domingo, 13 de octubre de 2013

Escribir

por Mauricio Vallejo Márquez


Otra vez heme aquí, escribiendo y diciendo, hablando. Como si nunca lo hubiera dejado de hacer, como si nunca más lo hiciera. Siendo libre de vivir y de conformar nombres, obras y palabras. Sólo observando y plasmando con gerundios una realidad indeterminada como el vino que surge de esas cuatro letras latinas que pretenden contener el vino como si fuera posible; aunque en realidad sea inexistente porque toda palabra dicha en la cotidianidad no existe, porque la palabra es ideal, pero ausente; efímera duda, un aliento. Mientras lo material permanece y su propia permanencia puede ser falsa o inclusa inmortal, como lo demuestran los museos y las reliquias, pero aún están. Son testimonio de cosas que existieron, pero ya no existen y su pasado quedó en lo efímero e inexistente, aunque no sucede lo mismo con la palabra escrita que tiene mayor duración a pesar de que muchas veces no es pronunciada. Y entonces qué nos queda, sino escribir para que la palabra permanezca, aunque llegue la muerte o el fin.

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