lunes, 21 de septiembre de 2009

A mitad de la madrugada

Por Mauricio Vallejo Márquez
Pasan los años. A veces llega una visita inesperada a mitad de la madrugada. Es la misma cara, sólo que el tiempo se va acomodando a sus ojos, a su entrecejo, a su vida. Su aliento etílico no necesita llegar a cinco metros para mostrar que la noche y el alcohol son uno en él. Sin embargo, no es bienvenido, a pesar de que sería bueno. Siempre habrá que decir un no, para guardarlo todo, para salvarlo todo. "Sólo uno conoce de sus problemas", me dice. Y entonces mi negativa. Se cierra la puerta. "Lo conoces", me preguntan en las gradas. "Lo conocí hace unos once años, ahora no lo conozco", respondo. "Y que quería", cuestiona. "Posada", contesto. "¿Y qué le dijiste?", insiste. "Buenas noches y cerré la puerta".

jueves, 17 de septiembre de 2009

Tonaca y mi padre

por Mauricio Vallejo Márquez

Cuando era niño Tonacatepeque se llamaba sencillamente Tonaca, me di cuenta de que el nombre tenía el apellido de "tepeque", casi en la misma época que acepté que mi papá era uno mas de los desaparecidos políticos salvadoreños. Viajé en la ruta 115 más de una vez en compañía de Ursula y mamá Yuly, es seguro que casi la mayor parte de mis fines de semana estuve con mi abiela paterna en Tonaca, un pueblo que siento muy mío, a pesar de que raramente lo visitó. La vez que más recuerdo de esos viejos fue cuando partieron a la mitad una jicama enorme, casi del tamaño de mi cabeza. Esa vez el tuberculo se convirtió en mi comida por todo el viaje, fue una hazaña terminarla.
Justo en la casa de esquina de la Primera Calle Poniente habitó mi familia Vallejo. Justo en esa calle, cuando era de tierra, jugó mi padre y cabalgó sobre un cerdo, distribuyó El Pueblito e hizo tantas cosas más. Es seguro que allí se sentó a practicar escalas musicales con su guitarra e incluso a divagar de la vida, y seguramente también a leer uno de los tantos libros que devoró a tan temprana edad.
El 29 de agosto volví a Tonaca, después del Festival Internacional de Poesía y por un motivo diferente a un simple paseo o a leer mis poemas. La Casa de la Cultura de Tonacatepeque, en conjunto con la Alcaldía, le brindó un homenaje a quien en vida fue Edgar Mauricio Vallejo Marroquín. El parque central se llenó, para celebrar las fiestas en honor a san Juan Bautista (Santa Cabeza) y para honrar a uno de los poetas que creció en Tonaca. Canto Latinoamericano deleitó a los concurrentes por una hora, hasta que los puestos de ventas y las ruedas guardaron un minuto de silencio y se escuchó la Milonga del Fusilado.
Mientras se desarrollaba la actividad la radio del pueblo transmitió en vivo las palabras del alcalde don Camilo, quien conoció a mi padre, así como diversas anécdotas. De igual forma se escucharon sus versos y la infaltable Milonga del fusilado que se oía alternadamente mientras don Carlos Fajardo leía la biografía de mi papá. Fue muy emotivo escuchar esa canción, sobe todo para mi madre. Justo al terminar la melodía nos invitaron a la tarima.

La primera que habló fue mi mamá, quien se ganó al público contando la historia de amor que vivió junto a él y la forma trágica en que lo privaron de su familia para sumirlo en el "olvido". Después compartió el poema Engrasando motores.

Por cosas curiosas de la vida la maestra de literatura y la primera persona, a parte de mi mamá Yuly que conocía y se atrevía a corregir a mi papá fue mi abuela Josefina. Sí, la misma que me instruyó en el camino de la literatura. Habló del momento en que conoció a su exalumno y la forma en que se ganó su corazón y añadió a alguien más en su familia.

Tras ellas, hablé. Quizá, no todo lo que uno debe decir, pues hay tanto que hablar acerca de ello. Conozco más Tonaca que a mi padre. Sé historias sobre él, pero aunque no esté vivo, y no tuve el honor de conversar con él, me enseñaron a amar su recuerdo y eso hago cada vez que toco el tema, porque estoy orgulloso de ser su hijo, así como del talento literario que tuvo y que se demuestra en su obra. Después del acto se acercaron algunas personas para decirme: "conocía a tu papá..." Entre ellos don Luis silva, don Ricardo Alas y otros que no recuerdo el nombre.

Tonaca ha cambiado, ya no encontramos la innumerable cantidad de jícamas que en los años de mi infancia, la calle de mi padre de igual forma cambió, ahora está adoquinada e incluso el tradicional marquesote de enfrenté desapareció, así como la tienda de Chauta. Sin embargo, ese mismo pueblo que conoció el nombre de Mauricio Vallejo, el recordado Moris, lo vuelve a recordar, como él mismo lo profetizó en sus versos.