rostro de mi papá en los postes y luego una exposición de fotografías en la sala de exposiciones del Centro Cultural El Mesón. Sólo sentir esa fuerza, esa solidaridad ese amor a la memoria de Mauricio Vallejo, era tan emotivo.
Me conmueve encontrar en la gente de Tonaca tanto cariño para mi papá, no sólo por su obra en la que siempre estuvo presente su amada Tonaca, sino por su calidez humana, por su solidaridad, por ser un hombre humilde y que se llevó bien con todos. Una persona que logra eso es algo de admirar, y es una razón por la que admiro a mi papá, que ha tenido amistades tan fuertes que trascendieron la muerte, tan fuertes y estrechas.
Éste sábado tuvimos la oportunidad de escuchar historias de él gracias a su amigo, el actor y director de teatro Donald Paz, quien fue el coordinador del colectivo artístico en el que mi papá trabajó y que ahora habita en Francia. Contó anécdotas graciosas como el día en que se tomaron un árbol de mango en la UES cuando protestaban por ciertas injusticias de la época, también como realizaron la obra Un solo golpe al caite que mi papá escribió el guión, de como realizaron grabaciones con música y poesía. En fin contó como era mi papá en ese ambiente de amigo, de artista y revolucionario.
La poeta Ana Mercedes Cañadas de Navas estuvo junto a él el día en que lo secuestraron y contó como se desarrolló el evento, algo que nunca pudo hacer Francisco Andrés Escobar, quien estuvo justo a la par de mi papá cuando ocurrió esa tragedia. En Cambio ella, tuvo la valentía de contar con lujo de detalles la escena, aunque estaba a unos metros.
Mi mamá y abuela se encargaron de contar la vida íntima de él. Mi abuela fue su maestra en el Inframen y mi mamá, su esposa. La mamá de mi papá murió hace algunos años y por eso no pudo acompañarnos.
Luego del conversatorio se leyeron poemas de él, distintos poetas y amigos como Rob Escobar, Bilal Portillo, Jorge Canales, Erick Jalagua, David Duke y por supuesto La Sociedad La Noche de Vallejo.
Tras esto Se desarrollaron dos piezas de danza, y mientras se daba todo el evento Carlos Córdoba realizó una magnífica puesta en escena de estatuismo.
La música también estuvo presente con la maravillosa voz de Margarita Navas Cañadas que fue acompañada por la guitarra de Diego de Tonaca.
Tras el recital se realizó una procesión por las calles de Tonacatepeque en la que se leían los versos de Mauricio Vallejo. Rob Escobar se detenía en cada esquina y con megafono en mano leía: “Yo soy el mero gallo, de mi pueblo... sí señor...”. Los postes del camino se llenaban del rostro de Mauricio Vallejo y sus versos: “Nací para desobedecer lo establecido”. Y en cada esquina dejaban escapar al cielo un cohete de vara. La gente llevaba velas en sus manos. Hasta que llegamos a la casa que habitó mi papá y donde Acción Poética- Libertad Poética pintaron un mural en su honor. Allí dejamos las velas como un recuerdo a su memoria y la promesa de no olvidarlo jamás.



jueves, 4 de julio de 2013

Esperare

Por Mauricio Vallejo Márquez

Si supiera papá, si supiera ,
si tan sólo tuviera una idea ,
pequeñita ,
insignificante ,
una muestra diminuta
de lo que te pasó
en esta guerra que hace tiempo anocheció
no te seguiría esperando día a día
y guardaría al fin tus cosas
sólo para mostrarlas a tus nietos
y a su tiempo
como debe ser .

Quizá si lo supiera
no hubiera perdido tus escritos
con la torpeza que lo hice
y no recuerdo como fue .
Cuando todo parecía acabar
Se encontraron , todos, como no pensé que sería
De la mano de tu nuera .

Aunque nada es probable
quizá todo fuera  igual
e incluso esperaría que ya viejos 
abordáramos el mismo bus
camino a Candelaria
y te viera
y me vieras
ajenos a quienes somos  
padre e hijo
marchando a los años
inclinando nuestras hojas en la tierra
sin saber que nos  vimos .

