jueves, 15 de julio de 2010

El viento y la vida

Mauricio Vallejo Márquez
Jet Ly se encuentra plantando arroz en la película El Desafío, de pronto los demás trabajadores que están junto a él hacen una pausa, se quedan estáticos y con los ojos cerrados. Jet Ly ni siquiera pregunta, ni nada, continúa con su faena (la cual realiza mal, por cierto). El resto aguardan a que el viento termine de pasar. El viento acaba de acariciar los arrozales, el agua y a ellos, mientras el afanoso apenas se dio por aludido. Así somos nosotros. A veces no somos capaces de observar, de darnos cuenta de lo hermoso que existe a nuestro al rededor.
Ayer, en una de mis típicas caminatas, observé Istmania. La naturaleza rodeada de una maya ciclón, mientras a su alrededor la Escalón ha dejado poco espacio a la naturaleza. Dentro aún queda la herrumbre y algunas ruinas de lo que antes fue una hermosa casa, pero que ha dejado lugar a la esencia de la tierra, es como si los árboles se tomaron un espacio de la ciudad sin aviso y sin guerra, mientras que el resto de la capital devora con voracidad la poca vegetación que queda. Dentro el viento apenas arrulla las hojas de los árboles y su olor llega hasta mí y recuerdo esos viajes a los bosques que he tenido y me doy cuenta de lo hermoso que es el viento, que ha pesar de que hemos dejado esos espacios maravillosos llega hasta nosotros, donde quiera que estemos, al igual que Dios. En Génesis dice que el Señor sopló su espíritu en nosotros para darnos vida, así el viento nos recuerda como Dios aún nos sigue dando vida. Ahora, también yo hago una pausa para sentir como el viento acaricia mi rostro e infla mi camisa cuando pasa frente a mí.

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