jueves, 26 de junio de 2008

Todo apellido tiene tradición


Por Mauricio Vallejo Márquez

Cuando era adolescente la gente confundía mi apellido paterno con otros apellidos como Callejas, Gallegos e incluso Sevallos. Y si no lo confundían le agregaban siempre una "s". En raras ocasiones en vez de escribirlo con la tradicional "v" lo hacían con una "b" y en ves de la "ll" le ponían una "y". Era todo un lío, pero con el tiempo la gente se ha acostumbrado a él y es raro que lo confundan, aunque siempre hay más de alguno.

Según el diccionario castellano, la palabra vallejo es sinónimo de un valle pequeño, sin embargo curiosamente esa misma palabra es pronunciada textualmente en hebreo y significa: "fuiste hecho". Sabiendo que es un apellido sefardita no nos sorprende que se de esta similitud, es más la seguridad de que los viejos ascendientes judeo-españoles realizaron esa metamorfosis para salvar sus vidas de la hoguera, así como con el tiempo se fueron convirtiendo al catolicismo y perdiendo la tradición o mejor dicho dejándola para la historia y las anécdotas.

Mi otro apellido, el materno, es Márquez que no se debe confundir con marqués. Este apellido significa hijo de Marcos y según los listados de la Inquisición también tiene la misma categoría de Vallejo, Carbajal, Pérez, López, Martínez, Hernández, Montoya, etc.

Un día el poeta español Hugo Izarra me dijo que tenía una carga y responsabilidad grande al tener esos apellidos y la verdad es que sí, es así.

En el caso de Vallejo existen nombres de la talla del poeta César vallejo, el costumbrista José Joaquín Vallejo, el escritor Juan Antonio Vallejo Nágera, el pintor Boris Vallejo, el novelista Fernando Vallejo, el dramaturgo Antonio Buero Vallejo, la cuentista Teresita Gómez-Vallejo.

En el caso de mi apellido materno está el novelista Gabriel García Márquez, el poeta José Arnoldo Márquez, el escritor Juan Márquez y el cuentista Antonio Márquez Salas.

Sin embargo el mayor reto es con mi homónimo: Mauricio Vallejo. Nombre y crédito que compartiré por toda la vida con mi padre, aunque él se llamó Edgar Mauricio Vallejo Marroquín y yo en cambio Mauricio Antonio Vallejo Márquez. La gente nos confunde siempre porque nos presentan de la misma forma: Mauricio Vallejo. Por esa razón le agregué mi segundo apellido a mi firma para que no exista ocasión de equivoco entre mi difunto padre y yo, además de darle honor a mi madre. Por esa razón rompí la tradición de la familia,esa de ponerle el nombre del padre a su primogénito, porque sino que vida y confusiones le hubiera tocado a mi pequeño Santiago al llamarse también Mauricio.

2 comentarios:

Hugo Izarra dijo...

Por motivos bastante parecidos yo siempre firmo con mis dos apellidos y mi nombre.

Un abrazo, Mau.

Mauricio Vallejo Márquez dijo...

Tenés toda la razón, realmente es lo que nos queda, en lugar del seudónimo. Saludos mi estimado poeta Izarra