Al menos eso me dejaron
tus asesinos :
la esperanza de verte

hasta que muera .

miércoles, 3 de julio de 2013

La libertad es sumisión

por Mauricio Vallejo Márquez

Sócrates demostró al beber aquella copa con cicuta que la libertad está subordinada a una decisión. Sin pensarlo dos veces optó por el suicidio antes de vivir fuera de la polis. A Sócrates se le obligó a escoger entre la  muerte y el destierro de la polis. La vida fuera de la ciudad griega era un atropello a su pensamiento libre, así que la muerte era el único recurso para seguir teniendo libertad.
Platón, al contrario de Sócrates, no vio en la libertad un bien invaluable pues consideró que al entregarse a la esclavitud el hombre mejora. Es posible que él no considerara el sometimiento del hombre por el hombre como un hecho necesario para su evolución, sino que el sometimiento de nuestros impulsos naturales para buscar el crecimiento como personas.
Los griegos tenían una cultura esclavista y su aristocracia veía en la esclavitud las claves de la superioridad a la que se refería Aristóteles, además de un símbolo de poder como más adelante los romanos establecieron como un estilo de vida, así como sucedió en las naciones europeas y los Estados Unidos.
Muchos siglos más tarde también sostiene esta idea Jesucristo a lo largo de los Evangelios en los que expresa que el que sirve es mejor. Y es, precisamente, el servicio un sometimiento que se hace de forma voluntaria ya sea por remuneración o por iniciativa. El servicio es uno de los fundamentos del pensamiento cristiano. Más adelante en las cartas del Nuevo Testamento el apóstol Pablo profundiza en esa libertad de servicio llamándolo dominio propio el cual enumera dentro de los frutos de la fe. Éste busca que el hombre domine sus propios impulsos naturales para ser realmente libre. Este pensamiento nos habla de dos formas de libertad: la primera en la cual las pasiones inherentes al ser humano son satisfechas; en la segunda, la libertad de dominar esas pasiones que refuerza el concepto del dominio propio, donde vemos el sometimiento de las propias pasiones.
Ambos conceptos muestran que el hombre en realidad no es libre porque debe dominar su libertad. Ya sea porque es obligado a no serlo o porque éste por voluntad debe ceder.
Jean Jeacques Rousseau consideró que el hombre es libre por naturaleza y sólo puede ser limitado por las leyes. Es decir que esta libertad está sometida a algo, en este caso a lo que estipula un Estado. Es uno de los límites externos que se encuentran en nuestra vida como la naturaleza, la moral y los recursos económicos.
Friedrich Nietzsche en su tesis sobre la moral nos mostró un punto de vista más individualista o íntimo. La libertad es una condición humana en que el deseo es parte de nuestra vida, siendo una acción esclavizante del ser humano. El ser humano es esclavo de sí mismo por lo cual la libertad es sumisión.
El hombre nace libre, pero en esa libertad ya limitada por factores externos el hombre se vuelve esclavo de sus pasiones, sentimientos y emociones.

El hombre no es responsable de haber nacido libre dentro de sus límites, pero si de vivir con esa libertad. La libertad es una responsabilidad con la que debe habitar el hombre. La responsabilidad es una obligación. Desde el momento en que la ejecutamos estamos esclavizados a ella.

martes, 2 de julio de 2013

La libertad y sus límites

por Mauricio Vallejo Márquez
        Un bebé está en su corral. Limitado no sólo por el lugar, sino por la naturaleza que no le permite tomar su propia decisión de salir de allí o de quedarse. Tiene límites que lo mantienen en ese lugar, pero si llora tiene la posibilidad de que su madre lo saque. Esto mismo vive el ser humano a lo largo de su vida.
Los límites son parte de la existencia. Desde que el ser humano se encuentra en el mundo debe de aprender a vivir con ellos y superarlos. Estas barreras nos detienen de no caer en dificultades,  o en la muerte, y además mantiene en cause a la sociedad, a la familia y a la comunidad. 
        La libertad, en cambio, no sólo es parte de la vida sino fundamental para la existencia humana, pero no puede existir una verdadera libertad sin límites. Estos deben ser estudiados y comprendidos para no romperlos y caer en la prisión del libertinaje que lleva a un descontrol al hombre reduciendo su vida o su propia libertad. Una persona tiene la decisión de violar la ley o no. Si la viola es seguro que en un momento será atrapado y luego deberá pagar un castigo: la cárcel. Y todos sabemos que esta no es un lugar de recreo y libertad. En cambio si no viola la ley no tendrá que pagar un castigo y podrá disfrutar de su libertad. Entonces podemos apreciar que la libertad «es una cuestión de medida, de condiciones y de límites en cualquier campo» como lo expresa Nicola Abbagnano. Es decir que merecemos o disfrutamos la libertad gracias a las limitantes que al mantenerlas o cumplirlas mantiene el orden natural o el social.
            Incluso para Jean Paul Sartre «la libertad es la elección que el hombre hace de su ser propio y del mundo». La libertad entonces está condicionada por nuestra forma de escoger como actuaremos ante las diferentes situaciones, y esta elección designa otras elecciones que también tendrá más límites.
Estos límites no permiten que exista la libertad absoluta, pues se ve limitada ante las libertades de su prójimo. La libre elección de cada uno termina en el lugar donde comienza otra libertad. El hombre tiene una libertad limitada.
            «Se dirá libre aquella cosa que existe por la sola necesidad de su naturaleza y se determina por sí sola a obrar», afirmó Baruch Spinoza volviendo al hombre un ser con fronteras que no puede cruzar. El ser humano puede querer volar pero se ve limitado por su naturaleza o sus recursos. No puede volar pues no esta diseñado para hacerlo como un ave y tampoco puede montar un avión a menos que disponga de la cantidad que exigen las aerolíneas para hacerlo. Pero en cambio: «Sólo Dios es libre porque sólo él existe por la sola necesidad de su naturaleza divina, el hombre no», continúa Spinoza.

