sábado, 19 de octubre de 2013

Esas maravillosas diferencias

por Mauricio Vallejo Márquez

El mundo es uno. En toda su anchura y dimensiones conforma un inmenso conjunto de unidad en el que existe diversidad de colores, formas y tamaños. En el que no podemos negar que existen diferencias, las que vuelven único el conjunto, a pesar de toda la variedad. Y eso es difícil de aceptar para algunos, quienes preferirían la monotonía de las sociedades porque les resulta impensable que existan diferencias, y padecen de racismo y xenofobia. Así como sucede con algunas sociedades al norte de nuestro país que aún ven con desprecio a latinos y afrodescendientes. El mundo no es una industria en la que se producen humanos como modelos en serie. Cada individuo es diferente, así como lo demuestran sus orejas y sus huellas digitales.
Sin embargo, el señalar las diferencias como algo no bueno resulta usual, pretendiendo mostrar los defectos de cada raza o nación, o infundirla aunque no exista. Crearla como lo hicieron los nazis y se ve en la teoría de la aguja hipodermica, y cuyas ideas aún persisten incluso en nuestro país. Nadie está exento, sobre todo por la influencia que los medios de comunicación tienen acerca del tema. En donde vemos sin ninguna regulación los vicios y defectos de la humanidad. Y cada año resultan menores los filtros, ya todos tienen acceso a programas sin regulación en el cable. Basta quedarse un par de horas despierto para que menores de edad puedan ver estos escenarios de odio.
Y mientras tanto esas hermosas diferencias son negadas e invisibilizadas, diferencias que son como las del cuerpo humano, el cual posee distintos miembros y órganos que resultan necesarias para su funcionamiento.
Así es el mundo también. Lleno de diferencias necesarias no sólo para visualizar las distintas culturas y costumbres, porque son fundamentales para el enriquecimiento de la sabiduría, la economía, el arte, el deporte y la política. Cada uno de estos pueblos aporta a la humanidad.
No podemos negar que estas diferencias, habitando en simbiosis, nos enriquecen; nos hacen mejores. Y que al contrario rechazándolas con ese gesto terrible nos llevan al retroceso, a la derrota y al reproche como lo demostró la Alemania de Adolf Hitler, cuando en su ciego odio por lo diferente pretendió destruir a los judíos y exterminó a más de seis millones en los campos de concentración. Claro y eso lo hemos vivido acá cuando en 1932 el general Maximiliano Hernández Martínez hizo lo mismo con buena parte de los indígenas de Izalco. Penosa sombra de nuestra historia que no debemos olvidar y que se debe aprender de ella para no repetirla, en lugar de celebrarla como hacen algunos.
Porqué no podemos aprender de esos maravillosos años en España cuando musulmanes, judíos y cristianos vivieron en armonía y paz. ¿Es acaso tan dificil?

martes, 15 de octubre de 2013

Los pasillos del ajedrez

por Mauricio Vallejo Márquez

Mis tardes estuvieron llenas de ajedrez. Desde que aprendía a jugarlo no había día en que no me encontrara en una batalla en esos 64 escaques. Llevaba siempre en mi mochila un tablero de ajedrez y en cada lugar donde se pudiera jugaba, me encantaba enfrentar a las personas que mejor jugaran. La mayoría de muchachos en la colonia nos reuníamos bajo un laurel de la India y entre cuatro tableros nos dedicábamos a mover alfiles y torres. Organizábamos maratónicos campeonatos en los que el premio era sencillamente jugar ajedrez.
Desde pequeño sentía atracción por el deporte-ciencia. Mi papá había jugado y eso era ya un incentivo, pero el que más me incentivo fue cuando formé parte de la selección del Cristóbal Colón en 1997. Justo en los pasillos de dicho colegio me encontré un mediodía con Carlos Ríos. Ya me habían dicho que él era bueno para jugar, y yo quería probarme. Lo invité, él se mostró poco interesado, pero accedió. Esos pasillos del Cristóbal fueron el sitio para comenzar buenas partidas.
-Una defensa irregular -dijo
-¿Perdón? -pregunté
En aquella época desconocía el término irregular o de indias. Así que me sentía confundido. Tras la partida se me revelaron muchas cosas.
Me di cuenta de que existía diferencia entre aperturas y defensas y que estas a su vez se dividían en abiertas, semiabiertas, semicerradas y cerradas. Y como sabía que mi papá tenía libros de ajedrez comencé a indagar hasta que tuve acceso a ellos. Ríos en ese tiempo me había obsequiado el Sentido común en el Ajedrez, algo que resultó verdaderamente instructivo. Sumando las tardes en la Federación de Ajedrez llegué a moverme con Caro Khan y el Gambito Escocés con tanto gusto.
Esos pasillos del Cristóbal guardan muchas historias, incluso los entrenamientos que nos daba Carlos Álvarez y en los que compartimos también con Ricardo Ríos.
De esas tardes aprendí que en verdad la vida es como el ajedrez, porque es fundamental saber tener un plan para ganar, que se debe estudiar para sobrevivir y que la perseverancia logra estupendos resultados aunque la derrota parezca inminente.

