Lluvia nuestra

Cuando llueve siempre recuerdo las copiosas tormentas de mi niñez. Comienzo a hacer comparaciones con las otras lluvias que he conocido.
Creo que hasta la fecha mi lluvia preferida es la mañanera que me acompañaba cuando debía levantarme temprano para ir al colegio. Recuerdo esa sensación de frío que no me dejaba soltar las sábanas, y que me hubiera hecho quedarme en cama hasta que escampara.
La vida me dio oportunidad de encontrarme con la lluvia lisa y en firma de agujas de Tlaxcala. Cada mañana vi las lozas húmedas que me ayudaban a recordar mis lluvias. Después vi las lluvias de Taipei, que se volvía tierna y arrulladora en una ciudad que me probocaba tranquilidad.
Pero mi lluvia, nuestra lluvia salvadoreña aún me arrulla como una madre por las noches y guarda mis sueños.
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