            Conociendo esto nos damos cuenta que La libertad es una medida de posibilidades, una elección motivada o condicionada que está limitada tanto por nuestra naturaleza, las leyes dictadas por la sociedad, la moral y nuestros recursos económicos.

domingo, 30 de junio de 2013

Siempre las calles

Por Mauricio Vallejo Márquez

Las calles cuentan historias y tienen personalidad. Algunas son alegras, otras tristes y la gran mayoría se muestran serias, silenciosas, para después convertirse en lugares bulliciosos como el centro de San Salvador. Cada una de estas si pudieran hablar nos contaría un sinfín de hechos que han observado, de los cambios que han sufrido con el pasar de los años, la pequeña longitud que tenía cuando surgieron y como se han tendido que engordar para dar paso a varios carriles para desahogar el tráfico vehícular, e incluso su incertidumbre de su futuro porque podrían llegar a caer en desuso o a convertirse en el nexo de otra más grande. Calles que ahora son de concreto o de pavimento, y que un día fueron de tierra e incluso pudieron ser un bosque algún día, o un ejido o una tierra sagrada. Ahora tan lejanas de lo que fueron, así como cada uno de los seres humanos que cambian tanto mientras viven, para después dejar de existir y parecer que ese breve tiempo quedó ahí como un recuerdo en las aceras y avenidas. Porque al final los caminos son los únicos testigos, que aunque sean  mudos siempre están ahí.
 Y mientras la gente las recorre se miran ahí solas e inertes. Nadie se percata de que en esa calle que ahora es tranquila se manifestaron estudiantes que fueron asesinados, se enamoraron parejas, se alegró un niño, deambuló un Papa. Tantas cosas que han pasado y la gente anda sin fijarse porque siempre pensar de todo lo que bueno que implica ser acuciosos e imaginativos sólo existir es suficiente para ellos, el hecho de saber que están aunque no se detengan a pensar en que morirán, porque consideran perder el tiempo indagando en el pasado de su alrededor,  ya no se diga analizando su entorno, aunque pierdan de 3 a 4 horas de su vida por estar frente a un televisor. Siempre sentirán más divertido pasar tendidos en una hamaca que leer, estudiar, observar y pensar.
Las calles al igual que los días tienen  dos rostros. Por el día te muestran la cara más espontánea, la que está llena de pasos y rumores, de ruidos y colores. Por la noche te insinúan su soledad, su silencio y los misterios que llevan en su seno. De día se da el comercio, el tránsito, la cotidianidad y por la noche llegan las historias que muchos preferirían ocultar, las sombras, la prostitución, el delito.

Sin embargo, no importan las horas ni lo que pase en ellas, porque  siempre son las mismas; siempre estarán inmutables aun cuando llegue una almágana y las haga trizas; siempre serán las mismas, el mismo espacio aunque con otra apariencia. Pero a la luz y a la oscuridad lucen tan diferentes, como si se tratara de seres humanos.

sábado, 29 de junio de 2013

No hay palabras

Por Mauricio Vallejo Márquez

Si supieran oh Dios
cuan confuso es el día ,
y cuanto ofende
y que nada sale de un buen corazón ,
el miedo sacia
y apenas ando,
igual que las personas,
entre ellas
que conduelen tanto
y no saben porqué
del temor a lo desconocido,
de la proximidad
de la muerte
que es martillo al anuncio
y aun así el pecho se mantiene
como flor erguida ante la tormenta .

No hay palabras para contar
ni para que entiendan .
Todos marchan ciegos
y con las manos en sus oídos ,
indiferentes del día
sin desperdiciar lágrimas.