domingo, 13 de octubre de 2013

Escribir

por Mauricio Vallejo Márquez


Otra vez heme aquí, escribiendo y diciendo, hablando. Como si nunca lo hubiera dejado de hacer, como si nunca más lo hiciera. Siendo libre de vivir y de conformar nombres, obras y palabras. Sólo observando y plasmando con gerundios una realidad indeterminada como el vino que surge de esas cuatro letras latinas que pretenden contener el vino como si fuera posible; aunque en realidad sea inexistente porque toda palabra dicha en la cotidianidad no existe, porque la palabra es ideal, pero ausente; efímera duda, un aliento. Mientras lo material permanece y su propia permanencia puede ser falsa o inclusa inmortal, como lo demuestran los museos y las reliquias, pero aún están. Son testimonio de cosas que existieron, pero ya no existen y su pasado quedó en lo efímero e inexistente, aunque no sucede lo mismo con la palabra escrita que tiene mayor duración a pesar de que muchas veces no es pronunciada. Y entonces qué nos queda, sino escribir para que la palabra permanezca, aunque llegue la muerte o el fin.

martes, 8 de octubre de 2013

Entrañable Ché

por Mauricio Vallejo Márquez

Mi abuela me trajo de Cuba una camiseta. Pero no era una cualquiera, tenía la imagen del Ché Guevara. Era blanca, el dibujo de líneas negras y la palabra “Ché” en rojo. Era un sueño de camiseta, me encantaba usarla. Así que el uso terminó desgastando mi querida prenda, pero no mi admiración para el inmortal argentino.
Unos cinco años atrás mi tío Tony me había obsequiado una biografía del Ché escrita por Pierre Kalfon que me instruyó mucho, porque en mi niñez miraba al Ché como aquel paladín de la justicia, tan inclaudicable como El Quijote, tan valeroso como Sigfried y tan noble y orgulloso como Tlahuicole. Pero había algo más, Como suele sucedere en estos enormes hombres como Salvador Allende y Hugo Chávez.
El Ché, Ernesto Guevara de la Serna no fue un hombre común, sino jamás hubiera trascendido su imagen ni se hubiera convertido en un ícono de la revolución, de la rebeldía, de la lucha. El Ché no era un tipo cualquiera. Tenía personalidad y corazón. Y eso no engaña a la gente, al contrario la anima a seguir y a cambiar.
El Ché es un ejemplo, su vida lo es. Todo ser humano comete errores, pero siempre debemos observar lo positivio, lo que nos instruye y nos ayude a crecer. En él existen varias características, comentaré solo algunas:
Se concidera un ciudadano del mundo. Nace en Argentina, pero se siente profundamente identificado con las luchas de Latinoamérica y es por eso que se embarca junto a Fidel Castro en la Revolución Cubana. Llega como médico, pero termina convirtiéndose en comandante.
Era un hombre de una sola pieza. Creía en sus ideales y los defendía, consideraba que pelear por las causas justas no era un juego o un simple momento de negociación. Era una lucha fuera con quien fuera. Nunca hubo un momento de repliegue, ni aún con sus propios camaradas.
Su presencia mediática era fantástica, algo que solo se logra gracias a su seguridad y a su desenfado.
El Ché era asmático, pero eso no lo detuvo para recorrer en moto nuestra América, ni para querer apoyar a Jacobo Arbens en Guatemala y mucho menos para sumarse en la lucha cubana. Tampoco para animar el Estado Cubano. Y mucho menos para aventurarse en El Congo y luego en Bolivia. Para el Ché no había muro que lo detuviera salvo la traición.
La traición es dolorosa, porque nunca viene del enemigo. La gente que traiciona es de confianza, personas cercanas a las que se les acepta y se estima. Guevara fue traicionado. Esa era la única forma de derribar a un gigante. Sin embargo, los asesinos de gigantes se les olvida que cuando matan a alguien como El Ché lo vuelven inmortal, imparable. Y en esa inmortalidad es imposible matar.

jueves, 3 de octubre de 2013

SEMINARIO TALLER DE ESCRITURA CREATIVA

SEMINARIO TALLER DE ESCRITURA CREATIVA 

Impartido por el escritor Mauricio Vallejo Márquez 
Contenido del Taller:
 •IMAGEN Y METÁFORA
 •TROPOLOGÍA 
•ELEGANCIA DEL LENGUAJE 

Autores a analizar
 • César Vallejo
 • Luis de Góngora 
• Luis Cardoza y Aragón 

A impartirse los días sábados: 
 12 de octubre de 2013 y 26 de octubre de 2013 
02 de noviembre de 2013 y 09 de noviembre de 2013 

Horario: 2:30 p.m. a 4:30 p.m. 

Lugar:
Asociación Cultural Islámica Shiíta de El Salvador Calle y Colonia Centroamérica N•122 
(+503) 2102-9317

Inversión $15 CUPO LIMITADO Último día de inscripción: Viernes 11 de octubre