martes, 28 de abril de 2009

El llamarse igual a papá

por Mauricio Vallejo Márquez

En algún lugar debe de haber surgido la tradición en la que el padre nombra a su hijo igual que él. Así tenemos que Luis llama a su hijo Luis y Pedro a su retoño Pedro... y así en muchos casos, no sólo en Latinoamérica, sino que en España y en los países de culturas anglosajonas. No sé si en África o en otro continente pasará lo mismo.

En algunos momentos esto representa un sin fin de confusiones que empiezan en el hogar, siguen en los círculos de amigos y casi siempre cuando se contesta el teléfono, sobre todo si las voces de los afectados se parecen. Sin embargo, para algunos es un verdadero orgullo ponerle su nombre a su hijo, mi padre por ejemplo así lo vio y se lo agradezco pues heredé el nombre "Mauricio Vallejo". Claro que no nos llamamos exactamente igual, pero la confusión se da a menudo, incluso me he encontrado con individuos un poco despistados que creen que yo soy mi papá (menuda confusión) porque la diferencia de edades sería evidente, así como el color de la piel y la estructura del cabello.

El nombre me gusta y creo que no lo cambiaría, sin embargo para darle todo su crédito a mi padre y a la vez a mi mamá firmó Mauricio Vallejo Márquez, pero también por otras razones: la primera para demostrar que su obra está viva y él tiene su propio nombre dentro de las letras nacionales y así no confundan a los autores pensando que un cuento de mi papá es mío o un poema. Segundo para evitar esas terribles confusiones que no caen mal, pero tampoco agradan, en las que me preguntan si yo no estuve desaparecido.

Con mi padre compartimos además del nombre el hábito de la literatura y las ciencias políticas, la afición al ajedrez y un tanto el carácter. Estas cosas no las sé porque yo estuve con él, tenía un año y medio cuando lo desaparecieron, sino porque la gente habla de él y yo escucho. No compartimos espacio, porque yo habito aquí, mientras que él ya trascendió este mundo. Ambos tenemos diferentes tiempos verbales para nuestras aficiones, yo las vivo en presente, en cambio las de mi padre las recuerdo en pasado continuo.

Sin embargo, ahora que soy más viejo que mi padre el nombre me sigue quedando en el pecho como un enorme galardón que el tiempo jamás me podrá quitar, como sucedió con mi padre, que me fue arrebatado por el odio. Pero su recuerdo, su nombre y su sangre siguen conmigo y hasta ahí llegara la tradición, porque mi hijo merecía su propia personalidad y él no iba a ser Mauricio tercero, ya suficientes Mauricios hay en la familia como para seguir ampliando una tradición que logra confusiones en casa y en otros tantos lugares, aunque quién sabe, hay algo hermoso de vivir con el nombre de nuestro Padre, es como vernos cara a cara sin ser los mismos, pero siendo.

Un breve receso

Pues ya dejamos de escribir en el blog varios días, así que prometido que mañana tendremos algo.

domingo, 5 de abril de 2009

La verdadera libertad de expresión

por Mauricio Vallejo Márquez

A los niños se les priva de su derecho de expresión, en ellos es comprensible pues se les encamina por medio de reglas a sobrevivir dentro de una sociedad. Si los niños actuaran y hablaran con libertinaje es seguro que nuestra nación y todos sus progresos, como los de todo el planeta, fueran inexistentes. Así como confundir la libertad de expresarse como una forma de insultar, calumniar o mentir sin ningun límite como les sucede a muchos quienes pueden llegar a destruir la imagen de una persona. La libertad de expresión no es afirmar una mentira con una verdad, sino exponer nuestras ideas sin ser perseguidos ni asesinados por los que tengan posiciones contrarias.

Sin embargo, cuando la Declaratoria de los Derechos Humanos afirma en el artículo 19 que: "Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y de recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión" pone en evidencia que aún existe mucho camino por andar, no sólo los paises subdesarrollados y en vías de desarrollo, sino en el mundo porque no existe suficiente madurez para entender que las ideas son tantas como los seres humanos que existimos en el planeta tierra ( que en la actualidad son 6.771.212.727 personas). Cada individuo tiene su propia concepción del mundo y algunos están de acuerdo en ciertos puntos, otros obviamente difieren y existen muchos que aprecian ambas posturas en mayor o menor grado. Por lo tanto merecen respeto, con este valor logramos la ansiada libertad de expresión.

La libertad de expresión es defendida por muchos pensadores comenzando con los ilustrados Montesquieu, Voltaire y por supuesto Rousseau quienes afirmaron que la posibilidad de que exista discusión y crítica logra el avance de las artes y las ciencias y la verdadera participación política. Y en sí es por ello que la democracia logra imponerse a la hora de tomar decisiones en cualquier organización, sociedad, institución y gobierno.

Las ideas políticas son varias, sin importar si son correctas o incorrectas, y deben ser respetadas. Cada una de ellas tuvo su tiempo y no siempre existe pureza en su aplicación pues muchas de ellas son teorías que no han sido aplicadas, pues la misma realidad lo impide, así como las mismas leyes naturales impiden diferentes sucesos. Sin embargo toda postura merece respeto y debe de ser escuchada con libertad mientras no ofenda (insulte, calumnie, etc.). Esto no quiere decir que por ejemplo un capitalista, seguidor de Adam Smith, no escuche a un socialista, sólo porque el último pide más políticas de ayuda social para la población laboral o de igual forma un marxista, seguidor de Karl Marx, no tolere que otro exprese un pensamiento diferente al que este acostumbrado el último.
Para que un país camine por el rumbo correcto es necesario que la libertad de expresión, la sana discusión y la buena voluntad se den. Sin que existan estos elementos podremos seguir viendo a nuestro país hundirse sin remedio en el subdesarrollo, la pobreza, la falta de industrialización y la intolerancia.