A pesar de todo me animo a hablar
y me doy cuenta de cuán inútil
es abrir una sílaba ,
construirla y encajarla
palmo a palmo entre la tarde
cuando la gente quiera ser inerte .
Yo habito entre ellos y los conozco bien ,
me envuelvo en sus miradas
y me asocio a su ciudad ,
mas no logro vestir su mismo orgullo
que los arropa entre figuras de papel
Es inútil la palabra tanto para ellos
como para mí, que con necedad
pretendo que me escuchen

mientras yo no los puedo escuchar .

viernes, 28 de junio de 2013

Al resguardo de la lluvia

Por Mauricio Vallejo Márquez

Las noches de lluvia me hacen recordar. Hoy las nubes me anunciaban que antes de salir del bus me iban a caer sin piedad. Pero a lo por hacer, hecho. Me apresuré sin mayor éxito, la lluvia era una realidad. Menos mal que mi maleta me ayuda a palear un poco eso de empaparse. Y al comenzar a correr descubrí un pequeño techito, un metro cuadrado, quizá, pero suficiente para abrigarme mientras escampaba. Y fue ahí que recordé esas aventuras que vienen con las tormentas, aquella tarde cuando en trío subimos a buscar un tambito de gas. Una tarde de esas que te empapa la vida para nunca secarse. Y cómo a pesar del silencio y el rumor de las gotas acomodándose en el pavimento iban enhebrando historias. Sólo un poco de lluvia es suficiente para que se desborden los días para no olvidar.

jueves, 27 de junio de 2013

Fenecidos

Por Mauricio Vallejo Márquez

Mis muertos andan por las esquinas ,
laboran en los periódicos burlándose de sus propias días ,
fuman un cigarro cada cierto tiempo sin importar la ulcera ,
el recuerdo de la sangre o la quemadura del nudillo
y de vez en cuando
surcan el poema
como si poetas fueran .
Andan cual labriegos
anidando en sus talegas
la mala lengua infaltable
que de tanto desatarla
ya se alza en ola .

Mis muertos abren bares ,
timan gentes ,
sollozan de soledad ,
y desean con firmeza ser lo que no serán ,
se quejan de sus males ,
dan talleres de poesía por doquiera ,
duermen en las cárceles ,
se atreven a matar
y anhelan otro infierno en cada una de sus muertes .

Por costumbre acomodan los lechos de sus criptas
luego de licores , lisonjas , mala lengua y tabaco
esos muertos infaltables que deambulan por el centro
buscando su ego en la mirada de la gente
y anonadados de ver en otros rostros apenas un consuelo
qué tristes son, desdichados muertos
muriendo en los ojos de sus hijos , de sus madres , de las mujeres ,
asesinados por sí mismos , por su propio corazón
por la fama , por el tiempo y su carencia de Dios .

Muertos en vida ,
deambulando por existencia ,
apenas sé que mueren lento en sus muertes
y no anhelan calzarse la vida a fuerza de resucitar
por una cuestión de orgullo
apenas fenecidos y con dolor tan vivos
van por las calles sin ver atrás , tan sospechosos ,
como si del propio Azrael se tratara
engullendo los arbustos de las avenidas
y llorando sin llorar .

Tristes muertos , sin reposo , sin ver
que la vida va allí enternecida
meciéndose para despertar .

miércoles, 26 de junio de 2013

Una cultura de máscaras

Por Mauricio Vallejo Márquez
Vivimos en una sociedad de mentiras, donde se interpreta un papel por cada individuo que se conoce. Dentro de la política, de la vida laboral, en el ámbito familiar, dentro de cada escenario de la vida, incluso en las calles durante nuestro acostumbrado tránsito.
Existe un rostro para el trabajo, otro para los conocidos, uno diferente para la familia y la ocasión que desarrolle. Se muestra la gente alegre aunque no lo esté y de igual forma si se muestra enojada, pretendiendo no demostrar lo que de verdad siente. Cambiando sin medir consecuencias, creyendo que se mantiene un control de todo. Hasta cuando se alcanzará para seguir haciéndolo como si fuera algo necesario y bueno. Pero esa mentira crece hasta transformarse en verdades para cada uno de esos individuos a los que se les muestra una cara y que al llegar a conocer la realidad, a las personas que estaban engañadas les resulta decepcionante, que a los estudiosos y conocedores de la historia al final le parecerá terrible.
“Todo es relativo”, se excusan o “cada quien labra su moral”, exponen. Pretendiendo a través de estas disculpas ocultar que vivimos dentro de un complejo colectivo llamado sociedad en la que es esencial guardar una ética común para que se desarrolle adecuadamente la colectividad y que al no lograrse esos parámetros comunes de convivencia se violan leyes morales, religiosas y legales que conllevan a consecuencias.
El niño no tiene reparos en engañar  a sus amigos, lo ha visto en sus padres, en  sus hermanos mayores, en la televisión y parece ser una costumbre aceptada en la sociedad. Los cónyuges se engañan entre sí, sin importar las promesas que realizaron si hubo un acto religioso que envuelve en un aura de mayor solemnidad y responsabilidad una unión. El amigo traiciona a sus camaradas, sin importar cuanto afecto aparentemente hayan tenido.
Y así cada individuo prefiere disfrazar la verdad, aun siendo sólo el individuo mismo el conocedor de esa realidad en la cual, éste tiende a engañarse pretendiendo que con la mentira se logra la tranquilidad, porque es más complicado sostener una vida de falsedades. En cambio una vida de verdades se sostiene sola.

