miércoles, 8 de octubre de 2008

la clave está en Rebeca


Por Mauricio Vallejo Márquez

Un espía Alemán entró en Egipto y cruzó el desierto, parecería improbable o una muestra de la rudeza nazi, pero se trata de un descendiente de alemanes criado como un beduino en su infancia en Asyur. Después de varios encuentros con militares y la suerte de no caer en sus manos el espía se llamado Wolff se dirigió al Cairo y logró enviar tanta información como pudo a los Alemanes, quienes no desaprovecharon nada y lo intentaron todo.

Si no hubiese existido en esas tierras el comandante inglés de apellido Vandam es seguro que en estos momentos el reducto de Hitler por medio de Rommel sería el Cairo. Pero en la historia que narra Ken Follet no es así, el espía fue atrapado a costa de varios incidentes y sacrificios.

Lo interesante, además de la trama, es el triunfo del bien sobre el mal, que para algunos es trillado. Las buenas costumbres sin imponen un tanto más. Los villanos resultan ser tipos depravados tanto moral como mentalmente.

Y lo grandes héroes son: una judía, un militar inglés y un niño de 12 años.

La judía no es ortodoxa, si no todo lo contrario una judía no practicante que incluso no ve con normalidad las brahas que su padre hace en la única ocasión en que se encuentra. La pobre Helene tiene tantos deseos de dejar el Cairo y partir a Jerusalén por lo que se pone a disposición de la inteligencia inglesa para servir como espía. Allí empieza su historia de amor con William Vandam.

Vandam es un inglés viudo, quien a pesar de lo duro de su empleo religiosamente le prepara y sirve el desayuno a su hijo Billy, quien es muy maduro a pesar de sus 12 años.

Estos tres personajes son víctimas de una u otra forma del terrible Wolff, quien termina preso.

La novela tiene un final fantástico, un tanto lejano de la realidad, pero muy simbólico: el desierto florece.

1 comentario:

chishi dijo...

No es un final tan alejado de la realidad. En la mayoria de los desiertos, si llueve, estos florecen inmediatamente.

Tiene que ver con la perseverancia de las especies, que aun en su contexto vegetal, pretenden esperar a que las condiciones esten dadas para su propagacion. Asi se tienen semillas enterradas esperando una gota de agua.

O los pueblos teniendo suenos de redencion y utopia.

Solo que en el caso de la semilla, el florecimiento es seguro, aun si tardio. A follet entonces, lo que tiene de inverosimil es la coincidencia del desenlace con el floreciemiento. Pero cosas mas raras han pasado debajo del sol.

Saludos,