martes, 1 de diciembre de 2009

Cuando Dios responde

Por MVM
A veces el mundo y todo lo que rodea nuestras vidas ( dinero, lujos, vanidades, quejas, pecado) no nos permiten escuchar a Dios. Eso me sucedió a mí, pasé separado de Dios un buen tiempo, aunque siendo correcto al usar las palabras debería decir un "mal" tiempo, porque estar distante de Él no trae nada bueno, más a nosotros que lo conocemos. Y me distancié precisamente porque el mundo me caló hondo y por eso abandoné mi rutina de oración y mi lectura diaria de las Sagradas Escrituras; pero llegado el tiempo Dios no se olvidó de mí y esperó, con paciencia y misericordia, aguardó a que yo decidiera volver a su redil y otra vez conocer su palabra. Así como aguardó por el hijo pródigo, así como aguarda a los que desean volver a su regazo.
Algunos afirman que Dios no habla, otros dirían:"yo hablé con Él esta mañana". Yo no he escuchado la voz de Dios, pero sí sé cómo responde: por medio de la Biblia, entre otras formas. Al leerla regresé a la fe, como dice Pablo y al escudriñarla de nuevo mi fe se fortaleció, volví a congregarme y aprendo nuevamente de Él y de su amor. Ahora no me importa que tan dura sea la marea o que tan fuerte sea el viento del desierto, porque tengo la seguridad de mi salvación y su promesa: "estaré con vosotros siempre", y así cualquier cosa es fácil y mi corazón está lleno de alegría porque mi Padre Eterno no me deja.
No es sencillo reaprender lo correcto, sobre todo cuando estuvimos equivocados tanto tiempo. Siempre supe de Su existencia, pero mi fe en que Él es mi Ayudador, mi Proveedor, mi Paz, mi Salvador, mi Sanador flaqueó tanto que mi oración fue en cuarto menguante hasta que la noche inundó mi vida. Quise buscarlo en la tradición de mi ascendencia y en lugar de encontrarlo, lo perdí. Dios no está en la religión, sino en una relación, en una forma de vivir, de vivir para Él y por Él. Mañana tengo treinta años, justo la edad que los cohanim (sacerdotes) iniciaban su servicio en el Templo, misma edad en la que Jesús inició su ministerio y eso me da mucho en que pensar, precisamente lo mismo que con tanta preocupación he pensado en los últimos años. No podemos jugar a que somos inmortales y que no existe un juicio. Dios es real y no podemos obviarlo de nuestra vida.
Ahora iniciamos el camino, esperando que el Señor aumente nuestra fe y nos lleve por su sendero hasta lograr lo que Él desea de nosotros. Mientras, darle gracias porque cuando Dios responde, su fuerza y todo su poder nos inunda, aunque seamos débiles, aunque todo parezca contrario. ¡Gloria a Dios! Maran Atah

1 comentario:

Clecilene Carvalho dijo...

Deus está em tudo, basta olharmos ao nosso redor para reconhecermos que existe um ser superior/divino responsavel por tantas maravilhas!
Que Deus esteja com todos nós.

Gostei muito do texto, parabéns!