Al mantener un solo rostro es menos complicado descifrar el comportamiento de cada individuo, ya no se diga de una sociedad. Sin embargo, el mostrarse tal cual es para muchísimos será difícil porque podrían exponer su vulnerabilidad. Por ello seguiremos siendo una cultura de máscaras.

Bitácora en La Casa del Escritor

por Mauricio Vallejo Márquez

Bitácora es mi encuentro con el mundo y conmigo mismo. Ese extraño lugar que no existe, pero que siempre es tan presente. Un mar que es la vida, y en la que navegamos a veces sin pretenderlo.
Cada uno de los versos que hay en este poemario pretendieron ser un astrolabio, la proa, la vela, el mástil, incluso el mar y la luna. Y como un creador de mundos me inundé de cada uno de estos, en el mío, uno que comparto con los demás, con todos y todas por la sencilla razón que es nuestro.
Tendré la oportunidad de presentar por primera vez un libro en la Casa del Escritor, un lugar que conocí en su principio cuando dejó de ser conocida como la casa de Salarrué para convertirse en lo que es ahora. Será un momento emotivo en el que compartiremos un poco de esta Bitácora. Los espero este domingo a partir de las 3:30 de la tarde.

martes, 25 de junio de 2013

Vulnerables

Por Mauricio Vallejo Márquez

Somos tan vulnerables , sin duda alguna
yo aún no sé si he de morir mañana
o si mañana ha de morir sin mí
y a pesar de eso ando por la calle ,
en mi casa , en mi vida , en mis ojos
sin trasnochar santidad
y sintiéndome aferrado a la vida
que cuando quiera se va a marchar
sin dejar recado porque uno ahí va
diciendo adiós sin abrir los labios
y la gente no deja de llorar
creyendo que da consuelo
a un alma desgastada ,
ya cansada del vicio de vivir .

Somos vulnerables tanto o más
que un diminuto insecto en el jardín
andando de aquí hasta allá
sin saber que su vida depende de mí
o de Dios , tal como la mía ,
que si a Dios se le antoja …


Somos vulnerables , sin duda , tanto , tanto …

lunes, 24 de junio de 2013

Talleres y cursos

La Asociación Cultural Islámica Shiita invita a los cursos y talleres que se desarrollarán en sus instalaciones a partir del sábado 29 de junio.
Las inscripciones están abiertas.
La inversión es de $15.0

Metodología de la investigación
Facilitador: Lic. Óscar Sánchez
Días: sábados 29 de junio, 6 de julio, 13 de julio y 20 de julio
Hora: 9:30 am 11:30 am

Periodismo Cultural
Facilitadora: Lic. Lya Ayala
Días: sábados 29 de junio, 6 de julio, 13 de julio y 20 de julio
Hora: 2:30 pm a 5:00 pm

Escritura creativa
Facilitador: Lic. Mauricio Vallejo Márquez
Días: sábados 29 de junio, 13 de julio, 20 de julio y 27 de julio.
Hora: 2:30 pm a 5:00 pm




