domingo, 4 de enero de 2015

Un nuevo año y la felicidad de Buda

por Mauricio Vallejo Márquez

Buda era mencionado por mi abuela Josefina. Ese hombre que yo relacionaba siempre con un señor con los lóbulos de sus orejas enormes. Mi abuela siempre tuvo devoción por esos guías espirituales que algo le han enseñado al ser humano. Y Buda es uno de ellos.
En Taiwán pude conocer uno de sus templos. Enorme templo que llenaba el horizonte con una figura que lo emulaba, una figura dorada que se dejaba barnizar de sol. Esa tarde hablaba con Haufan Salengke un amigo indonesio que es musulmán, acerca de lo positivo o negativo de caminar por ahí.
Haufan, siempre afable, me dijo: “Fue un hombre de grandes enseñanzas”.  Y qué más decir sobre eso. Dejé que el día me guiara por ese lugar, me concentré en conocer un poco de Buda y de tomar lo bueno, como debe ser. Ya antes había recorrido varios templos y me preguntaba cómo sería el próximo año, como sería el 2015.
Tan lejos de El Salvador, tan lejos de todo. Con la cabeza suficientemente fría para plantearme cualquier pregunta de lo que deparara el futuro porque no había nada que me recordara el presente. Tal vez no tenga las mismas ideas de esa tarde de marzo, pero sí esa incertidumbre por el devenir que lo combina con la certeza de la esperanza. Pero, aprendiendo siempre a saber que lo importante es ser felices a pesar de lo que depare el mundo.
Dentro de las exposiciones de Buda encontré al Buda feliz, ese que repetía cada cierto tiempo kai chin (estoy feliz) mientras el mundo seguí avanzando y avanzando. Quizá esa era la clave para tantas cosas: la felicidad. ¿Pero qué es y cómo se obtiene?
 "La felicidad es un estado mental que nos permite apreciar cualquier cosa", dijo Buda.

Qué otra cosa mejor que esa, seguir con el deseo de crecer al aprender a conocernos y saber cómo seguir creciendo. No crecer en esa idea egoísta de azadón, sino la de mejorar yo para ayudar a mejorar a otros. Así que el 2015 me recibe con ese deseo de seguir creciendo como ser humano para seguir ayudando a otros. Gracias, Buda. Gracias, Haufan. Siempre aprendemos, si deseamos aprender.