lunes, 1 de abril de 2013

Atardeceres, nubes y Gosth riders in the sky

Por Mauricio Vallejo Márquez

Tengo mucho tiempo de no ver con atención el cielo. He olvidado que las nubes pueden ser cualquier cosa y que incluso pueden narrar una historia. Me he cansado de olvidar que sólo dirigir los ojos al horizonte es suficiente para no habitarme, para dejar ese paso absurdo de la cotidianidad.
En ese cielo que va cambiando de colores he dibujado sueños y he invertido tardes de mi niñez, además de alguna madrugada como aquella de Año Nuevo cuando Ángel Augusto Huezo tocaba su guitarra y mirábamos por la ventana el asomo del sol de año nuevo. ¿Cuántos años tenía entonces? No lo sé, quizá 16 ó 17. Sin embargo ese sol joven se ha disipado y únicamente recuerdo que esa noche compartimos soledades con música y esperas.
Por las tardes seguía teniendo esa cuestionada costumbre de subir a los techos para ver las nubes y sus caprichosas formas que eran bordadas por los vientos. Pocos compartieron conmigo esa afición, entre esos pocos estuvo Jaime Escobar y Edgar Nasser.
El cielo, al igual que el mar, me ha fascinado. Esa inmensidad celeste, cerúlea, cyan, gris, amarilla, naranja, roja, púrpura, azul-negra, negra. Una paleta única que dice mucho de sus tiempos al igual que esa inmensa gama de accesorios: estrellas, satélites y nubes.
Escuché más de alguna vez a Johnny Cash, no puedo negar que muchas de sus canciones me gustan. Hay una en particular que me encanta, Ghost riders in the sky. Me encanta la forma en que describe el posible delirio de un vaquero que observa el atardecer como el estruendo cabalgar de los jinetes fantasmas que arrean el ganado de pezuñas de hierro y ojos de fuego. Me encanta el ritmo, las imágenes. Tanto que cuando me reencuentro con esta maravillosa tonada del “hombre de negro” urjo de escucharla muchas veces.
Las imágenes que estos vaqueros desentrañan en el firmamento me recuerdan la preciada mitología griega y si no es la divinización de los elementos, al menos es darle la idea de que cada movimiento de la naturaleza, y en especial el cenit, es una persona o un animal que ejerce la acción.
Ese movimiento de nubes me contó mis primeras historias, cuando era niño. Ahora el cielo sigue diciendo cosas, contando historias, mostrando instantes. Que grave error he tenido al dejar de verlo y que espero enmendar a partir de hoy.

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