sábado, 2 de agosto de 2008

recordando a la generación olvidada



Por Mauricio Vallejo Márquez

Una vez escuché decir a la poeta Nora Méndez que "ese es el eslabón que nos faltaba" al referirse a los poetas que murieron en la década de 1980, y la verdad es que sí. En principio a este conjunto de escritores salvadoreños nadie los conoce, en los libros de texto no aparecen y poco a poco van dejando de sonar en boca de los escritores que fueron testigos de las acciones y versos de estos héroes.

Por momentos parecería que existe un abismo en las letras salvadoreñas después de la Generación comprometida y el Grupo Piedra y Siglo. Algo que afecta a la generación de post guerra, pues apenas tienen algunos referentes y lo peor de todo es que muy vagos.

Quizá para diferenciar un poco a las vertientes de la generación los he dividido en dos partes, la primera en los escritores de inicios de la década de 1980 y la segunda 1986 y 1991.

El Salvador sobrevivió a una terrible guerra civil, una en la que la intelectualidad y el arte fueron victimas de la ignorancia y la opresión. Una época en la que ser poeta era ser enemigo del Estado. Sin embargo estos apelativos utilizados por los gobiernos en turno lo único que lograron es que los escritores y artistas integraran los grupos guerrilleros. Algunos en la parte ideológica, otros en logistica, en propaganda y por supuesto la mayoría de la segunda vertiente en la guerrilla.
El mayor en edad de los escritores de la generación olvidada es Jaime Suárez Quemain, quien es considerado un héroe de la libertad de expresión. lamentablemente sólo dejó dos libros terminados y un extenso material de artículos publicados en los períodicos de ese entonces. A éste le sigue José María Cuellar un poeta de enormes dimensiones y muy cercano al Partido Comunista, además de miembro del Grupo Piedra y Siglo. Su libro Crónicas de infancia es uno de los materiales poéticos más impresionantes de esos años. Los poetas Rigoberto Góngora y Nelson brizuela, ambos asesinados por defender sus ideas aún debe trabajarse en la recopilación de su material. El más joven de esta vertiente fue Mauricio Vallejo, poeta y cuentista, que tengo el honor de ser su descendiente; mi padre dejó una basta colección de escritos que sólo espera el patrocinio para su futura publicación. casi todos ellos pertenecieron al grupo La Cebolla Púrpura. Dentro de este grupo también se cuenta al titiritero Roberto Franco, quien realizó muchas piezas teatrales con su rana Aurora y fue miembro del Movimiento de Cultura Popular (MCP) junto a Vallejo.

La primera vez que se intentó dar un reconocimiento a estos escritores fue por medio de la revista Huella en 1999 por medio de la sección Recordandolos, así como también dentro de las páginas del Suplemento Cultural Tres Mil de Diario Co Latino coordinado por Otoniel Guevara.

La segunda vertiente es de los poetas que ingresan en la guerrilla y como grandes héroes de leyenda conjugan la pluma con el fusil, entre ellos: Lil Milagro Ramírez, Arquimidez Cruz, Alfonso Hernández, Amada Libertad, Amilcar Colocho, Paco Cutumay y otros. de este grupo el más conocido es Hernández, quien en años anteriores le dio nombre a un premio que realizaba ASTAC.

La Juventud en pro de las Artes Contemporáneaz (JAC) tiene como misión este año rescatar todas esas voces del olvido y junto a la contribución del Grupo Literario La fragua, Fundación metáfora, La Universidad Evangélica de El Salvador, café La Lumbre y café La Rayuela realizará una serie de homenajes para estos escritores que merecen salir del silencio. Además el JAC otorgará reconocimientos a las familias de estos artistas.

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