lunes, 7 de abril de 2008

Ahora sólo existe el antihombre


Por Mauricio Vallejo Márquez

¿El hombre ha muerto? Esa es una pregunta que me hago desde hace algunos años, pues los sucesos que veo a mí alrededor me han hecho reflexionar. Sencillos actos como brindarle el asiento del autobús a un anciano o a una mujer embarazada parecen disiparse, así como la alegría ante triunfos ajenos y otros muchos. Sin embargo, siempre existen algunas personas que mantienen vivos esos pequeños valores, pero no son ellos los que preocupan sino los antihombres que van tomando el lugar de los hombres. Debemos tener claro que el hombre es un ser vivo y que se diferencia de las demás especies por características, tales como: postura erguida sobre sus miembros inferiores, manos prensibles, inteligencia y capacidad de hablar. Estas señales no son suficientes para definir el concepto de hombre. En la especie humana se impone la existencia de valores morales que ayudan a dirigir su vida rumbo a un destino de feliz convivencia social.
El hombre ha evolucionado. Lo descubrimos mediante el conocimiento de su historia. Siempre conserva algunos valores, pero poco a poco éstos han ido cambiando.
El salvadoreño de la conquista española tenía valores muy diferentes a los que fue adquiriendo a través de los momentos posteriores a la invasión. El hombre que encontraron los españoles era respetuoso con la naturaleza, colaborador, pacífico, laborioso y tranquilo. Pero la conquista lo transformó y lo volvió desconfiado, no sólo de sus semejantes, sino también de las instituciones y organizaciones. De la conquista pasando por la independencia centroamericana (15 de septiembre de 1821) hasta el momento actual, la transformación es gigantesca. Ahora existe poco respeto al medioambiente y a los demás seres humanos.
El último acontecimiento que tiene similar importancia histórica al de la conquista y la independencia es la firma de los Acuerdos de Paz (1 de enero de 1992). El tiempo de guerra modificó el pensamiento de muchas personas. La transición de la guerra civil (1978-1992), en donde la competencia se volvió desleal y el odio se convirtió en un acto rutinario, hasta estos años de postguerra muestran a jóvenes que crecieron en hogares desintegrados, huérfanos, sin aprender por herencia de sus antecesores los valores que dignifican al hombre. Las ideas políticas fortalecieron la desconfianza. Los salvadoreños se volvieron incrédulos de su propia realidad.
Ahora bien, las ideas políticas sólo han contribuido en una parte; la otra parte, ha sido fruto de la globalización, del capitalismo, cuya consecuencia es la lucha por el dinero y por ende la competencia por los mejores puestos de trabajo. Todo esto ha contribuido a la eliminación de valores, para crear otros que buscan la destrucción del hombre, de aquel que respetaba a su prójimo, que lo alentaba, que lo ayudaba.
Un tipo diferentes de hombre ha tomado su lugar, el “antihombre”; con características morales contrarias y con metas diferentes. Este Antihombre ha venido a borrar la concepción del hombre bueno y justo, que iba en su evolución hacia un mejor destino. El antihombre es el mismo creador y patrocinador directo de la delincuencia, las maras y la desidia.
El antihombre ejerce la nueva visión mundial: arrasar para sobrevivir, la importancia individual y nunca la colectiva. El Antihombre es el culpable de haber asesinado al hombre, del cual sus valores se han convertido en recuerdos. No dejemos morir eso que aún tenemos del viejo hombre.


Publicado en Diario Co Latino en el 2007

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