Política sin intelectuales


por Mauricio Vallejo Márquez

El Salvador al igual que muchos países del mundo no tiene intelectuales entre sus partidos políticos. Al parecer la intelectualidad cree cada vez menos en los procesos electorales y en las soluciones que pueden brindar los partidos políticos. Es una pena.

Y es más lamentable observar a los partidos políticos mantenerse a flota con promesas en tiempos de elecciones que luego le so son difíciles o imposibles de cumplir como la erradicación de la pobreza o el decir que las cosas solo mejorarán al quitar del camino a los contrarios de sus ideas.

No existe en El Salvador intelectuales de la talla de Anthony Gidens, Marta Harnecker e incluso de Roque Dalton, entre otros. Ya no se diga un estadista que conjugue su participación en los gobiernos con un pensamiento propio como Abraham Lincol, Benedetto Croce, Benjamín Disraelí, Mao Tse tzung, León Trotsky y Fidel Castro; y mucho menos percibimos la pureza o la capacidad de razonar de autores como Schopenauer, Marx, Kant y Nietszche entre sus filas. Aunque no podemos negar que tenemos en nuestras bibliotecas a un pensador digno de respeto llamado Alberto Masferrer (QEPD) que tiene entre sus obras el Mínimum Vital.

¿Será que la sociedad de consumo no permite que se desarrollen los intelectuales en la actualidad? No lo creo, si bien es cierto que la sociedad influye, los intelectuales surgen más por razones voluntarias, por decidir estudiar, leer, analizar y expresarse. El intelectual no se conforma con lo que ve y le dicen, investiga y además comparte. Muchos prefieren dejar ese pensamiento en el anonimato e incluso en el silencio por temor a perder la vida o a ser considerados locos e incluso inadaptados. Sin embargo, si no se rompe el silencio será difícil tener un pensamiento propio, uno que encaje con nuestra sociedad y busque mejorarla.

El intelectual no sólo es alguien relativo al entendimiento, sino a la inteligencia por su facultad de conocer y de comprender. Algo que es necesario en nuestros días.

Nuestras sociedades urgen de más intelectuales. Mientras no existan, será una misión imposible mejorar las cosas.

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