martes, 11 de junio de 2013

Letras de medio oriente

por Mauricio Vallejo Márquez

Cuando Rudy Saca me dijo que hablaba en árabe tuve interés por ese idioma. Se dedicaba a recitar esas palabras incomprensibles de las cuales solo tengo memoria ahora de Salam y Albalajaiba, además de otra que es mejor no pronunciar.  Yo tenía apenas siete años y muchas cosas del mundo me maravillaban, sobre todo las cosas que no eran comunes.
Lo veía llenar las páginas de un cuaderno de todas esas letras que se escriben de derecha a izquierda. Y me fascinaba lo curioso de sus formas, me parecían dibujos, claves mágicas. En esa época en El Salvador era muy poco lo que se conocía de culturas de medio oriente. Casi todo lo que sabíamos era lo que había de información en alguna enciclopedia o almanaque, sus banderas, en fin muy poco.
Saca en cambio no dejaba de mostrarme esa grafía. Que gracias a que dejo el alfabeto en una servilleta, me decidí a aprender. Y así fui usando como clave las letras árabes en mis cuadernos. Y así escondía secretos, palabras, frases que nadie más debían saber, aunque eran secretos ingenuos o tan íntimos que al final se podían convertir en poema.
A Rudy le perdí la vista. Un día me lo encontré en el extinto Hiper Europa y me saludó “Salam Aleikum” y otras palabras que no recuerdo, porque a Rudy le encantaba extenderse con el árabe. Siempre igual de efusivo que en mi niñez, sólo que ahora yo tenía más de 15 años que en aquella ocasión cuando el escribía en sus cuadernos
Me han gustado siempre los idiomas, aunque me he matriculado por estudiar varios o me he decidido a aprenderlos de forma autodidacta no siempre he logrado mi cometido. Sin embargo, lenguas como el árabe y el hebreo me decidí a conocerlos, al menos sus letras.
Con los años me he dado cuenta que el  conocimiento del lenguaje, de ese instrumento para la comunicación tan complejo, apenas es conocido. Sin importar cuanto dominio se tenga, no nos dará más que algunas señales de cada cultura, porque para conocerla completa el idioma es apenas una puerta de entrada.

viernes, 7 de junio de 2013

Historia de familia

Por Mauricio Vallejo Márquez

La lluvia
es el índice de mi abuelo
marchándose
en una carroza gris
y diciendo adiós con su pulgar.
Se va,
cubriéndose de polvo,
tan solo en el viento
y en mi cuerpo.

jueves, 6 de junio de 2013

La casa

Por Mauricio Vallejo Márquez

Por las noches es mejor
arrullarse con el silencio
y abrigarse con la oscuridad.
Mi casa, con ese silencio benemérito
tiene las paredes llenas de sangre.
Su suelo grita.
Está loca mi casa.
Aquí he muerto tantas veces.
Aniquilado
he mordido el silencio.

miércoles, 5 de junio de 2013

Culpa

por Mauricio Vallejo Márquez

Era noche de marea
en sus manos,
la razón de su culpa.

jueves, 30 de mayo de 2013

Ocaso


Los duendes de agua

Por Mauricio Vallejo Márquez

Cuando era niño vi como pequeños duendes de agua entraban y salían de una corriente de agua. Pequeños, quizá del tamaño de uno de mis antebrazos, delgados y todos ellos líquidos, tomando el color del agua, si estaba llena de tierra, entonces tenían ese color también. Jugaban de entrar y salir en la corriente. Era un río que tomaba como cuenca una ancha calle de tierra.

Había ido a comprar tortillas y tras surcar con cuidado el inoportuno río aguardaba bajo el techo de lámina mientras sonaban las gotas en el techo de aluminio mientras el agua bramaba.

Fue la primera vez que los vi sin saber si lo había soñado, porque en esos años soñaba despierto e incluso soñaba a soñar. Después procuraba volver a verlos y observaba con atención la lluvia pero ya no vi esos duendes, aunque tenía la sensación de que ellos me miraban.

A mis dieciséis años me di cuenta que esos no eran sueños míos, Sarlos Cantos me habló de ellos y de la vez que los vio. Era un adulto el que me hablaba, no estaba jugando conmigo y teniendo el referente de esos hombrecitos de agua comprendí que era cierto, que los duendes líquidos no eran una alucinación ni un sueño. Sarlos me contaba que salían a jugar cuando la corriente era fuerte y que él los había visto y había leído de ellos en algún libro que su mente no le permitió recordar.

La gente no los ve, pero yo y Sarlos, además de los que hablaban de ellos en los libros sabemos que nos observan en las comisuras de la calle cuando llega la estación lluviosa. Nos miran fijamente queriendo indagar porqué los vemos y los otros no. Y esperan a que sigamos nuestros caminos, escondiéndose de nosotros y aguardando salir, porque ahora son más prudentes.


