martes, 17 de junio de 2008

El paso de las horas



Por Mauricio Vallejo Márquez


Mis amigos, con los que oramos

por caminos dispersos y extraños,

desde la hierba hasta Dios

se han lanzado al vacío
y no han vuelto,

y jamás regresaron.

Los altares gigantescos vestidos de monte

van bajando su estatura,

aquellas ancianas de bravío talante

se han puesto a navegar bajo tierra.

Los relojes llenos de su inmortal tictac verdugo,

llamados en las líneas de las manos
se han lanzado al vacío
y no han vuelto,

y jamás regresaron.

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