De regreso a los libros

por Mauricio Vallejo Márquez
Por diferentes razones había dejado de hurgar entre los estantes de mi biblioteca, quizá porque las libreras están en casa de mi suegro, mientras que yo estoy en otra casa. A parte de ello el bache de la vida y la asimilación a la realidad y la jurisprudencia lograron que me olvidara de lo hermoso de los libros literarios y bien pues retorné a ellos y ha sido con gusto.

Olvidé que tenía libros que más que páginas de papel, cartulina y tinta son verdaderas joyas, gemas invaluables que por varios motivos llegaron a mis manos, en algunas ocasiones como regalos, en otras producto de permuta y en la gran mayoría por la cacería en las ventas de libros usados, sobre todo en la Segunda Lectura de don Chucito en donde pude hacer feria buscando los libros más exótico que podía encontrar y teniendo el mejor crédito de mi vida que razonablemente ya está pagado. Claro que tengo libros en poseción que no son míos y fueron una herencia de los abuelos o de mi padre, así como de alguien que deje de ver y me es imposible regresarle sus libros.

Los libros son invaluables (al menos deberían serlo) para las personas pues a parte de contener ficción, en el caso de los literarios, poseen sabiduría y un lenguaje que nos florece a gotas por medio de la lectura y la indagación en los diccionarios.

Antes la televisión era un gusto excentrico que era usado para ver uno que otro programa, ahora permanece encendida casi todo el día en muchas casas. A mí no me gusta tanto ver la TV, pero en los últimos años ver las caricaturas parecían una obligación (claro como padre alcahuete), y me fui acostumbrando a algunos muñecos, aunque a otros no, pues le tenemos un poquito de censura a nuestro crío. Pero todo tiene un límite y ahora el pequeño Santiago ha crecido y creo que es tiempo de que juegue solo, duerma solo y me deje más tiempo a mis responsabilidades y aficiones, así que volvemos a la disciplina de tres libros por semana, vamos calzando de a poco, no vaya a ser que perdamos el aliento.

En fin, recuperar mis libros creo que es suficiente alegría como para dejarla en el olvido, así que ha leer se ha dicho.
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