domingo, 3 de febrero de 2008

Una lección de economía


Por Mauricio Vallejo Márquez

La tradición es algo común en mi familia, tanto como el cielo y el aire. Vengo de dos abuelos y dos abuelas. Una vertiente llena de historia religiosa y de secretos, la cual no mencionaré; otra inmensa de honradez y de pulcritud al punto de la exageración y el orgullo; pero la de historia más curiosa está en la sangre Motto que corre por mis venas. Mi tatarabuela Juana era una mujer fuera de serie. Una de esas mujeres que merecen ser recordadas por sus enseñanzas, por su vida y por su frugalidad. Ahorró toda su vida, convirtió una pequeña loma de talpetate (tierra muy sólida de El Salvador) en un fértil lugar de cultivos diversos. Con un simple cuchillo escarbaba pequeños agujeros que después eran rellenados con desperdicios órganicos. La visión de Mamá Juana era que la loma proveyera todas las necesidades de sus descendientes. Poco a poco el terreno fue cediendo al punto de que cuando yo era niño jamás imaginé que estaba parado en una árida loma porque estaba repleto de plantas, su gran mayoría frutales y quizá el único que no era frutal era un árbolito de algodón (el primero y único que he visto). Habían tomateras, güisquiles, guineos, platanos, aguacates, mangos, zapotes, paternas, granados, limoneros, naranjos, mandarinos, lorocos. Y una florifundía. También había hierbas: ruda, acapate, yerba buena... Hijolé hasta savila o aloe y el infaltable henequen. Yo no conocía a mi mamá Juana, murió años antes que yo naciera, pero mi abuela me ha contado tanto de ella que mi hijo y los hijos de mis hijos dudo que la olviden. Una de tantas historias es que mi tía Con tenía un periquito que cantaba y era una chulada. Un día el pobre pajarito se le calló en un huacal lleno de agua. A la mañana se dieron cuenta. Mi mamá Juana entonces ordenó que se hirviera agua y que se desplumara al animalito, porque ese día ya estaba decidido que se almorzaría arroz aguado con perico. Mi tía Con casi lo trago en llantos. Cuando mi tatarabuela estaba a punto de morir llamó a su única hija y le dijo: "tengo 75 mil colones, usa lo que necesites para mi velorio, que se hagan las misas necesarias y que se le dé de hartar a todos los del pueblo y el resto ya sabes". Su vástaga obedeció al dedillo.

Tradición
Mi mamá Julia, mi bisabuela, heredó la tradición de ser como el río, sin importar todos los diques que encontrará en su vida siempre lograba abrirse paso y sino, formaba su propio camino. Así era esta bisabuela que tomó desiciones tan fuertes, que en un principio sus hijas se las reclamaron, pero al pasar 50 años se dieron cuenta que no había nada mejor que lo que ella hizo. Una mujer sola con tres hijas que escogieron la profesión de maestras y educaron a su descendencia inculcando la frugalidad, la honradez y el esfuerzo. Mi mamá Julia llegaba seguido a nuestra casa en San Salvador. Ella viajaba desde San Pedro Perulapán en Cuscatlán, donde estaba la increíble loma de talpetate. Era una mujer de un humor agradable, era simpatiquísima, siempre estaba feliz. Era una mujer tan ocurrente, con frases tan sacadas de cualquier libro de filosofía que sorprendían porque ella era una mujer sin estudios. El recuerdo visual más grande que tengo de ella es cuando preparaba las flores de izote. Despenicaba la flor con una gran maestría y sin desperdiciar nada. Todo, todo se comía.
Bueno, mi abuela, Josefina, también hizo lo mismo. Nos enseñó el valor de usar sólo lo necesario, pero sin dejar de andar presentables, dandonos gustitos de vez en cuando. La necedidad de ahorrar para una emergencia o para la vejez (como hizo ella). Logró muchas cosas, quizá no todo lo que quizo, pero logró armar su castillo, amar a sus hijos y nietos. Conocer a su bisnieto y escribir en messenger con cualquier persona del mundo, y con el mayor de los estoicismos seguir ahorrando hasta que no se pueda ahorrar. Teniendo sólo el gasto necesario, cualquier compra de más sería un lujo o un insulto a los pobres. Algunos le llamarán a esto tacañería, para otros sería más practico llamarle frugalidad; pero para ser exactos yo le diría a eso ser práctico con la economía.

3 comentarios:

FaFa dijo...

Buenísima historia mi estimado.

arrecife-lya dijo...

Pues... no sé creo que intervendré en que está historia sea una lección de "frugalidad" para Tiago, y se quedé en lo que es: una historia, digamos que chusca...

Otto Meza dijo...

Un reconocido personaje de la historia (no diré su nombre para que gasten su apetito de conocimiento o al menos algo de tiempo en la web ) dijo que "no se puede enriquecer al pobre empobreciendo al rico".

Pobre idiota. Comparto tu comentario de no insultar al pobre con esos gastos extras
(los "padres" de la patria deberían leer unas cuantas anécdotas de tu ascendencia).
Otto