Chagal y nuestro mundo

por Mauricio Vallejo Márquez
Una mano emerge de una pierna. La luna se disuelve en el lienzo. Todas las mujeres tienen el mismo rostro. Esas fueron las estampas de pintura con las que me sentía profundamente atraído, su autor: Salvador Dalí. Dalí era intenso y creativo, a veces demasiado atrevido, pero cautivante. Aunque el surrealismo fue algo que no comprendía me fascinaba e incluso apartaba a Picasso, aunque con cierto respeto. Ahora en cambio el surrealismo no me desvela, los autores litearios de esta escuela fueron para mi adolescencia, en estos días los clásicos ocupan más tiempo como una vez me dijo don Ricardo Lindo y como una vez lo dijera Borges.
Al irme creciendo un poco de bello facial el pintor de mi predilección fue Monett, quien con sus imagenes diluidas y una apariencia miope procuraban mostrarme a cuentagotas una realidad que vivimos muchos de los que cruzamos la frontera del 0.5 de miopía o astigmatismo. Monett me impresionó y claro esa era su escuela. Los rostros apenas percibidos como una delicada mancha que timidamente ocupaba el lugar de una joven, de una niña o de un nenúfar, pero siendo más eterno que un simple y llano retrato.
Sin embargo un pintor me deja con una grande y profunda curiosidad es Mark Chagal quien muestra una realidad que podría ser más conocida, aunque sólo está para los ojos de aquellos que han atravesado la vida ocultando sus nombres, su raza, su religión... Chagal quien dejó Rusia por Francia y después dejó Francia por rusia viviendo así, sabedor de que su verdadera nación estaba en su sangre. Y sin embargo al igual que esos millones en diáspora él aún abriga contra su pecho esa herencia innegable que muchos llevan de la mano día con día, a veces sin saberlo y otras seguros de ello, como los ojos de Chagal cuando observó esto:

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