jueves, 31 de enero de 2008

Ser Padre


Por Mauricio Vallejo Márquez
Nadie puede arrebatarte una sonrisa como tu hijo. A pesar de que tengas una cara de piedra y todo se vislumbre negro muy negro. Mientras tu pequeñín te exige jugar o cualquier otra cosa, el mundo y sus problemas pueden esperar. Cuando he pasado todo un día con mi hijo, Santiago, lo disfruto. A veces quisiera darle más, pero nuestros dorados tiempos no lo permiten. Sin embargo, siendo el único motivo de amor y de felicidad sobria y honesta, hay que darle más, merece más.
Mi hijo nació el viernes 26 de noviembre de 2004. La noche anterior sospechábamos que no iba a pasar del mediodía y así fue a las 9:00 de la mañana mi hijo ya había dado su primer grito. Nació rosado y era un paquetito junto a su madre. Estaba angustiado en busca de la chiche que apenas le salían gotas de calostro. Yo me quedé toda la noche en el hospital, hasta que supe que Lya y mi hijo estaban bien. Y como en el hospital no me permitían quedarme más tiempo tuve que salir por unas horas a la casa para darme un baño y dormir unas horas. Estaba nervioso y un poco ansioso por llevarlos. Me atravesé en medio de la calle y casi dejo huerfano de padre a mi recién nacido.
Mientras los llevaba a la casa no imaginé que la vida puede cambiar tanto. A pocas horas de llegar empezaron a llover llamadas de la familia. De parte de los Vallejo era el primer bisnieto y el único varón de la familia después de mí (sólo tengo primas), así que todos hicieron el arresto y llegaron a ver al pequeño Santiago que ni se enteraba de todo eso. Mi tío Yomar le tomó su primera foto (yo le tomé algunas con el celular de Pablo, pero se lo robaron, así que no cuentan), que aún se muestra sobre mi librera en la casa de mi don Inmer.

En ese raro caminar supe que mi abuela materna se metió casi a la fuerza al hospital para ver a su primer bisnieto. Burló toda la seguridad que de por sí no es fácil de burlar y acompañada de una mujer policía entró. !Qué gesto de amor! No estuvo satisfecha hasta que lo chineo y beso. Aún hoy dice que está feliz de haber conocido al último de sus descendientes -mi abuela, perte de la selección natural- Mi madre era una loquita también queriendo verlo y con su cariño demostrado a su manera ha estado pendiente cuando se enferma, con el colegio y con lo que puede. Así como el espaldarazo que me da ahora.
Ahora que mi hijo tiene tres años y habla hasta de más, apenas sé que empiezo a saborear lo hermoso de ser padre. Viendolo crecer y sentir cuando me abraza y me dice: "te extraño papá, te quiero". Suspiro y sé que no importa lo que pase no podré nunca dejar de amarlo, así como mi madre y abuela nunca dejarán de amarme.
Mi papá, a pesar de haber estado conmigo un año, a lo más, quedó bien marcado en mí, tanto que apenas lo imagino como abuelo a sus 23 eternos años. Lo conozco porque me han contado de él, cosas buenas y no tan buenas, pero muy pocas malas eso sí. Lo conozco más por mi mamá, mi abuela y sus amigos (los que aún están vivos). Y sé que soy medio desprendido de las cosas y todo. Tan distraido que más de alguna vez he perdido la cabeza y la vida. Pero a pesar de eso agarro escuela, sobre todo del “Muchacho Vallejo”, mi papá, del que tanto me habían contado que me amaba mucho y que lo demostraba cantándome con su guitarra, escribiéndome poemas y chineandome por toda la Morán y la Santa Clara. Mi padre me escribió muchos poemas, algunos de leerlos se me salen a borbotones las pringas, otros me endulzan el poco hinchado ego de estos días. En el homenaje que le hicimos a mi papá en los Tacos de Paco el pasado miércoles 30 de enero desfrutamos mucho leyendo sus poemas. Todo el homenaje tuvo la fortuna de ser grabado por LMVP de Rafael Monge quien estuvo presente y alentando a mi padre. Los poetas Efraín Rivera y Alberto López leyeron los versos de mi papá hasta saciarse y pedir para llevar alguno de sus poemarios. Efraín : Cosita linda que sos; y Aberto López: Engrasando motores. Curiosamente son los dos que más me mencionan, igual que a mi mamá.
Por años sentí que no tuve padre, pero no fue así, él siempre estuvo allí en silencio y aguardando el día en que lo leyera y gracias a que leo sus escritos y me siento cerca de él, me doy cuenta que la Biblia es así, la única diferencia es que es la palabra del Dios Vivo. En el caso de mi padre aprecio que la palabra realmente es viva y es eterna porque lo que sintió y pensó allí está y allí se queda, así como el amor que le tengo yo a Santiago y que tal vez no lo afloro como debería, pero que está. Total así nos amamos en la familia, como la palabra, parece silenciosa, pero dice mucho. El amor no sólo se demuestra con caricias o con dinero, el amor se siente y es inmortal cuando existe, sin importar los golpes, el dolor, la pobreza. El amor no muere y si muere es porque no fue amor. Por eso, como no voy a amar mi hijo si él ya nació con esa herencia.

1 comentario:

FaFa dijo...

Wey, me has ablandado el corazón, el alma y la conciencia. Respectivas dos lágrimas al leerte. Ya vas a ver que esta sequía va a acabar un día de estos, no hay que ahuevarse. Hay que escribir más.

Saludos.