jueves, 12 de agosto de 2010

La calle y las preguntas de Santiago

Mauricio Vallejo Márquez
En la calle existen muchas historias. Todo lo que se encuentra en ella ha tenido un principio y de seguro tendrá un final. Y eso da pie para escribir historias u otros géneros. Mi hijo me pregunta, mientras caminamos, algo acerca de un objeto y me hace no sólo recordar lo estudiado, si no también imaginar cosas:
- ¿Papá, quien dejó ese elote allí?
- Seguro que fue un niño -le contesto.
-¿Ah? ¿Un niño fue? -me dice incrédulo.
-O tal vez alguna señora que llevaba prisa y no sabe que la basura se arroja en un basurero -imagino y sólo logro que mantengamos la mayéutica acerca de dicho suceso, aunque en este caso es el discípulo quien interroga. A veces no es tan sencillo el cuestionamiento, me ha preguntado cómo se creó Dios, incluso porqué hay gente mala en el mundo y también cómo se dice "tal cosa" en mandarín, en hebreo, en inglés (sólo para citar algunas). Siempre me habla de las historias que leemos o de las que ve en la televisión, de la abuelita Finita, de la abu, de todos, en fin son raros los momentos de silencio.
Y así transcurre nuestra ruta, pregunta tras pregunta hasta que llega un momento en que debo pensar la respuesta o procurar recordarla, pues si le miento le enseñaría a mentir y eso no sería correcto para él ni para mi:
-¿Cómo se llama aquella estrella que se hace pequeña cuando muere, papí? -y agrega al ver mi silencio y los ojos pensativos- Enana marrón, ¿verdad?
-Sí hijo...
-Papí, ¿cómo se llama el dinosaurio que mide lo mismo que una gallina?
-No recuerdo hijo.
Tras ello empieza a mencionar palabras que le suenan parecido a lo que ha leído en su enciclopedia de ciencias, pero al ver que él y yo no recordamos la respuesta se detiene.
-Tenemos que ir a repasar en los libros ¿verdad?
-Sí hijo, cuando lleguemos a casa.
Hasta la fecha creo que no he tenido un acompañante con tanto ánimo y curiosidad como él. Después de cada una de sus preguntas no puedo evitar una sonrisa de satisfacción, porque ese pequeño de 5 años no sólo es un niño que pregunta, es uno que hace maravillosa mi existencia.
Y mientras termino de escribir me vuelve a preguntar:
-¿De dónde sacan la azúcar?
-De la caña.
-¿Y porque es tan rica la azúcar?
-Porque Dios le dio ese sabor -y continúa...

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