viernes, 8 de mayo de 2009

Porque el amor trasciende la muerte

por Mauricio Vallejo Márquez
Cuando mi mamá se enteró que en la marcha del 1 de mayo su esposo iba a estar presente no le importó el proceso preparatorio para su operación en el que estaba envuelta y se puso los zapatos más cómodos y salió a la calle.

"Unida a mi serás mujer. La montaña en sus huecos explotará mi rugido de jaguar hambriento. Recogeré tu aliento con mi lengua, beberé tu saliva dulce y tibia, y temblarán mis manos sobre tus caderas y tu pecho. Haré una pirámide, ahí sacrificaremos la pasión con un puñal de cristal, reventará en estrellas y pronto una almendra madurará en tus labios mientras se llena mi rostro de sangre. Suchipilli y xochit sonrién, te han rodeado de flores silvestres las orejas y han probocado mi apetito
Cosita linda que sos; si naciste chula, purita verdad mía. Cabés en mi, y estoy en ti justo a la medida. Y estuve y estaré, como la semilla ovalada en medio del zapote, hoja de Cuma en su cacha", poema de Mauricio Vallejo.

Seguramente recordó esos versos de mi padre cuando apenas eran unos jovencitos y se escribían cartas, buscando en cada esquina una estrella y la esperanza que esos años parecía lejana. Es seguro que agradeció en su corazón a Sebastián Vaquerano y a su esposa Sonia Pineda cuando a pesar de los riesgos protegieron a Mauricio Vallejo en Costa Rica y que gracias a esa valentía mi padre pudo vivir unos años más. sin lugar a dudas hay mucho que agradecerles y creo que siempre estaremos en deuda. Mi madre también debe de haber recordado los poemas que le escribió como "Engrasando motores", "Cosita linda que sos" y tantos más.
No dejó rodar lágrimas, pero es seguro que lloró en silencio en lo más profundo de su corazón sabiendo que si el odio y la intolerancia no hubiesen existido en esos años es seguro que hubieran envejecido juntos y conseguido la tribu que mi padre quería de hijos.

"Somos uno. O yo en ti o tu en mi. No se bambolea y las use, aunque las cosas no se lográn con la oración.
Cosita linda que sos, serás mujer unida a mí", poema de Mauricio Vallejo.



Sin importar el sol duro e hiriente esperó desde temprano a que llegara Otoniel Guevara y el resto de Metáfora con las camisetas. A media espera llegó Danny y Almita con una de las pancartas y sonrío ella al ver la imagen de aquel joven poeta que le hablaba suavemente al oído y sólo evocó el silencio. Cuando al fin llegó el muchacho encargado de hacer las prendas conmemorativas y vio la camiseta en que el rostro de mi padre medio le sonreía, de inmediato se hizo al lado y se ciñó la "azul".

Sin dudarlo el recuerdo y el amor le dieron ánimo y se tiró toda la marcha sosteniendo una de las pancartas en las que iba su esposo fallecido y como en los tiempos en que salía con la UNTS y otras organizaciones estuvo dispuesta a caminar correr y gritar "Hasta la victoria siempre" a su esposo y al resto de poetas mártires mencionados durante el recorrido.
Pocos días después fue hospitalizada y casi casi se reúne con su esposo el martes recién pasado, ya que el algesico que le inyectaron le causo una alergia generalizada, así que la operaron en vivo y a todo color. Ahora se recupera en su cama y aunque está débil se alegra de recordar que fue a marchar y pudo darle loas a Mauricio Vallejo, de quien enviudó cuando apenas tenía 21 años.
Sin importar lo duro que fueron todos esos años y el día impactante en que desaparecieron a una mujer de San Bartolomé Perulapía que tenía 21 años también y se llamaba Patricia Guadalupe Márquez, con la salvedad que su apellido materno era Cantor. Ella está segura que la buscaban, sin embargo la desgracia de esa otra Patricia le dio la oportunidad de vivir a mi mamá, una mujer con la fuerza del cedro, que a pesar de lo duro de los días y sus decenas de operaciones y enfermedades supo salir adelante en un mundo de hombres, en un mundo que le complica la vida a la gente.


Y al finalizar la marcha aún hacía eco en cada uno de nosotros aquel poema profético en el que mi padre le daba aliento sabiendo que iba a morir:

DE PROBADA Y CORRER O QUEDARSE
por Mauricio Vallejo
Antes que te digan otra cosa y veás en tu mente caer a Quetzalcoat y hundirse en el relámpago, recuerda que voy a morir. Estoy apuntado en la lista de la muerte y ella sabe hasta cuando pesaré.
Seré enterrado como quieran, sin confesión, sin cruz, parado, con pitos y tambores, y moriré amando la vida, a ti y a todos. Tomaré el color del barro y me iré caminando por las plantas hasta extenderme en la luz.
Bajá los párpados, mis dedos te miden y llevan yo hasta la oscuridad de tu vista. Ese es el lugar que me unirá a ti mientras vivas en la tierra. Carrizo de bambú que mantendrá el nudo del hilo que estiramos del agua y del fuego. No busqués mis fotos, ahí me llamarás.
Antes que te digan otra cosa, ya deberás tenerme muy dentro, a fondo en tu secreto y en la punta de la lengua. Oirás que ríe el duende, que se desliza el olor de la flor del amate y que adormece el La Fa Do de la flauta.
María, Chalchiuticueye y xochit te cubrirán de jade, mariposas y orquídeas, te entregarán húmeda y jugosa a mis labios como un arrayán. Entonces chispearán gotitas y harán el cielo, tu murmurarás no sé qué, cerrarás los ojos y pondrás los brazos en mi espalda. Yo habré llegado.
No me he desprendido de un altar de Matildito ni de un lirio de Tonaca, he caído a la vida porque sí, a encontrarte. Luego me voy.
Antes que te digan otra cosa, sabrás que de tu piel se levanta el sol y la noche, la espada y la flecha, los almanaques y el calendario, y que puedes dejarme cuando se te antoje, cuando el gallo aún cante, cuando las nubes aún no sean las plumas de águila, cuando te aburras o te equivoques, y no regreses pues ya habré llegado; y tu habrás ido a encontrar solución a tu misterio.
Sólo que no te engañes, yo soy éste, el que va a morir. Ni procer ni Dios, ni héroe ni martir. Ni el corazón del quetzal ni el pico del zenzontle. Ni el rayo de Tlaloc ni la onda que aja el humo del copal. Escuchá como se insolenta el tecolote, los perros aúllan y revolotean las papalotas. Antes que te digan otra cosa y veás en tu mente caer a Quetzalcoat y hundirse en el relámpago,
Recuerda que voy a morir.

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