A veces cuando llueve me aventuro a enfrentar las tormentas y me quedo quieto en alguna esquina esperando que se forme un caudal. Algunas veces los he visto surcar las pequeñas olas y entrar y salir del agua como los expertos nadadores que son. Se han quedado viéndome. No tienen ojos, pero sé que me han visto. Se detienen y voltean a verme y tras ver mis ojos fijos en ellos vuelven a sus juegos sin miedo, sabiendo que sólo los observo, que no correré a tocarlos para terminar con su magia y con su vida que de por si es efímera porque duran lo que dura una tormenta.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Paz y reconciliación

Por Mauricio Vallejo Márquez

Así como muchos más aún esperan saber qué sucedió con sus familiares y amigos que durante la guerra fueron partiendo sin que se pudieran encontrar sus cuerpos. Era algo normal de esos años, las desapariciones forzosas con las que borraban todas las huellas que les recordara que algo había de malo en este país, de que existían injusticias, de que las cosas debían de cambiar. Claro, también había asesinatos y torturas, muchas para ser exactos.

Sabía que mi papá era un desaparecido político. Lo supe desde muy pequeño, así como las razones (que aunque no entendía del todo, las aceptaba) sabía que eran por una buena razón, porque él al igual que muchos valientes y conscientes salvadoreños luchaban para cambiar las cosas, para cambiar un sistema que nos devoraba y hacía más amargos nuestros días, por la búsqueda de un futuro más justo. Para lograr lo que hoy nosotros vivimos y ellos sólo soñaron: La paz.

Esos años estaban cubiertos de sangre y desesperanza. Una sombra de muerte inundaba nuestro país, una sombra que crecía y parecía que iba a cubrirlo para siempre. Esos días en que la juventud decidió enfrentar al gigante que reprimía a nuestro pueblo, y buscar esos cambios.
Esos años fueron difíciles, la represión y la guerra devoraban todo.
Así, muchos de nuestros padres, amigos y familiares fueron engrosando las filas de desaparecidos y asesinados, por eso era necesario terminar con la represión, con las persecuciones y todos esos delitos de lesa humanidad que eran lo habitual de esas décadas de 1970 y 1980 en las que crecí, en la que crecimos.
No fueron años fáciles, porque además de ver que los muertos eran cada vez más numerosos, también lo eran los salvadoreños que eran obligados a salir del país. La gente se sentía perseguida, insegura. Pero a pesar de eso, la gente enfrentó la guerra y sus consecuencias.
Muchos siguieron construyendo país, en la lucha, en la valentía.

Sin embargo, a pesar del dolor de la represión y la guerra, esos años nos dejaron personas valiosas que estaban dispuestas a perder sus vidas. Muchos murieron defendiendo la búsqueda de la paz.
Y para pronunciar sus nombres no son suficientes estas horas.
Nombres que nos dejaron la paz que ahora vivimos y que nos recuerdan que aún existe mucho por hacer.
Que ellos tuvieron el compromiso y que nosotros, los jóvenes, somos los responsables de continuar labrando ese camino.

Sabía que mi papá era un desaparecido político. Lo supe desde muy pequeño, así como las razones (que aunque no entendía del todo, las aceptaba) sabía que eran por una buena razón, porque él al igual que muchos valientes y conscientes salvadoreños luchaban para cambiar las cosas, para cambiar un sistema que nos devoraba y hacía más amargos nuestros días, por la búsqueda de un futuro más justo. Para lograr lo que hoy nosotros vivimos y ellos sólo soñaron: La paz.

Esos años estaban cubiertos de sangre y desesperanza. Una sombra de muerte inundaba nuestro país, una sombra que crecía y parecía que iba a cubrirlo para siempre. Esos días en que la juventud decidió enfrentar al gigante que reprimía a nuestro pueblo, y buscar esos cambios. 

Esos años fueron difíciles, la represión y la guerra devoraban todo. 

Así, muchos de nuestros padres, amigos y familiares fueron engrosando las filas de desaparecidos y asesinados, por eso era necesario terminar con la represión, con las persecuciones y todos esos delitos de lesa humanidad que eran lo habitual de esas décadas de 1970 y 1980 en las que crecí, en la que crecimos. 
No fueron años fáciles, porque además de ver que los muertos eran cada vez más numerosos, también lo eran los salvadoreños que eran obligados a salir del país. La gente se sentía perseguida, insegura. Pero a pesar de eso, la gente enfrentó la guerra y sus consecuencias.

Muchos siguieron construyendo país, en la lucha, en la valentía.
Sin embargo, a pesar del dolor de la represión y la guerra, esos años nos dejaron personas valiosas que estaban dispuestas a perder sus vidas. Muchos murieron defendiendo la búsqueda de la paz. 
Y para pronunciar sus nombres no son suficientes estas horas. 
Nombres que nos dejaron la paz que ahora vivimos y que nos recuerdan que aún existe mucho por hacer.
Que ellos tuvieron el compromiso y que nosotros, los jóvenes, somos los responsables de continuar labrando ese camino.

Han pasado veintiún años de los Acuerdos de Paz. La guerra para muchos parece ser sólo un mal recuerdo. Se han olvidado las balas, el estrés de la guerra y los muertos.
Sin embargo, en muchos sectores afectados por el conflicto aún se encuentra presente y aún falta mucho por enmendar de esos años. La justicia aún está esperando para que exista una completa reconciliación.
Muchas cosas han mejorado es cierto, como la libertad de expresión y la pluralidad representativa en la Asamblea Legislativa. El sólo hecho de que el FMLN ganó las elecciones presidenciales en 2009 es una muestra de ello. Sin embargo, aún falta trabajo.

El Salvador ha cambiado radicalmente tras los Acuerdos de Paz, las balas entre ambos bandos en contienda cesaron, ya no existen enfrentamientos militares entre el ejército y el FMLN, ahora quienes se enfrentan son los policías y los delincuentes en el campo de las armas. En la política aún hay conflictos que tienen como principal campo de batalla la Asamblea Legislativa.

Qué gran paso dio nuestro país el 16 de enero de 1992 cuando se firmaron los Acuerdos de Paz. Se convirtió en un ejemplo para el mundo por su proceso exitoso y digno de imitarse, pero no logró continuarse esa lucha por reunificar la sociedad salvadoreña porque las limitantes y desequilibrios continúan.

La sociedad civil se organizó para erigir un monumento en el que se recuerda a las personas que fueron asesinadas y desaparecidas en un muro del Parque Cuscatlán, mientras los causantes de esas muertes continúan sus vidas. Los que cometieron crímenes de lesa humanidad deambulan con tranquilidad amparada en la ley de amnistía, pasando por alto que estos delitos no tienen prescripción y deben ser perseguidos, además de castigados.

Muchas cosas han cambiado, es cierto, podemos salir a las calles y no somos perseguidos ni asesinados por pedir justicia gracias a un Acuerdo de Paz, sin embargo esa madurez aún no ha alcanzado para cancelar una deuda con todas las partes y víctimas del conflicto, que mientras pasen más de dos década aún parece que deben ver de lejos la justicia.

¿Quién tomará entonces el compromiso? ¿Quiénes serán los que continuarán luchando por mejorar este país, por hacer que la justicia llegue y que exista una reconciliación? Será la juventud, sin duda. Es esta juventud la que debe continuar luchando.

El Salvador ha cambiado radicalmente tras los Acuerdos de Paz, las balas entre ambos bandos en contienda cesaron, ya no existen enfrentamientos militares entre el ejército y el FMLN, ahora quienes se enfrentan son los policías y los delincuentes en el campo de las armas. En la política aún hay conflictos que tienen como principal campo de batalla la Asamblea Legislativa.
Qué gran paso dio nuestro país el 16 de enero de 1992 cuando se firmaron los Acuerdos de Paz. Se convirtió en un ejemplo para el mundo por su proceso exitoso y digno de imitarse, pero no logró continuarse esa lucha por reunificar la sociedad salvadoreña porque las limitantes y desequilibrios continúan.
La sociedad civil se organizó para erigir un monumento en el que se recuerda a las personas que fueron asesinadas y desaparecidas en un muro del Parque Cuscatlán, mientras los causantes de esas muertes continúan sus vidas. Los que cometieron crímenes de lesa humanidad deambulan con tranquilidad amparada en la ley de amnistía, pasando por alto que estos delitos no tienen prescripción y deben ser perseguidos, además de castigados.
Muchas cosas han cambiado, es cierto, podemos salir a las calles y no somos perseguidos ni asesinados por pedir justicia gracias a un Acuerdo de Paz, sin embargo esa madurez aún no ha alcanzado para cancelar una deuda con todas las partes y víctimas del conflicto, que mientras pasen más de dos década aún parece que deben ver de lejos la justicia.
¿Quién tomará entonces el compromiso? ¿Quiénes serán los que continuarán luchando por mejorar este país, por hacer que la justicia llegue y que exista una reconciliación? Será la juventud, sin duda. Es esta juventud la que debe continuar luchando.

Discurso dictado el sábado 8 de mayo de 2013 en el Auditorio Herber Anaya de la Facultad de Derecho de la Universidad de El Salvador
(c) Fotografía de Gloria Anaya.