Los nuevos mercados


Ir a los centros comerciales era de ley cuando era adolescente. No para comprar, porque el dinero era escaso o no necesitaba nada. La cosa era ir a perder mi tiempo por las tardes o durante las vacaciones y concer personas, hacer amigos y amigas..
Quizá me parecía divertido, seguro y no tenía nada más interesante para hacer. En esos lugares terminé siendo parte de una tienda en la que ayudaba a vender camisetas.
Pronto me fui haciendo parte de toda la fauna que los frecuentaba. Llegaban fresas a aparentar su vestuario de marca,  roqueros a intercambiar música, jóvenes a conocer a otros jóvenes, y sujetos como yo: a perder su tiempo.
Al final de cuentas no era tanto el tiempo perdido, siempre se aprende de todo si le damos la oportunidad y somos observadores. Me divertía estar ahí.
La gente visita los centros comerciales porque son su opción. Pueden caminar por horas sintiéndose segura. Sobre todo porque los mass media nos venden a nuestro país de forma desastrosa. Es cierto que existe violencia, pero no es para tanto.
Los centros comerciales son una especie de club donde la gente puede distraerse, descansar, reunirse, consumir. Esto último es lo delicado. La regla para comprar debe ser: lo necesito, puedo sacarle provecho y me gusta. El detalle es que a veces prima el me gusta y nuestro presupuesto puede descontrolarse.
A veces me he pasado el día completo en algún centro comercial. En algún café, escribiendo o leyendo.
Sigue pareciendo curioso que lugares como este se convierten en nuestros centros de socialización, como en su momento fue el centro del pueblo o los mercados.
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