miércoles, 14 de septiembre de 2011

El muro de Hitler

por Mauricio Vallejo Márquez
En Francia muchos se oponen a restaurar el muro de Hitler. Quizá tengan razón, si esa edificación sólo les recordará las atrocidades de los Nazis. Pero una edificación, una escultura de un dictador o de un gobierno malo no sólo sirve para preservar la memoria de estos, sino para tener evidencia de que existieron y de que fueron derrotados. Además algunos elementos de su cultura pueden beneficiar a las actuales, siempre debemos ver lo bueno de todo y la forma de utilizarlo.
Nunca estaré de acuerdo en los métodos nazis, jamás apoyaré su ideología. Pero, la historia debe conocerse aunque sea dura. Sin las evidencias de que existieron es más difícil que las nuevas generaciones pueda comprobar lo que sucedió. Qué bueno sería que los imperios hubieran dejado más huellas del pasado.

martes, 13 de septiembre de 2011

El ejemplo de los pescadores

por Mauricio Vallejo Márquez

Un grupo de pescadores logró lo impensable en Italia, obtuvo un honroso cuarto lugar en un mundial de fútbol playa.
No conocen los lujos, las casas enormes, un colchón mullido o la "estabilidad" económica; sin embargo saben de valor y esfuerzo.
Pescadores que conocen de madrugadas y de atardeceres, de dormir en el mar, de halar las redes y sentir sus manos rasgarse y encallecerse con el tiempo. Hombres que no necesitan calzado para darle una patada a una pelota les ganaron la justa, la moral y el corazón a potencias mundiales.
Esos hombres, esos pescadores, son los seleccionados de El Salvador en la modalidad de fútbol playa y ahora son hijos meritísimos de El Salvador.
Lograron hacer historia gracias a que no esperaron apoyos, sino que dieron todo por obtener una meta. No les importó que la gente dijera que no era posible, ellos creyeron que podían hacerlo.
¡Qué ejemplo! Deberíamos imitarlos, los triunfos se labran desde abajo, y nunca se logran si no creemos que podemos lograrlos.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Cambios

por Mauricio Vallejo Márquez
Todo cambia. Así es, nada es estático a no ser la existencia misma. Las personas cambian también, aunque aparenten no hacerlo. Las ciudades evolucionan tan rápido que en poco tiempo dejan de ser reconocibles. Cuando recorro la 25 Av. y veo el Externado San José y el Hospital Pro familia recuerdo que en ese colegio viví mis primeros años, y que en ese hospital nací. En 1979 se llamaba La Policlínica.
Es curioso recorrer esa calle y no reparar en lo curiosa que puede ser la vida. Allí nací y allá desarrollé mis primeros años como estudiante. Miro los dos lugares desde afuera. No he entrado en esos lugares en años, es más las aulas en las que pasé las mañanas nunca las he vuelto a visitar ni la habitación en la que respiré por primera vez oxígeno.
Todo cambia. Es posible que algún día pase o pasaré por la zona en que moriré y aún no reparo en ello, y quizá no repare hasta que llegue ese momento. También es posible que esté en ese puesto hasta que llegue mi turno de partir.
La vida cambia, el tiempo cambia. Y ese cambio es tan sostenido que podría decir que eso no cambiará jamás.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

El limbo

Por Mauricio Vallejo Márquez
Una palabra puede decirlo todo. Una blanca palabra sobre un fondo negro o una negra palabra sobre un fondo blanco.
Las palabras cruzan el mundo sin ser vistas; o pasan siendo miradas, pero no observadas.
Y como lo ya dicho por Borges, esa palabra encierra todo lo que esas letras confieren al cerebro. Por ejemplo la tan conocida palabra "Piedra" que no sólo significa un mineral, sino que puede tener elementos más profundos como un símil o una metáfora o un símbolo; que puede contener infinitos elementos.
Y representa tantas cosas:
Cantidad: una, dos, mil, todas.
Colores, los que usted imagina y los que no.
Densidad, igual.
Y tomando referencias de Borges, todas las piedras se contienen en la palabra piedra.
Pasan todas esas palabras frente a nosotros y ninguno las observa, nadie las digiere ni uno las entiende. Sólo vamos, hablamos, leemos, vegetando en el infinito limbo del lenguaje, así como la humanidad entera vegeta en la vida.