sábado, 4 de octubre de 2008

Todo es vanidad, todos somos vanidad


Por Mauricio Vallejo Márquez

Cuando los años avanzan es más fácil reflexionar y darse cuenta que lo que dijo Salomón es cierto, porque lo comprendemos cuando lo vemos con los ojos en verdad abiertos, cuando unas sencillas palabras dicen: "Todo es vanidad", resulta verdadero porque vernos en el espejo no sólo para peinarnos o compararnos con alguien o creer ser los mejores en algo confirman la frase del rey sabio.

Sin duda la mayoría de luchas que tenemos en nuestras vidas no se dan por querer mejorar el mundo, ni por traer la paz, ni por salvar a nadie. Todo es por vanidad, las guerras son producto del enriquecimiento de algunos, del orgullo de otros, de la ignorancia de demasiados. Hasta la fecha no existe un sólo gobierno a nivel mundial que sea justo. Ni siquiera en un porcentaje mayor del 60%, si no me creen revisen las sentencias de muerte en algunos países llamados civilizados, enumeren los abortos, la intolerancia religiosa, la persecución y la burla hacia algunas etnias y razas humanas.

Una guerra no es así de sencilla, también ve envuelta la vanidad, así como en las letras y lamentablemente en todo el arte. Los libros, las profesiones, las apariencias y un sin fin de conceptos y actividades. Todo es vanidad porque no tiene sentido trascendental más que el momentáneo. La vida de los hombres apenas dura unos años y el mundo algún día también llegará a su fin y qué importó laurearse o tener millones o haber sido guapa o guapo en la juventud. De nada, sólo para el recuerdo y luego para los archivos y luego para el olvido.

La lucha en la vida es vanidad y lo triste es que no nos damos cuenta porque la vanidad nos ha cegado y nos guía como bueyes al matadero. Triste.

Eso no quiere decir que la vida la vivamos con resignación de planta: sólo naciendo, creciendo, reproduciendonos y muriendo. Dios no quiere eso de los humanos, quiere algo más, algo que no implica vanidad pero si voluntad y deseo. Dios quiere que lo sigamos, que lo amemos y que lo obedezcamos. Obedecer a Dios no es vanidad si se hace con el corazón. Agradar a Dios siguiendo sus mandamientos es una muestra del amor que le tenemos, si es que se lo tenemos.

En nuestros tiempos la vanidad es tan terrible que incluso aceptar la existencia de Dios es un reto a nuestra vanidad. Miles de veces me han cuestionado por creer en el Altísimo y algunos hasta me han tachado de ignorante. Para el necio creer en Dios es una tontería, para el sabio conocerle es un deleite.

Dios está esperando por nosotros, no abrirle la puerta sería un error lamentable. Nuestras almas dependen de ello.

No hay comentarios: