Descubrimiento

por Mauricio Vallejo Márquez

Las calles se han abierto. La Calle Arce ha dejado ver sus entrañas, al menos su aceras nos muestran su pasado y su presente. Lejos queda en el recuerdo el recuento de comerciantes que acamparon en ellas y nos cedieron desde un disco pirata hasta el Nuevo Código de procedimientos mercantiles. Sin embargo la calle no deja su naturaleza y los vendedores siguen en ella, sólo que móviles o silentes, más sobrios en sus puestos: una manta, una franela y la mercancía. Pero el rumor, aquel que no dejaba escuchar el canto de los pájaros o el viento en las copas de los árboles se fue. Y conforme avanzo en esas aceras y me acerco a Maternidad veo como la vegetación ha regresado a estas banquetas que tenían años de no tener en ellas ramas y hojas. Quizá junto a la lluvia vuelvan también las aves que migraron y después las ardillas y así al fin podamos cohabitar el mundo y nosotros, la naturaleza y la sociedad y lograr la maravillosa simbiosis que nos dio Dios.
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