miércoles, 30 de enero de 2013

Cinco perros y uno de seis dedos

por Mauricio Vallejo Márquez

Cuando era pequeño siempre deseé un perro. Pero las circunstancias lo impidieron. Eso no quiere decir que no llegaran un par de caninos a mi vida, porque de llegar, llegaron. Sin embargo el tiempo conmigo no siempre fue largo.
El primer perro que recuerdo era Ringo, era un mestizo al que también le llaman aguacatero. Yo tenía menos de 6 años y el infortunado perrito crecía más y más, así que mi abuelo al ver ese descomunal crecimiento más el derroimiento de varias de las plantas del jardín, además del excremento fortuito a su paso, decidió jubilarlo. Un día tuve que salir un fin de semana y al regresar: Sorpresa, el perro no está. Dicen que se fue a los terrenos de Cuscatlán, pero la verdad aún tengo mis dudas.
El segundo perro que llegó a mí le pusimos Blackie. Y ese era su nombre porque era negrito con una corbata blanca. No pude averiguar su raza, porque en lo que entré a la casa, aprovecharon para darle una beca al extranjero. Dicen que el perrito mucho vomitaba en la casa, así que no había razón para seguir en ella. A mí me dijeron que el incauto animalito se le antojo ir a recorrer el mundo. Ingenuos.
La tercera, fue una ella. Una perrita curiosa a la que llamamos Odisea, en honor a la obra clásica de Homero. Con esta vivimos un poco más de tiempo y la logré ver crecer. La dejábamos salir a la calle a que hiciera sus propios mapas, pero esas salidas trajeron más que su recreo, trajeron varios perritos en su vientre. Escuchaba que era necesario que la perrita se fuera porque no se iba a poder con tanto perro, que harían demasiado ruido y no recuerdo que cosas más. Bueno, la Odi, se fue. Yo tenía 11 años.
Cuando cumplí veinte me regalaron una hermosa perra pastor alemán y en honor de una perra que tuvo mi papá, llamada Siva, pues le pusimos el mismo nombre. Al final la perrita no duró tanto como los otros, pero las razones fueron diferentes. Había poco tiempo para cuidarla y en su soledad el encierro era mortal. Así que se decidió darle un lugar más espacioso.
Ahora llegó Diamond, un lindo perrito que tiene demasiada energía y seis dedos en sus patas traseras. Y me recuerda a los otros. Espero que este dure lo que debe durar.

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