jueves, 10 de abril de 2014

Experiencia y decisiones

por Mauricio Vallejo Márquez

Lo bueno de la experiencia es que uno decide como la toma. Si la aprovecha o la desperdicia. Así de sencillo, lo otro es seguir caminando.
Cuando me decían que era joven aún para escribir novelas no me la creí. Ahora que llevo 34 años al hombro me doy cuenta que fue la mejor verdad que se me presentó. Y he aprendido en serio. Sé que los caminos por alguna razón se van volviendo estrechos y de que hay veredas que terminan en el olvido; sé que otros se ensanchan y se van convirtiendo en inmensos caudales amazónicos. En fin, voy aprendiendo.
La juventud depende de cómo uno la tome. Uno quiere vivirla con desenfreno, con ese paso hermoso de la rebeldía, a veces sin sentido y otras razonable y contundente. Uno se tropieza, se quiebra los dientes o va quedándome unas buenas marcas para recordar. De esas tengo mis millas, que bien las canjeó un día. Sino total, seguiremos viendo si aprendemos.
El tiempo no pasa por gusto y las experiencias son compradas, como dice el buen Flavio. Uno va descubriendo que cada día el sol sale diferente, pero depende si aprendimos a observarlo.
Y al llegar el momento uno se pone de pie ante el precipicio y decide si sigue hacia abajo o lo bordea. Las dos opciones son un sólo camino, pero con distinto fin y eso se logra al valorar el futuro o lo que uno desea. Ninguna decisión es fácil ni a la ligera, en cambio la forma de seguir camino puede ser sin decisión ni rumbo.
Yo decido seguir caminando. Caminar. Caminar y seguir andando. Viendo que la vida pasa, sigue, se alza, se mueve, se coarta y nunca es la misma.
Cada gente es una historia, un cúmulo de experiencias que pueden llenarnos o vaciarnos. Ahora, cada día me entero que la mirada me cambia, que ya no veo los mismos colores y cada vez entiendo más la naturaleza humana. Por eso, hoy decido no juzgarla. Decido vivir

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