Abner y Munich


por Mauricio Vallejo Márquez
El mundo enteró puso sus ojos en Alemania en 1972. Las Olimpiadas se celebraban en Munich y delegaciones de todo el mundo hacían lo propio en cada una de las modalidades deportivas hasta que un grupo armado en pro de la Liberación de Palestina secuestró a 11 atletas israelíes que posteriormente fueron asesinados.
Steven Spielberg, un judío ashkenazi quien se ha especializado en tratar este tipo de temas acerca del maltrato a judíos en los países occidentales con su filme La lista de Schidler, dirigió el film llamado Munich que narra los hechos de ese fatídico hecho, así como la historia de Abner un ex miembro del Mozad que es enviado a tomar venganza de dicha matanza. Abner está a cargo de un grupo de especialistas que buscan por Europa a los lideres de la organización palestina y utilizando diferentes métodos asesinan a cada uno de los que van encontrando con la ayuda de Louis, un comerciante de información, que le asegura la información mientras no sea miembro de alguna nación.
Durante la película vemos el nacionalismo israelí como una cuestión más laica que religiosa, pues la venganza es del Señor, sin embargo dentro de la película es la razón de ser. Olvidando que durante media película son obviados varios mandamientos: no matar, no decir falso testimonio, etc.. Es decir que la religión es pasada por alto.
Lo curioso es el personaje de Abner, pues este se muestra obediente a los mandos militares que Golda Meir dejó a cargo de la operación, pero al llegar el shabath se apagan las luces del lugar donde están viviendo y le muestra fidelidad a su esposa en una ocasión que la tentación acabo con la vida de uno de los miembros del equipo.
Llega un momento en que el experto en bombas no quiere seguir adelante pues sabe que como judío está lejos de la Instrucción al acabar con la vida de palestinos y le dice: “No puedo seguir. No está bien lo que hacemos. Puedo perder mi alma y es lo más valioso que tengo. Somos judíos y se supone que eso es hermoso”, lamentablemente al hacer esa reflexión poco después es asesinado.
El cambio
Abner abandona la misión cuando una paranoia lo empieza a atacar y no puede dormir ni siquiera en los armarios de los hoteles o las casa que alquilan, pues tiene el constante temor de que bajo su colchón esté instalada una bomba de presión. Claro que además ha visto morir a casi todos sus compañeros, salvo uno que asegura que Abner es el mejor jefe que ha tenido en su vida. Y tras un duro interrogatorio de parte de la inteligencia israelí decide abandonar Israel y Europa y vivir como un judío ashkenazi en New York donde ya viven su esposa e hija.
Un día lo visita el nexo que tenía con el gobierno israelí, quien desea hacerlo regresar a Israel, pero se encuentra con un Abner diferente, que le asegura que tomar venganza de las provocaciones palestinas está mal. Que si le matan uno, estos matan tres o más manteniendo el círculo vicioso sin lograr frenarlo jamás. Entonces el nexo le dice:” “porque cortarnos las uñas si seguirán creciendo”. Abner queda en silencio, como quedamos muchos ante esto que el mundo cree racional: devolver mal por mal, lejano a lo que nos enseña Cristo.
La película es fuerte, contiene mucha sangre, pero dejando de lado las escenas no aptas para niños nos da un gran mensaje que cada uno de nosotros debemos tomar para nosotros y para el mundo. La violencia sólo nos lleva a más violencia.
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