viernes, 17 de julio de 2009

Con el sol en contra

Por Mauricio Vallejo Márquez
Iba en el vehículo del Matutino rumbo a Oriente, cuando el cielo comenzó a aclararse. Mientras avanzaba por la carretera el sol dominaba, cada vez más, el firmamento. No era la primera vez que yo veía un amanecer, pero sí era la primera ocasión en que me dirigía al Este mientras el sol iba en sentido contrario.
Mientras la calle se apreciaba más, el sol permitía que apreciara mejor la vegetación que estaba alrededor de la carretera y entre todo ese verdor las láminas o el bajareque de algunas casas que apenas se apreciaban entre los cultivos y los árboles. Era difícil ver el camino, el sol hería nuestros ojos, pero igual avanzábamos.
Casi todos los viernes viajaba a los departamentos orientales, con el objetivo de escribir artículos, crónicas o reportajes de dichos viajes. A veces (la mayoría) llevaba un tema planificado, otras: alguna asignación. Aunque aprovechaba la visita para conocer más de una historia que fuera interesante para mis lectores, siempre me encontraba con potenciales historias literarias que apreciarán más adelante, pero no en este escrito. Gracias a esos viajes conocí muchos lugares y tanta gente que me enriquecieron como ser humano. Comprobé que El Salvador es mucho más que la ciudad de San Salvador y sus alrededores (también hermosos), también aprendí las diversas costumbres de los lugareños e incluso la forma de hablar (para no parecerles raro). Me enteré que existían los indios kakawuiros, que había varias lagunas, que teníamos un sitio Ramsar y que las playas podían ser solitarias y tan bellas como los calendarios de la riviera francesa por la madrugada o de las playas mediterráneas. Vi volar a las garzas, correr al correcaminos, navegar en canoa y en lancha, caminar sobre una marisma y sorprender a personas en posturas comprometidas. Vi escenarios y escenas maravillosas, pero también conocí muchas tristes. Supe que la gente vivía en una pobreza que jamás dimensioné (y eso que ya había visto pobres), estaba lejana de las necesidades consideradas básicas para los capitalinos. Fue en esos días en los que me percaté de que en la sencillez también se encuentra la complejidad. En fin, tanto que con unas líneas no basta para decirlo y extenderme mucho sería innecesario si aplicamos la teoría del minimalismo y damos por cierto de que al menos deberían escribirse mil páginas sobre ello. Sin embargo ese amanecer me mostró que caminar con rumbo al lugar donde nace el sol logró darme un poco más de luz, aunque avanzara con el sol en contra.

Fotografía: Cross Blanco.

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